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¿El traslado de líderes magisteriales no fue parte del acuerdo con Segob?

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Rubén-Núñez-y-Francisco-Villalobos

+ Gobierno y la CNTE, dispuestos a “legalizar” cualquier acuerdo político


La CNTE denuncia —con razón— que sus dirigentes encarcelados son “presos políticos”. Sólo que con esa misma claridad y denuedo debería también reconocer que la decisión de trasladar a cuatro de esos dirigentes, a un reclusorio en territorio oaxaqueño, es también consecuencia de un acuerdo político tomado con la Secretaría de Gobernación. En este país en el que las decisiones políticas son legalizadas a través de formalismos, y nadie se sorprende de ello, esto no debería ser un asunto de poses sino de la demostración de cómo grupos de presión —como la Coordinadora— pueden conseguir negociaciones efectivas.

En efecto, en las primeras horas del martes 12 de julio —horas después de que se llevara a cabo el tercer encuentro entre la CNTE y Gobernación—, se anunció que el líder de la Sección 22, Rubén Núñez, había sido trasladado junto con Francisco Villalobos, Aciel Sibaja y Heriberto Margariño al penal de Miahuatlán, Oaxaca durante la madrugada.

Tal información fue confirmada por el abogado Hugo Paz a un medio de la capital del país, y de inmediato se especuló que éste había sido uno de los acuerdos políticos tomados para facilitar la distensión del conflicto, a pesar de que el traslado de los dirigentes magisteriales detenidos no aparecía en la lista de acuerdos alcanzados entre Gobernación y los representantes de la Coordinadora que acudieron a la mesa de trabajo.

Ayer miércoles, a pesar de la coincidencia en tiempo y circunstancias, la Coordinadora intentó aclarar el punto asegurando que el traslado de los cuatro dirigentes no era parte de los acuerdos con Gobernación, sino que más bien era un logro de la defensa de los procesados. Edith Santibáñez, integrante del equipo Jurídico de Sección 22, aseguró que el traslado de cuatro líderes magisteriales fue un acuerdo judicial  y “no un favor” ni “rotación” de las autoridades, aunque no descartó que la comisión negociadora haya puesto el asunto sobre la mesa de diálogo.

“Teníamos no nada más un acuerdo, teníamos hasta tres acuerdos de traslados emitidos por los jueces, sin embargo las autoridades hacían caso omiso. Hasta el día lunes que se le emplazó al juez segundo de lo penal de Oaxaca, el tenía que darle vista al agente del Ministerio Público en cumplimiento de su mandato judicial”, explicó Santibáñez. ¿De verdad podemos quedarnos con esta versión?

DECISIONES POLÍTICAS

Pues es claro —porque en estos asuntos las casualidades nunca son tal— que esta fue una más de las decisiones políticas a las que luego buscan darle forma jurídica para legalizarlas y —es un decir— “legitimarlas”. La mejor prueba de ello es la propia detención de todos los dirigentes de la Sección 22 y la Coordinadora, que fue un acto político revestido de formalidades jurídicas, no con la intención de castigar la comisión de delitos sino de tratar de desmembrar a un movimiento de presión, que —¡vaya paradoja!— ahora tiene de rodillas a la Secretaría de Gobernación.

En ese sentido, en esta columna apuntamos desde el 14 de junio que lo primero que debíamos tener claro es que las aprehensiones —no “arrestos”— de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización, respectivamente, del comité estatal de la Sección 22, son eminentemente políticas.

¿Por qué?, nos preguntábamos. Porque la base de su persecución judicial radica —como siempre en México— en su actividad política. Si Núñez y Villalobos, junto con todos los demás integrantes del comité seccional que ya fueron detenidos, no se hubieran opuesto a la reforma educativa, ahora mismo seguirían gozando de los dividendos que arrojan los porcentajes pagados por empresas a cambio de que la Sección 22 les permitiera realizar negocios con sus agremiados. Por eso hay una evidente connotación política que no debemos dejar de ver.

Ahora bien, en este contexto es menester considerar otro factor imprescindible: en la mesa de Gobernación, hoy en día todo está sujeto a una negociación política. ¿Cómo quiere la Coordinadora, por ejemplo, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto “abrogue” la reforma educativa, si ello no está entre sus facultades? ¿Cómo consiguió la CNTE que el gobierno federal claudicara en su anuncio de despedir a más de tres mil por incurrir en los supuestos de responsabilidad que establece la Ley General del Servicio Profesional Docente, por faltar más de tres días a sus labores, en el periodo de un mismo mes? ¿Y cómo quieren que se distienda el conflicto de Oaxaca, Chiapas y otras entidades del país? La respuesta a cualquiera de esas preguntas —incluyendo el traslado, y quizá hasta la próxima liberación de Núñez Ginez y compañía— pasa por una negociación política, revestida de formas jurídicas.

Por eso la Coordinadora debe dejar esos maniqueísmos cuando no le conviene, y reconocer que el traslado de Núñez fue una decisión tomada en Gobernación, y luego legitimada por los acuerdos judiciales y el cumplimiento de la autoridad penitenciaria. Nada tan simple —y tan visible— como eso.

ARDOR

Se siguen preguntando por qué fue el ex gobernador Ulises Ruiz, el único priista del país que públicamente salió a rechazar la “elección” de Enrique Ochoa Reza como líder nacional del PRI. La respuesta es simple: porque Ochoa representa a la misma generación de políticos a la que pertenece Alejandro Murat. Sabe también que esa decisión fortalece políticamente —en el mediano plazo— al ahora Gobernador electo. Y que —es lo que le duele— eso lo tendrá aún más alejado de lo que ya está del poder en Oaxaca, luego de sus recurrentes saldos rojos, y sus derrotas recientes.

Al CEN del PRI su pasado reciente le cobra hoy las facturas

OchoaReza

+ Ciudadanía no quiere tecnocracia ni verticalismo, ¿entonces?


Ha sido muy polémica la decisión del Presidente de enviar a Enrique Ochoa Reza, de la Comisión Federal de Electricidad, a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. La razón es que, por un lado, reprueban la posibilidad de que la nueva tecnocracia mexicana tome otra vez el control de ese partido; y por el otro, cuestionan que alguien sin experiencia ni trabajo de bases, llegue a través de consensos cupulares al máximo cargo político entre los priistas que gobiernan. Acaso, lo que no alcanzan a ver es que el PRI, como todos los partidos, se enfrenta a la realidad de la pudrición generada por sus cuadros nuevos y de antaño.

En efecto, sólo es cosa de que se cumplan algunas formalidades estatutarias para que se oficialice la elección de Ochoa Reza al frente del partido. Éste viene al PRI de un cargo —y de una formación académica y en el servicio público— puramente técnica. Ochoa presumió una militancia de casi dos décadas en el priismo, pero lo cierto es que ese es un argumento que dice muy poco, a la luz de que su supuesta “prueba de militancia” se reduce a una credencial emitida por el partido tricolor, como millones más que deben existir en el país. Así, el inminente Líder priista carece de antecedentes no de militancia, sino de formación política —de campo y de dirigencia— como para hacerse responsable de los destinos del partido.

En ese sentido, la crítica sobre la inexperiencia del nuevo Dirigente, e incluso sobre su inexperiencia en los asuntos del partido, encuentran un lugar idóneo para anidar a partir de los solos antecedentes, y a ellos se le suma uno más, que resulta ser tanto o más importante que los dos primeros: que esa combinación de inexperiencia, tecnocracia y falta de identidad con el PRI, está enmarcada por la decisión cupular del Presidente de imponerlo inopinadamente. Peña Nieto, evidentemente, no le preguntó a nadie, no lo consensó con nadie y, para muchos, tampoco pensó en la importancia que tiene su partido para el sistema político, y para los mexicanos.

Sustantivamente esas son críticas que van al fondo del priismo y que ponen en una perspectiva muy compleja la realidad del tricolor, y sus perspectivas en el mediano plazo. En pocos momentos, como el actual, el priismo había tenido un declive tan marcado y se encontraba tan en serio riesgo de perder la Presidencia de la República. Desde la elección presidencial, el tricolor ha venido en una caída estrepitosa, que lo llevó al ras de mantener la mayoría en la cámara baja —gracias a sus alianzas partidistas, de jure y de facto—; pero los comicios recientes lo pusieron en una encrucijada por las derrotas que hicieron dejar la dirigencia al experimentado Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Por eso, la lógica apunta a que si el partido queda en manos de alguien inexperto, sin tuétano priista, sin trabajo territorial y de bases, y en medio de una crisis como la actual, el resultado no puede ser sino la multiplicación de los descalabros. Nada menos que eso.

VIEJOS Y NUEVOS PRIISTAS

Beltrones era el prototipo del priista de categoría, que merecía ser dirigente del partido porque se había preparado para ello. Ex gobernador, con una larga carrera parlamentaria, y con décadas de trabajo en el sector popular del PRI, parecía que Beltrones era el idóneo para ser líder priista de buenos resultados. No es —como los priistas “viejos” de la actualidad— un gran académico ni una persona respetada en círculos ajenos a la política. Era, más bien, un político de tiempo completo… que en el cargo más importante de su vida, fracasó.

Ahora habría que preguntarnos quiénes son los nuevos priistas con una ascendencia más o menos similar a la de Beltrones. La respuesta tendría que llevarnos irremediablemente a los gobernadores actuales, y a los ex gobernadores, todos jóvenes, comenzando por Humberto Moreira Valdés. Pero resulta que si atendemos a ese rubro de priistas encontraremos un resultado pavoroso: toda esa pléyade de nuevos priistas en cargos nada menos que de Gobernadores, son los que en gran medida provocaron los descalabros de los que tanto se duele el partido entero en la actualidad.

Uno de ellos es Moreira, pero otro podría ser César Duarte de Chihuahua, o Javier Duarte de Veracruz, y Roberto Borge Angulo, gobernador saliente de Quintana Roo. El problema es que ellos no sólo están descartados por el Presidente, sino que incluso dos de ellos fueron fustigados públicamente por el Presidente al reprobar sus maniobras para blindarse contra las investigaciones futuras en su contra por corrupción. Ese es un sector “joven” del PRI que resultó peor que los antecedentes caciquiles —y hasta “mafiosones”— de los priistas de viejo cuño.

Lógicamente eso no justifica, sino que agrava, la situación actual del PRI. Está tan árido de cuadros que tuvo que buscar en un sector que —quizá como en los tiempos de Zedillo— llega al partido por deber pero no por convicción, y menos por vocación. Y lo más sorprendente, es que esa crisis de cuadros jóvenes y viejos, hoy no es exclusiva del PRI en México.

COLEGIACIÓN

En el marco del Día del Abogado, el doctor Rodolfo Moreno Cruz presentó el Colegio Latinoamericano de Abogados “Carlos Santiago Nino”, Capítulo Oaxaca. El doctor Moreno —un destacadísimo y lúcido jurista oaxaqueño, con amplia trayectoria académica en Europa y Estados Unidos— impulsa la colegiación como una forma de apoyar la preparación continua entre la comunidad jurídica de Oaxaca. Ojalá se replicaran más esfuerzos constructivos como éste. ¡Enhorabuena!

México no puede seguir esperando a buena voluntad contra la corrupción

Duarte

+ Acciones de Inconstitucionalidad vs Veracruz y Q Roo: algo no anda bien


El presidente Enrique Peña Nieto ha demostrado ser de esos presidentes que no tiene empacho en tomar decisiones cuando se trata de proteger sus intereses. Así, en esa peligrosa dualidad, ha sido inmune —aunque con altos costos políticos— a las críticas sobre su denodada protección a la corrupción que existe en México; pero, en alguna medida, esa también ha sido la pauta para tomar decisiones como la que anunció ayer, de ir en contra de los gobierno de Veracruz y Quintana Roo, que pretendieron blindarse ante la próxima alternancia de partidos en el poder. Al final, lo que el Presidente demuestra es que está dispuesto a que se honre la legalidad, pero sólo en la casa de sus compadres (incómodos).

En efecto, ayer en conferencia conjunta, Eduardo Sánchez Hernández, vocero de la Presidencia de la República, y Salvador Sandoval Silva, subprocurador jurídico y de asuntos internacionales de la PGR anunciaron que la Procuraduría General de la República había presentado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sendas acciones de inconstitucionalidad contra los congresos y los gobernadores de Quintana Roo y Veracruz.

Con esta acción instruida por el presidente Enrique Peña Nieto, dijeron ambos funcionarios, se pretende que el gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, y Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, no puedan anticiparse para su beneficio en materia anticorrupción y tampoco nombrar a funcionarios para este fin. Ambos son de afiliación priista. “Resulta conveniente que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, analice tales reformas, toda vez que ante la falta de competencia de los Congresos de las entidades federativas mencionadas, se generará, en perjuicio del propio Sistema Nacional Anticorrupción, una inseguridad jurídica que pondría en duda las reglas de dicho Sistema”, remataron.

Esto resulta relevante, en un primer momento —y quizá hasta reconocible—, a partir de la premisa de que por primera vez, el Ejecutivo federal está tomando acciones en contra no sólo de Gobernadores en defensa del centralizado Sistema Nacional Anticorrupción, sino que lo está haciendo en contra de gobernadores emanados de su mismo partido (el PRI), y además lo está haciendo respecto a mandatarios que han demostrado ser altamente corrosivos para el “sistema democrático” —si es que se le puede llamar así a estas alturas— con el que el gobierno federal pretende legitimarse ante una sociedad cada vez más incrédula de la voluntad del gobierno federal por combatir la corrupción.

En este primer rubro, resulta muy interesante la forma en cómo el gobierno del presidente Peña Nieto está tratando de combatir la corrupción a través de mecanismos de control constitucional que —¡vaya paradoja!— involuntariamente están rematando la centralización del sistema de control de los servidores públicos de los tres órdenes de gobierno.

La lógica federal es consultarle a la Corte, para que ésta determine, si las decisiones tomadas por los gobernadores de Veracruz y Quintana Roo, violan o no los alcances del Sistema Nacional Anticorrupción. Esto parece, en gran medida, una maniobra más política que de constitucionalidad, no para combatir dichos actos, sino esencialmente para demostrarle a la ciudadanía que el gobierno federal está de verdad preocupado por combatir la corrupción pero con gobernadores priistas que han sido fuertemente cuestionados por su desempeño y resultados, y que en gran medida fueron constructores de parte de la derrota priista de los comicios de junio pasado. Por eso, esto más que preocupación por el Sistema Anticorrupción, parece una venganza política en contra de Borge Angulo, y Duarte de Ochoa.

¿Y EN SU CASA?

Esa es la duda que queda: para investigar sus propios vínculos de corrupción, el Presidente nombró a un subordinado como encargado de conducir la investigación en su contra, y éste resolvió que el Presidente —su jefe, junto con su esposa, la señora Angélica Rivera— no tenía ningún conflicto de interés por el origen del financiamiento para la construcción de la casa (la llamada “casa blanca”) en la que ¿habita? el Presidente y su familia.

¿Por qué el Presidente no se midió con la misma vara que ahora mide —con razón— a los gobernadores Duarte y Borge Angulo? La cuestión no es dilucidar si los dos mandatarios estatales merecían o no la Acción de Inconstitucionalidad que ayer les presentaron, a partir de que el Presidente no se midió con la misma vara cuando hubo que investigar un acto cometido por él respecto a un contratista del gobierno federal.

No: más bien lo que hay que ver es que cuando el Presidente tuvo que ordenar —orillado por las circunstancias— una investigación en su contra, hizo muy poco al solo ordenar a su subordinado, el Secretario de la Función Pública, que llevara a cabo una investigación, sin llegar más lejos en cuanto a la decisión de conformar una fiscalía autónoma para aclarar el asunto, o de dar, en ese momento, los pasos necesarios para la formación de un sistema más robusto de control a todos los servidores públicos bajo su potestad (nada menos que todos los funcionarios del gobierno federal).

DOS RASEROS

Por eso, si bien es relevante la decisión de impugnar las maniobras de Duarte y Borge para blindarse frente a las posibles investigaciones de corrupción, Peña Nieto sigue quedando a deber porque, por enésima ocasión, demuestra que quiere la democracia y el cambio pero sólo en los rubros que no lo incluyen como titular del Ejecutivo federal.

¿Por qué sorprende que la tecnocracia regrese al PRI?

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+ EPN no es político tradicional, ni tecnócrata. ¿Entonces?


Es común que las nuevas generaciones no sepan bien qué es un tecnócrata, por la sencilla razón de que no tienen como punto de referencia, qué había antes de la tecnocracia en los gobiernos mexicanos. Esta cuestión toma relevancia ante el anuncio de la llegada de Enrique Ochoa Reza a la dirigencia nacional del PRI. ¿De verdad es importante —o riesgoso— que un tecnócrata asuma ese cargo que, para la idea de muchos, debe estar en manos de un político?

En efecto, el 20 de junio Manlio Fabio Beltrones presentó su renuncia a la dirigencia nacional del PRI, luego de los escandalosos resultados globales para ese partido, en los comicios del 5 de junio. Interinamente, asumió la presidencia, la hasta entonces secretaria General, Carolina Monroy del Mazo, pero rápidamente atajó las especulaciones sobre su posible permanencia en la presidencia del partido.

Fue hasta finales de la semana pasada que la CTM anunció —vía la “cargada priista” que se creía extinta de la praxis política— su apoyo al director de la Comisión Federal de Electricidad, Enrique Ochoa Reza, como posible candidato de unidad para la presidencia nacional del PRI. Esto generó muchas suspicacias, básicamente por dos razones: la primera, que Ochoa carece de experiencia y trabajo político en el PRI; y segunda, que es visto como un “tecnócrata” hasta por integrantes de su mismo partido. ¿De verdad la tecnocracia puede ser vista como algo tan nocivo para un partido, para un gobierno, o para el país?

Realmente lo que tendríamos que hacer es, de entrada, un ejercicio de retrospectiva para distinguir cuál es la diferencia entre un político y un tecnócrata. Pues, de hecho, en México hubo una larga tradición de Presidentes preparados en universidades mexicanas —la UNAM, básicamente—, y formados política y administrativamente, en el PRI y en el gobierno federal.

Esa historia se remonta a los gobernantes emanados del PRI desde que se estableció la era de los civiles en la Presidencia (el general Manuel Ávila Camacho fue el último militar en ser titular del Ejecutivo federal en México) y que habría terminado en el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, al establecer los primeros puentes con la globalización, e incorporar al gobierno a una nueva clase instruida en el extranjero y alejada de la praxis y el trabajo político en el PRI, como base para la ascensión al poder presidencial.

De hecho, Carlos Salinas de Gortari ha sido el símbolo de la tecnocracia en México, y Ernesto Zedillo Ponce de León su constatación más acabada. Ambos se formaron en universidades de Estados Unidos (Harvard y Yale, respectivamente) y regresaron a México pensando como estadounidenses, y poniendo en práctica los conocimientos y las bases políticas aprendidas en su formación académica.

Ambos —cada uno en su circunstancia— desplazaron a los políticos de la vieja guardia, e instauraron esa nueva era en la que se le pretendió aplicar base técnica al ejercicio político. De ahí que tecnocracia tenga como traducción simple “el gobierno de los técnicos”.

¿POLÍTICO O TECNÓCRATA?

Los políticos puros —esos que son muy eficaces para la operación política, pero que no tienen ningún respaldo ni preparación académica— reprocharon largamente a la tecnocracia, haber desmantelado al PRI. Para todos los presidentes, hasta antes de Salinas de Gortari, la dirigencia nacional del tricolor era vista no sólo como una dependencia gubernamental más, sino como un símbolo del orgullo de una ideología política llevada al poder.

De ahí que había una especie de sacralización, que se rompió cuando Salinas llegó a la presidencia y, dentro de sus decisiones más básicas, estuvo la de comenzar a menguar al partido en la importancia moral y política que había tenido hasta entonces para los presidentes y para los militantes de ese partido.

Salinas y Zedillo nunca aplicaron de lleno la tecnocracia al PRI, sino que más bien, como tecnócratas, desdeñaron al partido como fuente relevante del acceso al poder presidencial, privilegiando otros aspectos sobre la militancia partidista para los cargos públicos, para la integración de los círculos del poder, e incluso para la toma de decisiones sucesorias. De hecho, salvo Luis Donaldo Colosio, no hubo otro personaje al que se le pudiera catalogar como “tecnócrata” al frente del PRI, desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, hasta la actualidad.

Por esa razón, llama mucho la atención que, de entrada, a Ochoa Reza se le califique como tecnócrata, y se le critique por eso en su arribo al CEN del PRI. Para sustentar esa crítica, habría que preguntarse si el propio presidente Enrique Peña Nieto tiene la calidad de “político” o de “tecnócrata”. En un breve repaso por sus antecedentes, podremos ver que no tiene ni una calidad, ni la otra.

VAIVÉNES

De hecho, el Presidente es el ejemplo de un burócrata de un gobierno local venido a más, e integrante de una élite regional encumbrada por las circunstancias que, sin embargo, no puede presumir la calidad de tecnócrata —no tiene ninguna ascendencia en círculos académicos, o estudios o labor en el extranjero dentro de la “tecnocracia”, como para ser considerado como tal—, y mucho menos de las de un personaje —y ni siquiera su grupo— formado en la puritana tradición priista. Con Beltrones, el Presidente optó por el prototipo del político de larga trayectoria; con Ochoa el PRI está virando, por primera vez en décadas, hacia un tecnócrata que, para variar, se encuentra con la circunstancia de que difícilmente podría obtener resultados más devastadores, que con los que está recibiendo a su partido.

Nochixtlán: las disculpas sólo pueden llegar cuando se sepa la verdad

Campa

+ Para llegar a la verdad debe haber investigaciones ordinarias y serias


La práctica de que el Estado se disculpe, a través de sus funcionarios, por la comisión de algún delito en contra de los derechos humanos, se ha venido reiterando a partir de la conciencia de que las violaciones a derechos humanos agreden a toda la especie humana, y que el reconocimiento de la responsabilidad, y las disculpas, son una parte determinante del resarcimiento al que tienen derecho todos aquellos que fueron víctimas de una transgresión de ese tipo. En ese marco, ¿debía disculparse el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, a nombre del Estado mexicano, ayer que se encontró con los afectados de Nochixtlán?

En efecto, esta resulta ser una pregunta muy actual a la luz de varios sucesos relacionados con el enfrentamiento de Nochixtlán, y las consecuencias arrojadas por un acontecimiento como ese. Pues resulta que subidos en la posición que les dio el resultado del conflicto, los deudos y los afectados por el enfrentamiento de Nochixtlán, anticiparon le pedirían al Subsecretario federal que, como punto de partida para cualquier tipo de diálogo, les ofreciera una disculpa pública a nombre del gobierno federal por los muertos y heridos ocasionados por la refriega del domingo 19 de junio en la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan.

En ese mismo contexto, se anunció que la Procuraduría General de la República había ejercido su facultad de atracción de los legajos de investigación que abrió la Fiscalía General del Estado en Oaxaca, para llevar a cabo los peritajes e indagatorias relacionadas con ese enfrentamiento.

El Ministerio Público de Oaxaca inició investigaciones sobre las causas y móviles de los decesos ocurridos en el enfrentamiento, y por las lesiones que sufrió más de un centenar de personas. Paralelamente a ello, la PGR inició sus propias averiguaciones previas por los delitos federales cometidos —entre ellos, por el de uso de armas de fuego y explosivos. De esta forma, la PGR concluyó que como eran investigaciones relacionadas, atraía la investigación para deslindar responsabilidades y saber exactamente qué ocurrió el domingo 19 en Nochixtlán.

Este anuncio, particularmente, fue importante porque desde el mismo día del enfrentamiento, la Fiscalía estatal denunció que tanto pobladores de Nochixtlán, como profesores de la Sección 22, habían obstaculizado el inicio de las investigaciones, y el acceso a objetos, escenarios y datos probatorios que permitieran deslindar responsabilidades sobre lo ocurrido.

De hecho, varios días después del enfrentamiento, el Ministerio Público estatal anunció que tenía los primeros elementos relacionados con la investigación. Pero ésta irremediablemente tendrá que llegar al punto de deslindar exactamente quiénes dispararon, quiénes le provocaron las lesiones a todos los heridos —incluyendo a varios policías heridos de bala, independientemente de los afectados por piedras, golpes o explosiones de cohetes—; y quiénes deben responder ante la justicia por esos actos.

¿OFRECER DISCULPAS?

El Estado mexicano sólo ha hecho públicas sus disculpas frente a delitos de orden internacional relacionados con derechos humanos, cometidos por agentes del Estado, y con base en sentencias dictadas por tribunales internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El caso Radilla Pacheco es, en ese sentido, parte aguas en cómo el Estado mexicano se vio obligado a asumir esa conducta como parte de la concepción de la reparación del daño que han construido los tribunales internacionales, contemplando no sólo el resarcimiento económico, sino también el moral, como resulta ser una disculpa pública.

Incluso, fuera de esos casos contenciosos —contadísimos—, la única ocasión en la que un servidor público federal voluntariamente ha ofrecido una disculpa pública, a nombre del Estado, por una conducta de ese tipo, fue hace unos meses cuando el General Secretario de la Defensa Nacional, reconoció la responsabilidad de integrantes del Ejército mexicano en la tortura a una mujer en Guerrero, y ofreció disculpas a la sociedad mexicana por tal conducta, y ofreció investigaciones a fondo y castigos contundentes.

Considerando todo eso, ¿el subsecretario Campa debía ofrecer una disculpa por los hechos de Nochixtlán? Muy seguramente sí, pero no en este momento. No, porque no se han concluido las investigaciones. No, porque aún no hay certeza jurídica sobre qué ocurrió exactamente en Nochixtlán en aquel enfrentamiento. No, además, porque así como se debe saber quién disparó las armas que hirieron y mataron a varios manifestantes en aquel bloqueo carretero, también se debe saber quién disparó las armas que hirieron a una decena de elementos estatales y federales, y quién ocasionó las lesiones a todos los descalabrados.

En el fondo, es necesario entender que tanto los policías como los manifestantes son personas, con los mismos derechos e imperativos, y que el punto de partida para que el Estado se disculpe, es que se conozca toda la verdad sobre esos hechos, y que también quien deba enfrentar responsabilidad penales —policías o civiles— sean presentados en las mismas circunstancias ante las autoridades jurisdiccionales competentes.

PATRAÑAS

Se debe desterrar el propagandismo que habla de conformar una comisión de la verdad —oooootra— para conocer qué pasó en Nochixtlán. Deben ser las autoridades regulares las encargadas de la investigación, pero sí bajo una estricta y equilibrada supervisión ciudadana. En el fondo, las comisiones de la verdad a modo, son tan nocivas como los tribunales de esas características. Y en Oaxaca ya hemos tenido demasiado de eso como para seguir insistiendo en esas patrañas.

La crisis magisterial tiene como fondo la ilegitimidad de la representación

Reforma

+ Ley educativa es legal, pero ilegítima; CNTE padece mismo cuestionamiento


Es increíble cómo la discusión pública alrededor del conflicto magisterial de Oaxaca, y del sureste del país, difícilmente logra pasar de la controversia sobre si la reforma educativa es en realidad una transformación administrativa o laboral, o sobre la representación que puede tener la Sección 22, o la CNTE, del pueblo de Oaxaca, o del sentir de la mayoría de la población en la región donde ocurre el conflicto social. No alcanzamos a ver que en realidad lo que existe es un enorme problema de legitimidad, porque ni los mexicanos nos sentimos legítimamente representados por quienes aprobaron la reforma educativa, como tampoco por quienes dicen luchar por nosotros desde la Coordinadora.

En efecto, hasta ahora uno de los puntos del análisis versa sobre si la reforma educativa es en realidad educativa, o si es en realidad una reforma laboral o de tipo administrativa de los trabajadores de la educación. Otra vertiente del análisis gira alrededor de si el Estado comete o no represión cuando intenta actuar en situaciones como las que se viven en Oaxaca y Chiapas. Y una más, incluso, pretende dilucidar qué tan legítima es la lucha emprendida por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y por qué ésta sí representa al grueso de la población.

Vale decir, en el primero de los casos, que indudablemente esta reforma emprendida por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, es de administrativa y laboral para los trabajadores de la educación en el país. Lamentablemente, en este rubro México vive hoy la misma tragedia que al haber hecho otras reformas imprescindibles para la estabilidad nacional, hasta que la situación era insostenible.

Por ejemplo, en las décadas previas reformó la legislación relacionada con la seguridad social. Primero hizo una reforma a la ley del Seguro Social, y hace pocos años hizo una modificación similar al régimen de quienes cotizan al ISSSTE. ¿Qué les faltó? Reformar la situación de los propios trabajadores de esas instituciones, cuestión que hicieron hasta que las situaciones financieras del IMSS y el ISSSTE estaban colapsadas. ¿Por qué? Por la intención de los gobiernos de evitar lo más posible el pago del costo político que esas reformas traerían aparejado.

Con la reforma educativa parece haber ocurrido al revés. Aquí el gobierno se centró en reformar la situación laboral de los trabajadores de la educación como aparente punto de partida de la reforma educativa. Ésta primera reforma se llevó a cabo bajo la estratagema de ser una reforma educativa.

No lo era, porque en realidad no se ha planteado la refundación del sistema educativo, o al menos de las bases teóricas a partir de las cuales se imparte la educación pública en el país. De hecho, al parecer el gobierno federal tuvo la idea de que reformando el régimen laboral y administrativo de los maestros, el sistema educativo cambiaría. Por eso ofreció esta reforma como educativa cuando en realidad tiene otras intenciones.

¿Por qué nunca reconoció abiertamente que era una reforma laboral —tampoco es algo tan grave, frente al hecho de que en los últimos 20 años el Estado reformó el régimen de casi todos los sectores productivos del país, públicos y privados— para así evitar que la oposición se centrara en si ésta era una reforma educativa, o laboral de los trabajadores de la educación? Parece que tampoco lo tuvieron lo suficientemente claro, y al esconderlo o confundirlo, le regalaron a los opositores uno de sus argumentos centrales en contra de esta reforma.

EL PROBLEMA ES DE LEGITIMIDAD

¿Qué tendría de distinto si esta reforma se hubiera presentado como laboral, y no como educativa? Que, básicamente, todos estaríamos claros de qué se está discutiendo. Pues en realidad, mientras el gobierno federal defiende la reforma educativa, los inconformes repudian una reforma laboral. Lo cierto es que ninguna de las dos debiera ser vista como algo negativo, o ilegítimo, si quienes argumentan sobre ella tuvieran el respaldo social suficiente para ser la voz de sectores sociales amplios.

Ahí hay una base hasta ahora inexplorada: en realidad, en las condiciones actuales habría la misma oposición, independientemente de cómo se hubiese presentado la reforma a los artículos 3 y 73 constitucionales. Esto sólo fuera distinto si en realidad los poderes federales (Legislativo y Ejecutivo) tuvieran el grado de legitimidad del que hoy carecen frente a la sociedad; o si, por el contrario, de verdad la Coordinadora representara el sentir y los intereses de los 4 millones de habitantes que tiene el Estado de Oaxaca, o los casi cinco millones que tiene el estado de Chiapas.

El problema es que tanto el Legislativo —ente soberano que emitió la reforma educativa— como la CNTE —cabeza de playa del grupo que se opone a ella—, tienen graves problemas de legitimidad. Los diputados y senadores, por ejemplo, son de los servidores públicos más rechazados por la sociedad, y son de los que más se desconfía por considerarlos indiferentes a los problemas sociales, o corruptos.

Por su parte, la CNTE se ha encargado de minar la amplia base social que tuvo en otros tiempos, y si bien a sus manifestaciones acuden los sectores que le siguen profesando respaldo, lo cierto es que, juntos la Coordinadora y sus grupos de apoyo, son minoritarios frente a la población que quién sabe si comulga con sus fines, pero sí discrepa profundamente de sus métodos de lucha por ser demasiado abrasivos para la situación y las actividades productivas de miles de personas.

NO NOS CONFUNDAMOS

Por eso, este es un problema de legitimidad, no de si la reforma es educativa o laboral para los trabajadores de la educación.

Clara, advertencia de la guerrilla sobre su presencia en el sureste

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EPR

+ Levantamiento en la región; hay mensajes de inminente actividad


Dos visiones polarizadas intentan analizar y hallar conclusiones sobre las constantes comunicaciones de grupos armados, respecto a la problemática magisterial que prevalece en el corredor del Pacífico Sur del país: unos, los que aseguran que grupos como el EPR son prácticamente lo mismo que la CNTE, y que por eso hay efervescencia frente a las circunstancias; y otros, que niegan tajantemente cualquier relación y desvían la atención frente a situaciones como la toma de control de las acciones de rebeldía por otras organizaciones, y el desplazamiento del magisterio en el liderazgo y la organización de las protestas. El análisis sustantivo, sin embargo, debe considerar otras cuestiones que hasta ahora parecen poco analizadas, y que son tanto o más relevantes que esas dos conclusiones primarias.

En efecto, este fin de semana el Ejército Popular Revolucionario dio a conocer un nuevo comunicado —han emitido cuatro en los últimos 15 días, algo muy inusual en organizaciones de esa naturaleza— en el que respalda las acciones magisteriales, y a la par de hacer advertencias al gobierno federal sobre la decisión del pueblo organizado de no rendirse, llama a ciudadanos y organizaciones a estar alertas para defender su dignidad frente a los embates de la oligarquía gobernante. Evidentemente, más allá de su lenguaje cotidiano, lo que verdaderamente debe llamar la atención de esos comunicados no son las advertencias sino los mensajes que se envían entre las organizaciones que participan —o que simpatizan— con la resistencia magisterial. ¿De qué hablamos?

De que, como lo apuntábamos en entregas anteriores, los grupos armados no actúan con base en los momentos históricos o en las fechas predestinadas, sino que más bien buscan aprovechar las coyunturas. Decíamos en aquella entrega (Al Margen xXXXXXX) que esa dinámica es la que marcó la participación de varias organizaciones armadas en el movimiento magisterial de 2006 en Oaxaca, cuestión que expresamente aceptó el EPR cuando un año después, denunció la detención-desaparición también en Oaxaca, de dos de sus integrantes. 2006 fue para ellos una circunstancia construida y aprovechada. Pero, en contraparte, en 2010 —cuando se pensaba que podía haber algún levantamiento por la llegada del ciclo centenario 1810-1910-2010, que marcaría la historia nacional— ninguna organización armada tuvo una actividad relevante.

Este es un elemento de análisis de gran importancia porque hoy lo que queda claro es que el EPR está llamando expresamente a la combinación de todas las formas de lucha. Esto significa que está impulsando una especie de “acuerdo” tácito de participación para que todas las organizaciones afines (armadas, gremiales, y de lucha social) utilicen sus propios mecanismos para llegar a un mismo fin: en primer término, la derrota del Estado en la implementación de las reformas “burguesas”; y en un plano más de fondo, la instauración de un nuevo régimen bajo los principios que ellos defienden.

Este planteamiento no es menor. Pues nuevamente Oaxaca representa esa posibilidad, y Nochixtlán marcó la definición de la coyuntura en la que varias de esas organizaciones —algunos grupos armados, gremios como el magisterio, organizaciones de lucha social, e incluso un partido político, por las simpatías que le ha profesado a este movimiento— pudieran estar dispuestas a ir tras ese objetivo.

CLAVES DEL LLAMADO

Vale considerar, dentro de todo este contexto, algunos elementos que son importantes. En su último comunicado, por ejemplo, el EPR apunta: “No son tiempos de desmovilización, de doblar banderas por temor a la represión, tampoco de rendiciones indignas ante el manotazo autoritario; la demanda popular de la abrogación de la reforma educativa no es de una minoría obcecada, sino de un pueblo que responde con resistencia y dignidad por la defensa de sus derechos (…) Todos debemos estar alerta y preparados para responder combativamente a la nueva escalada de represión; cada cual en su respectiva trinchera prepárese para nuevos combates populares. La consigna es, que la voluntad de combatir se exprese en la inagotable creatividad de nuestro pueblo en la lucha contra sus opresores”.

Esto significa, en términos muy llanos, que el EPR está convocado a esa unidad en torno a los objetivos planteados por la Sección 22 y la Coordinadora. De ahí frases como “cada cual en su respectiva trinchera prepárese para nuevos combates populares” o “que la voluntad de combatir se exprese en la inagotable creatividad de nuestro pueblo en la lucha contra sus opresores”. Con toda claridad, ese llamado es la combinación de formas de lucha. Es decir, que cada quien haga lo que pueda, por los cauces que prefiera, pero que todos juntos intenten llegar a los fines que finalmente les son comunes a todas esas organizaciones.

DEMOSTRAR PRESENCIA

Incluso, otro elemento que es necesario considerar es el relativo a sus comunicaciones. La constancia con la que han aparecido comunicados, desde distintas representaciones del EPR en el sureste del país, parece una forma de demostrar y advertir su presencia para la potencial conformación de un movimiento regional. En 2007, ante la detención-desaparición de sus dos militantes en Oaxaca, a través de comunicados el EPR hizo primero patente su actividad en diversos estados del centro y sureste del país, para luego adjudicarse las explosiones en ductos de Pemex en Guanajuato y Querétaro. Esos dos elementos demostraron su capacidad operativa. ¿Esos llamados actuales pueden considerarse una simple casualidad o una mera actividad retórica?

Suspensión de la evaluación docente: con ese acuerdo, perdimos todos

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OChong

+ ¿A EPN le cumplen maldición de aplicar evaluación sólo con policías?


Este fin de semana, el gobierno federal anunció la suspensión de la evaluación a profesores del sistema educativo oaxaqueño. Esto ocurrió luego de que el viernes el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, estableciera que el tiempo se había agotado, y que de no haber distensión a las protestas magisteriales, actuarían incluso utilizando la fuerza pública para liberar las vías de comunicación. Como si fuera magia, varios de los bloqueos carreteros cesaron, la fuerza federal no llegó a Oaxaca, y bajó el tono de las advertencias. El problema es que de nuevo, negociando, sacrificaron la evaluación y la condenaron a seguirla implementando siempre con resguardo policiaco.

En efecto, el sábado el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) informó que la evaluación docente programada para este fin de semana, se realizará hasta el mes de septiembre. Según una nota de Milenio, el vocero de la dependencia, Jorge Oropeza, dijo que esta evaluación estaba prevista inicialmente para realizarse este sábado pero que desde el mes de mayo, cuando los maestros instalaron el plantón en el centro de Oaxaca, se acordó posponerla hasta septiembre.

Frente a estas afirmaciones, la Sección 22 aclaró que en realidad la suspensión de la evaluación había ocurrido como parte de los acuerdos alcanzados en Gobernación, sobre los cuales no se había dado a conocer nada en los días previos. El Financiero tuvo acceso a fuentes magisteriales, quienes no sólo admitieron que el aplazamiento del examen fue resultado de una de mesa como parte de los acuerdos previos y a solicitud de la Sección 22, sino que también dieron a conocer cuáles habían sido esos cinco acuerdos sobre los que, ni ellos ni Gobernación, habían informado a la ciudadanía, como principio para distender el conflicto.

Estos acuerdos son los siguientes: 1. La salida de las fuerzas federales de Oaxaca 2. Negociación sin la presencia de Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública, y Gabino Cué, gobernador de Oaxaca 3. La cancelación del examen del 2 de julio 4. La entrega de cheques de la quincena 11 a quienes retuvieron para notificarles la aplicación del examen 5. La suspensión de los procedimientos de rescisión para los mil 359 maestros que según la SEP acumularon 4 faltas y la reposición de los descuentos

Fuentes magisteriales que dieron esta información a El Financiero, dijeron que la primera petición se cumplió de manera parcial, pues sigue habiendo presencia de la Policía Federal, aunque en menor medida. El segundo punto se ha cumplido pues no han participado Nuño ni Cué, el tercer punto se dio este sábado, con la suspensión del examen, que incluye el de este 2 de julio que es parte de la primera etapa y el del 28 de noviembre, la segunda etapa.

Que, además, será a partir de hoy lunes que se inicie con el cumplimiento del cuarto y quinto acuerdo, que se dará con la liberación de los pagos. En su perspectiva, el diálogo no está cancelado pero en la medida que se dé el cumplimiento de esos cinco puntos, también el magisterio irá dando muestras de distención del conflicto.

¿LA EVALUACIÓN,

SÓLO CON POLICÍAS?

En noviembre del año pasado, el gobierno estatal y federal celebraron la primera fase de la evaluación docente, que se realizó en la sede de la Ciudad Administrativa y fue custodiada por más de diez mil elementos federales. La sección 22 de la CNTE trató de boicotear estos exámenes atacando los autobuses de los cuatro mil 100 aspirantes, de los cuales, sólo dos mil 100 presentaron la prueba.

La aplicación de aquella prueba con blindaje policiaco, y los recientes acuerdos entre la CNTE y Gobernación, confirman dos cosas: que en su visión cortoplacista, al magisterio sólo le importa que no ocurra la evaluación; y que el gobierno federal se está resignando a repetir, indefinidamente, el ejercicio de negociar, suspender y aplicar la evaluación con resguardo policiaco.

En el primero de los rubros, queda claro que la 22 sigue sin entender que su lucha tiene mucho más de fondo que el solo rechazo a la evaluación. Deben ver, por ejemplo, qué futuro tienen como organización, cómo podrán mantener la base social que tuvieron hasta hace poco tiempo gracias al terror disciplinario que aplicaban sobre sus agremiados; deben reconocer que mientras más tiempo pierdan en estas luchas parciales, más espacio pierden en los espacios educativos de decisión, en los que hasta hace poco tiempo eran nada menos que los amos y señores.

En cuanto a la resignación federal a la evaluación, es evidente su fracaso. En noviembre pasado (Al Margen 25.11.2015) apuntamos algo que, por lo que vemos, revela la derrota del Estado. Dijimos: El Estado debe asumir que no puede vivir cuidando con policías los procesos de evaluación de la educación. De hecho, los términos “educación” y “policías” resultan ser excluyentes, y por esa razón debe buscar cuanto antes la forma de dejar que las evaluaciones docentes tengan como contexto el resguardo policiaco y militar.

Si coyunturalmente es necesario utilizar a la fuerza pública, en el corto plazo debe establecer los canales de diálogo necesarios para que ese resguardo militarizado deje de ser necesario, y debe entablar el diálogo suficiente con sus adversarios para que sus respectivas luchas continúen por otras vías. De no hacerlo, entonces se constataría no sólo la sordera del aparato federal, sino también su incapacidad de generar más escenarios que los de la aplicación de la fuerza.

EPÍLOGO

Quizá haya calma ahora. Calma, sí, de aquí a septiembre. Y así, volver a empezar. De locos.

Federación piensa en el uso de la fuerza sin autoevaluarse

PF

+ PF es corresponsable del desastre en que se volvió Oaxaca


A pesar de las buenas intenciones iniciales frente al diálogo con la CNTE, la Secretaría de Gobernación rápidamente está virando el discurso hacia la posibilidad del uso de la fuerza. No es extraño, cuando desde el principio se sabía que cualquier posibilidad de diálogo con el magisterio disidente era tiempo perdido, por la inviabilidad de alcanzar acuerdos que significaran la negociación de la ley. Más bien, lo que resulta alarmante es que el gobierno federal vuelva a pensar en la aplicación de la fuerza pública, a menos de una quincena del desastre —en todos los sentidos— de Nochixtlán que, de nuevo, puso a Oaxaca en la picota de la crisis de gobernabilidad.

En efecto, desde el miércoles la Secretaría de Gobernación envió un primer mensaje en el que, en voz de Miguel Ángel Osorio Chong, vislumbraba que de fracasar el diálogo que están teniendo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y algunas otras organizaciones que encabezan los bloqueos en la entidad, cabría la posibilidad de los “desbloqueos”. Ayer, el Titular de Gobernación fue más específico al advertir que el diálogo no puede ser prolongado, y amagó con el uso de la fuerza para retirar los bloqueos que impiden el abasto de productos en los estados de Oaxaca y Chiapas.

Si bien tienen que ser escuchadas las exigencias de distintos grupos, dijo Osorio Chong, existe también otra parte que pide libertad para utilizar las vías de tránsito. “Hoy muchos miles de niños no tienen clases y alimentación. Nosotros tenemos un mandato de regresar a la normalidad y estamos abriendo los espacios, no se ha cancelado el diálogo, pero sí lo digo con toda claridad: tenemos que dejar, generar las condiciones, si no se dan éstas por vía del diálogo, entonces tenemos que actuar porque no pueden seguir las cosas, las condiciones, como hasta ahora están”, señaló.

Claramente, los mensajes que está enviando Gobernación son de previsión sobre el inminente uso de la fuerza pública. Ayer mismo, el presidente del Senado, Roberto Gil Zuarth respaldó la posibilidad planteada por Gobernación, al afirmar que irremediablemente se debe hacer valer el Estado de Derecho cuando no existen las condiciones para lograr una solución por la vía del diálogo. Todo esto ocurre en el contexto de que la Coordinadora planteó como condición indispensable para continuar el proceso de negociación, que el gobierno federal acepte la abrogación —de jure, o de facto— de la reforma educativa, cuestión a la que el propio Titular del Ejecutivo se ha referido en sentido negativo.

De hecho, desde que iniciaron las rondas de diálogo en Gobernación, se preveía que la Coordinadora no cedería en sus exigencias, y que por su parte el gobierno federal tampoco accedería a dar marcha atrás a la reforma educativa, que hasta el momento ha sido el buque insignia de la implementación de las reformas estructurales del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Así, si el uso de la fuerza pública es la posibilidad irremediable para el restablecimiento de la libertad de tránsito en Oaxaca y Chiapas, lo primero que tendría que hacer el gobierno federal es reconocer el desastre que resultó el operativo de Nochixtlán no sólo para la fuerza pública federal, sino para la gobernabilidad del sureste del país. Una deficiente acción de fuerza está a punto de incendiar la pradera en el corredor del Pacífico Sur. Por eso, el volver a pensar en operativos debe pasar primero por el tamiz —y las responsabilidades— de Nochixtlán.

POLICÍA FEDERAL, EN ENTREDICHO

Sorpresas puede haber en contingencias, en hechos fortuitos y hasta en acciones espontáneas. En donde las sorpresas no son aceptables es cuando éstas sobrevienen —en apariencia— en actos calculados y planeados. Y una de las premisas fundamentales de toda fuerza de seguridad pública en la contención de disturbios y manifestaciones sociales, es justamente la previsión basada en información, en planeación y en la creación de escenarios.

Nada de eso ocurrió en Nochixltán. A decir del comisionado General de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, los 800 elementos estatales y federales que fueron al operativo del domingo 19 de junio, fueron “sorprendidos” por una turba de más de dos mil personas que salieron a defender el bloqueo en el entronque con la autopista Oaxaca-Cuacnopalan. Todo esto lo dijo el Comisionado como preámbulo a la cadena de medias verdades que ha venido ofreciendo sobre el operativo, sobre la presencia de elementos federales armados, sobre la balacera que se desató, y sobre las causas reales de este fracaso.

Todo eso, resulta ser causa sobrada —sobradísima— para que el Comisionado hubiera sido ya separado de su cargo, no como una concesión a las organizaciones que piden castigo a los responsables de las muertes (la renuncia o cese del Comisionado no ha sido parte de las exigencias) de los manifestantes en Nochixtlán, sino como una cuestión básica de responsabilidad por parte de la Secretaría de Gobernación, frente a un operativo que no sólo no logró sus fines, sino que provocó muertes (algo que se supone que no debe ocurrir cuando una policía es profesional en tareas de contención) e impactó directamente en la gobernabilidad, al provocar —por el fracaso del operativo— un efecto bumerang que puso de rodillas a amplios sectores de la población del sureste del país.

DUDA RAZONABLE

Por esas razones, el comisionado Galindo es insostenible. ¿Piensa el gobierno federal en volver a utilizar la fuerza, sin revisar ni reconocer sus fracasos?