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En extinción, que políticos usen discrecionalmente nuestros datos personales

Celulares

+ Transparencia y protección de datos deben alcanzar a partidos políticos


A muchos ciudadanos nos resulta molesto —y hasta lesivo— que en tiempos electorales, reiteradamente seamos blanco de actos abiertos o disfrazados de campaña, de personajes a los que nunca les ofrecimos alguno de nuestros datos personales para que nos hicieran llegar información de sus actividades, encuestas o “noticias”, que no son sino una burda máscara de sus aspiraciones políticas. Este es uno de los muchos problemas de lagunas legales que actualmente enfrentan las autoridades que regulan a los partidos, y los procesos electorales, pero que debe ser abordado con toda seriedad para evitar que continúen los abusos.

En efecto, personajes como los candidatos a la gubernatura José Antonio Estefan Garfias y Benjamín Robles Montoya, y otros que ni siquiera tienen en la actualidad un derrotero definido dentro de la competencia electoral en Oaxaca —como Hugo Jarquín, Luis Alfonso Silva Romo, o Alberto Benítez Tiburcio, entre otros—, han recurrido reiteradamente a la contratación de empresas que utilizan números telefónicos o direcciones de correo electrónico de ciudadanos de un determinado ámbito territorial, para enviarle correos, realizar llamadas telefónicas, o enviar mensajes de texto y hasta de mensajería como whatsapp, en la que “informan” sobre alguna cuestión relacionada con dicho personaje.

Esta situación resulta particularmente molesta no sólo por el contenido mismo del mensaje, sino incluso por su origen e intención. Luis Alfonso Silva Romo, por ejemplo, contrató un servicio en el que a través de un mensaje de texto (SMS, como se conoce popularmente) primero envió una encuesta en la que se invitaba al ciudadano a responder cuál de los problemas propuestos era prioridad de atención.

Al margen de si se respondía o no, algunos días después envió otro en el que ofrecía los supuestos resultados de la pretendida encuesta. Lo más ofensivo para el sentido común de cualquier ciudadano era que el personaje aludido “prometía” también atender no sólo el asunto que, según su encuesta, era el prioritario, sino los tres. Esa “disposición” hacía inútil la realización de una encuesta (falsa), en la que los temas habían sido propuestos por el artífice de la misma, y porque de todos modos no había un derrotero o agenda apegada a la opinión del ciudadano, al ofrecer atender “todos” esos asuntos.

En otro ejercicio, Hugo Jarquín contrató un servicio de llamadas telefónicas en la que una persona —de un número telefónico registrado en Brasil— ofrecía “informar” al ciudadano, sobre las acciones y el trabajo del susodicho, “a favor de los oaxaqueños”. Estefan y Robles optaron en diversos momentos en disfrazar de “mensajes informativos” su necesidad de que la gente ubicara sus nombres, como preámbulo o contexto de algún acontecimiento importante, encuesta o decisión de su partido.

En el fondo, lo que queda al ciudadano en general, es la duda, el enojo y la inconformidad de que varios de sus datos personales (nombre, dirección física o electrónica, o sus números telefónicos fijos o móviles) se encuentren en manos de empresas que no se identifican, y sean utilizados para fines sobre los que obtuvieron un consentimiento bajo algún tipo de engaño, o que definitivamente se hacen al margen de cualquier regulación legal o consentimiento del particular.

¿QUIÉN REGULA?

Esta es una duda razonable hasta para quienes tienen algún tipo de conocimiento jurídico en general, e incluso relacionado con el tema. Pues al parecer, las llamadas o mensajes desde call centers a favor de un candidato o partido, son un acto que en la actualidad escapa a la regulación tanto de las autoridades electorales, como de quienes tienen encomendada la protección de los datos de las personas.

En ese sentido, el término “datos personales” se refiere a toda aquella información relativa al individuo que lo identifica o lo hace identificable. Entre otras cosas, le dan identidad, lo describen, precisan su origen, edad, lugar de residencia, trayectoria académica, laboral o profesional. Además de ello, los datos personales también describen aspectos más sensibles o delicados sobre tal individuo, como es el caso de su forma de pensar, estado de salud, sus características físicas, ideología o vida sexual, entre otros. Esta definición es de la Ley estatal de Datos Personales.

Ahora bien, el segundo párrafo del artículo 16 de la Constitución federal establece que “toda persona tiene derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación de los mismos, así como a manifestar su oposición, en los términos que fije la ley…”. No obstante, la pregunta de fondo es: ¿Quién regula el uso de esos datos?

A simple vista, queda claro que esa es tarea de los llamados “órganos garantes de la transparencia” que, entre sus funciones, también tienen la de la protección de los datos personales. Hay uno local, y otro nacional. En ese sentido, el Instituto de Acceso a la Información Pública de Oaxaca, actualmente es competente para regular este tipo de situaciones sólo en el caso de los entes públicos, o personas, empresas u organizaciones privadas que reciban recursos públicos.

En todos los demás casos, el competente es el Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública, ya que éste es quien tiene el deber de garantizar la protección de los datos personales en poder de particulares, según la Ley de protección de datos personales en poder de los particulares. El problema es que el INAI —antes IFAI— no tiene representaciones regionales o delegaciones estatales, lo que dificulta que un ciudadano pueda presentar algún tipo de recurso en contra de prácticas como las antes mencionadas.

EMPUJAR LAS REFORMAS

En el caso de Oaxaca, el IAIP que encabeza Francisco Álvarez, ha sido sensible a este tipo de señalamientos y por eso ha impulsado la colaboración con la autoridad electoral para regular lo mayor posible las actividades políticas en este periodo de campañas. Junto a esto, Álvarez ha sido insistente en concientizar a la ciudadanía sobre el permiso que otorgan —muchas veces por desconocimiento—, para el uso de sus datos a empresas, redes sociales, bancos, telefónicas, o al descargar aplicaciones en sus teléfonos móviles, y después les extraña el uso de los mismos en campañas o precampañas. Por ello, debe haber conciencias, pero también reformas, para que la autoridad regule eficazmente estas situaciones.

Candidaturas independientes: fueron hechas para no prosperar

Ind. Oax.

+ Financiamiento raquítico, una forma de mantenerlos sometidos


Los candidatos independientes se encuentran en una franca desventaja frente a los abanderados de los partidos políticos. El sistema político abrió el espectro a las candidaturas independientes, como una forma de frenar las críticas internacionales derivadas de la sentencia Castañeda versus México de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la que ésta resolvió que el Estado mexicano debía abrir la posibilidad de que candidatos sin partido pudieran contender en los procesos electorales ordinarios. La apertura fue a medias porque, por diversas razones, la figura es inoperante. Y parece buscar la condena de los independientes o a la inanición, o a lo mal habido, para poder competir.

En efecto, en Oaxaca es muy probable que existan ocho candidatos a la gubernatura, de los cuales uno será por la vía independiente. El ciudadano Juan Manuel García López será candidato independiente, en un contexto de franca desigualdad frente a los candidatos de los partidos, derivada de la forma en que estructuralmente fue concebida la vía independiente, como mecanismo de participación en los asuntos políticos del país. Vale la pena revisar los altísimos requisitos que la ley y las instituciones electorales le exigen a quienes aspiran a un cargo público por la vía independiente, y la inequitativa forma de acceso a los medios y los recursos para llevar a cabo la labor proselitista que, se supone, es uno de los pilares para la renovación de la democracia representativa.

En ese sentido, el caso de Oaxaca es particular porque la Constitución local contempla la existencia de las candidaturas independientes para cargos públicos, pero por virtud de la resolución del cinco de octubre pasado, en el que el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional el contenido total del decreto 1290, publicado el nueve de julio de dos mil quince, en el tomo XCII, extra, del Periódico Oficial del Estado de Oaxaca, por medio del cual se expidió la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales del Estado de Oaxaca. Esa situación obligó al Consejo General del IEEPCO a emitir un Acuerdo (IEEPCO-CG-23/2015) mediante el cual estableció los lineamientos generales para las candidaturas independientes.

En dicho acuerdo se establece, entre otras cosas, que para que un ciudadano pueda solicitar al Instituto que se le considere como aspirante, debe entregar la constancia de la constitución de una asociación civil con las mismas características de un partido político y que tenga ya una cuenta bancaria abierta, con esas mismas características equiparadas. Luego, dice el artículo 13 del anexo de dicho acuerdo que “una vez que el ciudadano interesado obtengan la calidad de aspirante podrá realizar actos tendentes a recabar el porcentaje de apoyo ciudadano requerido por medios diversos a la radio y la televisión, siempre que los mismos no constituyan actos anticipados de campaña…”. Es decir, debe hacer una primera campaña, totalmente a ras de suelo, realizada con recursos propios, y sin acceso a ningún tipo de medio de información, para obtener el apoyo ciudadano que, valga decirlo, tampoco es fácil de lograr en el porcentaje que señala la ley.

En ese sentido, dice el artículo 16 del citado acuerdo que para la candidatura de Gobernador, la cédula de respaldo deberá contener cuando menos la firma de una cantidad de ciudadanos equivalente al 2 por ciento de la lista nominal de electores correspondiente al estado de Oaxaca, con corte al 31 de agosto del año previo al de la elección, y estar integrada por electores de por lo menos trece de los veinticinco distritos; en ningún caso el porcentaje de la cédula de respaldo en los trece distritos electorales será menor al 1% de ciudadanos que figuren en la lista nominal de electores de cada uno de ellos.

¿Qué significa eso? Que, en términos sencillos, quien aspira a una candidatura independiente se enfrenta a un universo de electores potenciales de alrededor de dos millones 800 mil inscritos en el padrón electoral; que debe obtener, en total, unas 56 mil firmas de apoyo, pero que debe hacerlo en al menos 13 de los 25 distritos electorales y, además, que en cada uno de esos trece distritos debe obtener cuando menos el uno por ciento del apoyo ciudadano, en cada uno.

Es decir, para conseguir su candidatura, un ciudadano sin partido debe recorrer al menos la mitad del territorio estatal, y hacer una mini campaña en la que no puede incurrir en ninguno de los actos considerados como “anticipados de campaña”, pero en la que sí debe convencer a miles de personas para que le firmen sus cédulas de respaldo ciudadano.

CANDIDATURAS MENGUADAS

Existe otro Acuerdo del IEEPCO, en el que se establecen los montos de financiamiento público para las campañas que, para variar, también es increíblemente inequitativo frente a las posibilidades de financiamiento de los partidos políticos y sus candidatos.

En ese sentido, se establece como punto de referencia de la propia ley, que un partido de nueva creación tiene derecho a recibir el dos por ciento del monto global que reciben los partidos para su financiamiento ordinario. En Oaxaca, se establece, dicho monto global es de $129,961,923.64 (ciento veintinueve millones novecientos sesenta y un mil novecientos veintitrés pesos 64/100). Por ende, a un partido de nuevo registro le corresponderían $2,599,238.46 (dos millones quinientos noventa y nueve mil doscientos treinta y ocho pesos 46/100 M. N.). Y se establece que, según la Ley General de Partidos Políticos, a las candidaturas independientes se les destinaría la mitad del monto asignable a un partido de nueva creación. Por ende, a todos los candidatos independientes en el proceso electoral 2015-2016 (diputados locales, autoridades municipales y a gobernador) se les entregará el fabuloso monto total de $1,299,619.23 (un millón doscientos noventa y nueve mil seiscientos diecinueve pesos 23/100 M. N.) por concepto de gastos de campaña, el cual se debe dividir entre todos para sus actividades proselitistas.

CAMPAÑAS DE SALIVA

Juan Manuel García López tendrá, por ende, 432 mil 773 pesos para los sesenta días que duren sus actividades de campaña. Esto no tiene comparación con lo que gasta cualquier candidato en un solo mitin en cualquier día dentro o fuera del tiempo de campaña. Por eso decíamos ayer que, o los independientes hacen campañas testimoniales, u optan por venderle su alma al diablo para competirle a los candidatos de los partidos.

¿En Oaxaca nadie apuesta a la legitimidad democrática de los comicios?

Elecciones

+ Elección turbia, judicializada y confrontada, lo que los partidos alientan


Es preocupante que en Oaxaca tanto las fuerzas políticas, como sus candidatos y estrategas, apuesten en general a la judicialización del proceso electoral, como si eso lograra darles la ventaja que ellos mismos creen no poder conseguir en las urnas. En este momento en que el registro de candidatos a la gubernatura se cerró, y que sólo faltan días para que inicien las campañas, pensar en una campaña de legitimidad democrática debiera ser el factor real a conseguir, y no la judicialización y la turbiedad a la que todos parecen estar apostando.

En efecto, en Oaxaca hay un escenario lleno de particularidades que debe ser considerado en este tiempo de campañas que apenas inicia. Habrá al menos ocho candidatos a la gubernatura, en un espectro que implica varias cuestiones novedosas, complejas e incluso inestables. Por el bien del resultado electoral, ese escenario ya de por sí complicado, tanto los partidos como sus candidatos no deberían añadirle más turbiedad, aunque parece que esa es exactamente su apuesta. Por eso los ciudadanos debemos estar atentos a algunos aspectos básicos que parecen tratar de someter, pero que desde la ciudadanía deben resaltarse por el bien de la afligida democracia, que a pesar de todo intenta subsistir en Oaxaca.

Uno. En Oaxaca hay un vacío legal, que parece ser el escenario propicio para una elección turbia. En realidad, hasta el momento todos los partidos y sus candidatos parecen apostar abiertamente al hecho mismo de que como no existe una legislación específica para regular el proceso electoral, ellos tratarán de buscar en tiempo real los límites de la ley y de la actuación de la autoridad electoral. Por eso hemos visto que sostenidamente han llevado a cabo actos flagrantemente violatorios de la ley, y sólo los han frenado en la medida en que la autoridad se ha tratado de imponer (con más fallas que aciertos) frente a la intención de buscarle el límite material a la ley.

Dos. En este proceso electoral conviven figuras de los dos sistemas electorales: el vigente pero carente de contenido legal; y el derogado, pero revivido por decisión de la Corte. Este es un problema mayor, ya que la resolución del 5 de octubre pasado por parte del pleno de la Suprema Corte dejó sin efectos una buena parte de la legislación secundaria en materia electoral, y obligó a que este proceso se lleve a cabo según muchas de las reglas del antiguo CIPPEEO, que se supone que había quedado abrogado por la emisión de la legislación secundaria de la reforma política. El resultado de todo eso, es que el viejo Código Electoral establece reglas básicas para la realización del proceso, pero hay muchas figuras constitucionales no reguladas, y que el Congreso local no permitió que el OPLE-IEEPCO reglamentara provisionalmente por considerar que ello invadía la facultad legislativa que es exclusiva de la Legislatura del Estado. Todos están parcialmente en lo correcto. Pero el problema es que en medio de todo eso queda una enorme laguna legal que será con el desarrollo del proceso se convertirá en la piedra angular de la anarquía, los excesos, y las situaciones de hecho que la autoridad electoral no podrá regular o castigar en el tiempo y la forma en que esto debería ocurrir normalmente.

APUESTA POR LA ILEGITIMIDAD

Tres. La autoridad electoral tiene, por ende, una ilegitimidad de origen que no debe ser ahondada. ¿Qué pasará cuando el IEEPCO intente ejercer, en sentido estricto, su papel de autoridad reguladora del proceso electoral? Lo primero que ocurrirá, casi en automático, es que los partidos y/o sus candidatos intentarán desacreditar las decisiones de la autoridad electoral (incluso de los tribunales) argumentando que no tienen las facultades completas como para imponer sanciones o de establecer ciertos parámetros de comportamiento que limiten su rango de actuación. Frente a ese posible intento, la apuesta ciudadana tendría que ser justamente por el reconocimiento de la legitimidad de la autoridad electoral, y no por convertirse en paleros de quienes, adrede, buscan establecer la duda de la ilegitimidad en ellos.

Cuatro. Los partidos apuestan, premeditadamente, a la impugnación de cada una de las etapas del proceso electoral, de las decisiones de la autoridad, e incluso de las resoluciones de los tribunales, como si ese fuera su factor de triunfo. A estas alturas, parece que nadie reconoce que los protagonistas de fondo en un proceso electoral son los ciudadanos. Por eso vemos que cada partido, toma acciones casi frente a cada movimiento que hacen sus adversarios electorales. Prácticamente todas las fuerzas políticas pretenden ganar en los tribunales lo que no parecen estar convencidos de hacer en las urnas. Y el problema es que una elección excesivamente judicializada y dirimida esencialmente en los tribunales, y no en las urnas, es por definición el preludio de un periodo de gobierno lleno de turbiedades y cuestionamientos que se vuelven conflictos de gobernabilidad inminentes.

Cinco. Otro aspecto relevante, es que habrá una enorme disparidad entre los candidatos. Esto no es culpa más que de los partidos y sus alianzas. Pero todo parece indicar que en Oaxaca los partidos seguirán una ruta similar a la de la pobreza: los partidos o coaliciones más grandes habrán de ensancharse, mientras que los partidos pequeños llevan una ruta franca a la desaparición. ¿A quién le perjudica esto? A la democracia representativa que, se supone, ha luchado por integrar la mayor cantidad de minorías posibles en aras de la pluralidad democrática. Esto corre un grave riesgo.

HAY UN INDEPENDIENTE

Hay un sexto aspecto relevante, dentro de esta lista que tiene muchos más puntos que los enumerados en esta entrega: En Oaxaca hay un candidato independiente, que hará campaña en una franca desventaja frente a los abanderados de los partidos políticos. Juan Manuel García López será candidato independiente a la gubernatura, en una abierta y abominable desventaja tanto de capacidad de movilización en las regiones del estado, como de financiamiento. ¿Qué un independiente está condenado a hacer un papel meramente testimonial, por no contar con la estructura y el dinero que sí tienen los partidos político o, en su defecto, venderle su alma al diablo (o al dinero mal habido) para librar una batalla más o menos equitativa con los partidos?

La sucesión en la UABJO ya comenzó judicializada

Martínez

+ Consejeros se amparan; van por Comisión Electoral


Uno de los problemas que ya enfrenta el grupo del rector Eduardo Martínez Helmes en la sucesión de Rector en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), es el de la judicialización de dicho proceso. Uno de los varios grupos disidentes decidió arrancar este proceso sucesorio presentando un amparo en contra de la conformación de la Comisión Electoral. La elección de la próxima autoridad universitaria bien podría tener un destino aparejado al de dicha demanda de garantías.

En efecto, el ocho de marzo pasado el rector Helmes intentó realizar, a hurtadillas, una sesión extraordinaria del Consejo Universitario que tenía como punto fundamental la conformación de la Comisión Electoral que conduciría los trabajos rumbo a la renovación de la rectoría, que debe ocurrir en el mes de mayo. Dicha sesión fue reventada por alumnos de la escuela de Ciencias que reclamaban respeto a la elección de su director, pero también por un grupo importante de consejeros universitarios que no estaban conformes con la realización a modo de una sesión de Consejo, con la intención del Rector de que la Comisión Electoral estuviera conformada sólo por personas afines a su grupo político.

Aquella sesión reventada causó estupor entre la comunidad universitaria, que hacía ya varios lustros que no había visto un episodio como ese. Dicha sesión se llevó a cabo algunos días después pero ya con una fuerte presencia policiaca, en un auditorio resguardado por la fuerza pública estatal, y con una asistencia que nunca quedó claro si alcanzaba a ser la mínima necesaria como para que el Consejo Universitario pudiera llevar a cabo actos deliberativos y resolutivos. Rectoría dijo que tal sesión, llevada a cabo en la Escuela de Bellas Artes, sí cumplía con los requisitos legales. Sólo que en este periodo un grupo de consejeros universitarios presentó un amparo que puede ser decisivo para la comunidad universitaria en este convulsionado proceso.

En primer término, los más de cuarenta quejosos que presentaron dicha demanda de amparo —todos ellos integrantes del Consejo Universitario— reclaman a la justicia federal la protección en contra de los actos del rector Martínez Helmes, que pueden resumirse en tres puntos:  Primero, la falta de notificación y emplazamiento que se omitió hacerles de manera de manera personal y con las formalidades de Ley para concurrir a la Sesión Extraordinaria del H. Consejo Universitario de la UABJO, del que los quejosos son miembros, y que se llevó a cabo el día 11 de marzo a las 11:30 horas, en el edificio que ocupa la Facultad de Bellas Artes en esta ciudad.

Segundo, la ilegal integración que se hizo del H. Consejo Universitario de la UABJO el día 11 de marzo a las 11:30 horas, ya que ésta no se realizó con el quórum establecido en su Ley Orgánica, es decir con  los dos tercios del total de sus miembros tal como lo establecen los artículos 30 y 40 de la ley Orgánica de la UABJO. Y consecuentemente, como tercer punto a reclamar, la ilegal designación que hizo el H. Consejo Universitario de los miembros de la Comisión Electoral, sin haber sido integrado por lo menos con el Quórum establecido.

Ahora bien, los quejosos en esa demanda reclaman a la Comisión electoral, todos los actos posteriores que pretenda realizar, o que realice, la Comisión Electoral elegida ilegalmente como lo son: actualizar el padrón de miembros de la comunidad universitaria; difundir en todas las unidades académicas y administrativas el padrón electoral universitario; redactar la Convocatoria y difundir la misma para la Elección del Rector de la UABJO por el periodo del mes de mayo del 2016 al mes de mayo de 2020; la realización de elecciones por medio del voto universal y directo de todos los miembros de la UABJO para elegir rector de la misma para el periodo 2016-2020; y eventualmente hacer la toma de protesta de la persona que resulte electa para ser rector de la UABJO por el periodo citado, y cualquier otro acto que pretenda realizar el Comisión Electoral con base en su ilegal designación.

LEGALIDAD EN ENTREDICHO

Básicamente, los quejosos en dicha demanda de amparo alegan ser consejeros universitarios y que por lo tanto debieron ser convocados para estar presentes en la Sesión Extraordinaria convocada por el Rector para celebrarse el día 11 de marzo del presente año, “sin embargo —alegan en el escrito de demanda, de la que esta columna tiene copia— nos enteramos de esta sesión que se celebró en el Edificio de la Escuela de Bellas Artes ubicada en el lugar bien conocido a un costado de la Plaza de la Danza a puerta cerrada y con una vigilancia policiaca el día y hora antes indicada, sesión que nos enteramos de su realización por los medios informativos impresos y/o electrónicos que se conocen en nuestra ciudad, es decir en ningún momento fuimos notificados de manera personal y formal de la celebración de esta sesión”.

Asimismo señalan que de acuerdo a lo dispuesto en la Ley Orgánica de la mencionada Universidad, el Quórum necesario requerido para la validez de las determinaciones o acuerdos del Consejo Universitario, debe integrarse con la presencia de las dos terceras pates del total de sus integrantes, y que la sesión que se llevó a cabo el día 11 de marzo que se impugna “no se integró con este mínimo de las dos terceras partes como lo demostramos entre otras formas con la firma de esta demanda de amparo de más de cuarenta consejeros universitarios que somos prácticamente la mitad de los miembros del consejo universitario que no asistimos a la sesión que se impugna por no haber sido notificados y citados a la misma”.

¿Qué buscan con esta acción? Que el juzgado federal que conozca de dicha demanda entre a la revisión de la forma en que se llevó a cabo dicha sesión extraordinaria del Consejo Universitario, y desde esa perspectiva lleve a cabo un control de legalidad y constitucionalidad para evitar que existan actos posteriores, que lleven a la consumación de los que ellos reclaman.

EMPECINAMIENTO

Al final, nada de esto estaría ocurriendo si el ánimo del rector Martínez no fuera el de seguir pisoteando y ninguneando a los grupos internos de la Universidad, con acciones que tienen todos los elementos de un claro y certero albazo. De prosperar dicha demanda de amparo obligará a la reposición de todos los actos relacionados con el proceso electoral universitario. No había necesidad de tal turbiedad. Pero tal parece que los Martínez simplemente no entienden razones.

Aunque no haya armonización estatal, la Corte debe dictar pautas

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SCJN

+ Congreso adecuará legislación educativa aunque no haya castigo


Es inminente el vencimiento del plazo que dio la Suprema Corte de Justicia de la Nación al Congreso de Oaxaca para la armonización de las normas locales en materia educativa. A estas alturas, aún no hay certeza de que eso vaya a ocurrir. Por eso, al margen de cualquier vaivén local, lo que debería ocurrir es una intervención federal más decidida para dar contenido a las lagunas que existen por la ausencia de una ley estatal de educación acorde con la nueva legislación federal.

En efecto, en septiembre del año pasado, la Suprema Corte estableció que el Congreso del Estado de Oaxaca y el gobernador Gabino Cué Monteagudo, contaban con un plazo perentorio de seis meses para armonizar la Constitución local y sus leyes secundarias con lo que establece la reforma educativa en materia de evaluación docente. En aquel momento, el Pleno del Máximo Tribunal determinó que los Poderes Legislativo y Ejecutivo de Oaxaca han sido omisos en cambiar sus leyes locales por un año y medio.

Asimismo, el Pleno de la Corte explicó que aun cuando el Gobernador de Oaxaca intentó deslindarse de la omisión legislativa en la que incurría el Estado de Oaxaca, argumentando que él entregó una iniciativa de reforma en la materia, su responsabilidad en el proceso concluye hasta que la nueva ley se promulgue, lo que no ha sucedido en el caso de la reforma educativa. Por lo anterior, los ministros concluyeron que la omisión es responsabilidad del Congreso de Oaxaca y del Poder Ejecutivo local, por lo que ordenaron a ambos poderes que en el próximo periodo ordinario de sesiones aprueben, publiquen y promulguen nuevas leyes estatales en materia de educación.

Si tomamos en cuenta que dicha resolución fue dictada por el pleno de la Corte el 29 de septiembre del año pasado, y que en él se estableció un periodo de seis meses para dicha armonización, entonces dicho plazo vencería la semana próxima, el 29 de marzo. Incluso, si se toma en cuenta una interpretación extensiva del plazo otorgado por el Alto Tribunal al Congreso y el Ejecutivo del Estado, entonces éste vencería el 15 de abril, junto con la conclusión del primer periodo ordinario de sesiones, del tercer año de la LXII Legislatura local.

Frente a esto, el gobernador Gabino Cué Monteagudo, dijo ayer que la Ley Estatal de Educación que se apruebe en el Congreso del Estado para cumplir con el mandato de la Corte, tendrá que ser armonizada con la Reforma Educativa, toda vez que no pueden ir en contra de la Constitución. Aseguró que desde un inicio dejó en claro a las y los maestros de los Sección 22 del SNTE que no se puede aprobar una ley anticonstitucional. De hacerlo, manifestó, los legisladores locales serían sujetos a juicio político para desaforarlos e incluso podrían ir a la cárcel, “eso ya lo saben y están conscientes (…) “Yo siempre fui claro con ellos (S-22), les dimos todas las facilidades del ejercicio democrático para una iniciativa de ley, yo fui claro de que se tenía que cuidar que no fuera inconstitucional porque la Suprema Corte podría señalar vicios”.

Y aunque de hecho parece que ahora sí hay conciencia tanto en el Ejecutivo como en el Congreso de la urgencia de emitir la legislación faltante, ello no significa ni que se vaya a aprobar una ley educativa en el plazo establecido por la Corte (es decir, antes de que finalice el actual periodo legislativo, que ha tenido más interrupciones que verdaderos momentos de trabajo), ni que su contenido vaya a ser ad hoc a las normas federales correlativas ya vigentes.

¿CALLEJÓN SIN SALIDA?

La posibilidad de una segunda controversia siempre estuvo vigente. Pues, de hecho, el Congreso local puede cumplir con el mandato de la Corte emitiendo una ley educativa, la que sea, independientemente de su contenido. La sentencia emitida en septiembre pasado lo que manda es a que se emita la norma. Por eso, una vez aprobada y publicada, el gobierno federal podría presentar una segunda controversia, ya no por la omisión legislativa —como en este caso— sino ahora sí en contra del contenido de la norma.

Esto plantea una posibilidad real a la que el Congreso local podría acudir para cumplir con la emisión de la ley pero sin romper su ominoso esquema de lealtad y sometimiento al magisterio oaxaqueño, ya que independientemente de lo que la Corte diga en sus sentencias, es imposible que lograra obligar al Congreso a emitir una legislación de contenidos específicos.

Ahora bien, el señalado anteriormente, es el camino lógico que seguiría una disputa abierta entre la Corte y los poderes locales, a los que técnicamente no podrá obligar a legislar, ya que el acto legislativo es, por naturaleza, colegiado y libre. ¿Qué podría hacer la Corte frente a ese límite de su actividad jurisdiccional, en lo que toca a los deberes de los estados de la república frente al federalismo constitucional? Podría optar por la vía, aceptada en otros sistemas jurídicos, de erigirse en una especie de “legislador sustituto”.

¿A qué nos referimos? A que el hecho de hacer una declaratoria de “omisión legislativa absoluta”, no sirve de nada. No arregla el problema existente ni es suficiente para obligar a dos poderes locales a hacer algo que no quieren o no han tenido condiciones para realizar. Entonces lo que quedaría es que, en virtud de las amplias facultades que le otorga a la Corte tanto el artículo 105 constitucional, como la ley reglamentaria de dicho numeral, para proveer lo que sea necesario para que se cumpla con lo que dispone la Constitución, podría emitir reglas provisionales y extraordinarias —dada la naturaleza del caso— en materia educativa estatal, para aplicarse en tanto el Congreso emite la norma y así evitar que el vacío legal siga generando consecuencias negativas para los dos órdenes de gobierno, y para los mismos trabajadores de la educación que en diversas situaciones deben estar en el limbo jurídico.

INTERVENCIÓN DE LA CORTE, ¿ANTIFEDERAL PERO NECESARIA?

Si la Corte y los poderes federales quieren de verdad contribuir a que haya un marco jurídico funcional para Oaxaca y la federación, entonces deben tomar medidas para subsanar, provisional o definitivamente, la omisión legislativa. Si lo que quieren es seguir utilizando a Oaxaca como piñata política, entonces optará por declarar la “omisión legislativa absoluta” y fijar plazos que de todos modos no tienen manera de hacer cumplir coercitivamente.

Benjamín emprende campaña de odio para hacerse notar

BenRobles

+ Con guerras intestinas, candidatos de izquierda se anulan


 

En las últimas semanas, el senador con licencia y candidato del PT a la gubernatura del Estado, Benjamín Robles Montoya, se ha dedicado a propalar no su propuesta de trabajo o la plataforma política que —según— lo respalda. Su intención, más bien, ha sido la de establecer una especie de campaña de odio en contra de sus adversarios políticos que, en el fondo, no es sino la continuación de la ruta que delineó desde hace meses de deslindarse y señalar al gobierno de Gabino Cué, como estrategia de campaña y de identificación con los electores. ¿Es esta la forma de hacer campaña que necesita Oaxaca?

En efecto, desde agosto del año pasado, Robles Montoya sorprendió cuando inusitadamente anunció que presentaría denuncias ante la Procuraduría General de la República en contra de Jorge Castillo, a quien dijo que acusaría de tráfico de influencias. Robles dijo en aquel momento tener las pruebas necesarias de los actos de corrupción como el desvío de recursos del programa de cocinas comunitarias, la compra de propiedades en Estados Unidos y las acusaciones de empresarios mexicanos sobre las “mordidas” que exigiría Castillo Díaz para poder trabajar en Oaxaca. ¿Qué buscaba en realidad?

Robles, evidentemente, no buscaba un acto de justicia en sí mismo, sino más bien establecer una ruta de campaña en la que, según sus cálculos, pudiera no sólo alimentar sus activos políticos denunciando la corrupción y dándose nuevos baños de pureza respecto al ejercicio público, sino que también buscaba con esa primera acción “captar” —según su estrategia— a todas las personas que estaban cansadas de la corrupción en el sector público, y que por tanto se sentirían identificadas con alguien “valiente” y dispuesto a denunciar los actos y a las personas que incurrían en esas prácticas.

Dicha estrategia, funcionó en la medida en que Robles pudo captar la atención de los medios y de algunos sectores de la sociedad con dichas denuncias. Lo que nunca aceptó, es que esas denuncias tendrían un irremediable efecto bumerang que nunca quiso y pudo atender: el de todos aquellos que, aún denunciando la corrupción, lo ubicaron como un traidor al régimen que lo había encumbrado como Senador de la República. Ese fue un daño colateral que Robles no quiso enfrentar, y más bien decidió seguir adelante en su idea de deslindarse del grupo político al que él mismo perteneció pero que ya veía que no le abriría la puerta de la candidatura a Gobernador.

Así, lo que pasó es lo que hemos visto en los meses recientes: Robles marcó una primera ruta en la construcción de una candidatura independiente a través de su red de organizaciones sociales “Unir Oaxaca”; luego fue convencido de participar en el proceso interno del Partido de la Revolución Democrática, en el que finalmente fue vencido por un Consejo Estatal incondicional del grupo gobernante; y finalmente anunció su candidatura a Gobernador con la escisión del Partido del Trabajo, y su postulación a través de esa y otras fuerzas políticas. Habríamos pensado que con eso se habría dado por satisfecho. Pero no.

Hace unos días, Robles nuevamente arremetió contra el perredismo y el grupo que lo respalda, con una rudeza pocas veces vista en una campaña proselitista. Al responder un video fabricado por sus adversarios, y dado a conocer en redes sociales, en el que se le hacen varias acusaciones —todas, naturales dentro de un proceso electoral— éste respondió amenazando directamente al Gobernador. Lo llamó, por ejemplo, a “no estar tranquilo”, a que “cuente las horas” y, en esencia, a un abierto ajuste de cuentas como si esto fuera un asunto personal, y no política.

¿EL ODIO COMO ESTRATEGIA?

A estas alturas, ya existe una preocupación genuina por corroborar si de verdad esta forma de Robles Montoya de hacer política, es una forma establecida en una estrategia con un derrotero definido, o si es el reflejo de una serie de conductas personales que se intentan imponer a un proyecto de trabajo. En cualquiera de los dos casos, parece que la única “salvedad posible” —y eso, en términos por demás relativos— podría estar en que todo esto fuera parte de una “estrategia política”, aunque finalmente salta a la vista la peligrosidad de jugar con el rencor como estrategia de campaña.

Pues en el fondo, lo que cada vez queda más claro es que, primero, Robles Montoya hoy en día busca ganar terreno no a través de la victimización frente a sus adversarios del PRD, sino ante el enfrentamiento abierto por el resultado del proceso interno perredista y la ruptura de la coalición PAN-PRD-PT; y segundo, que esa estrategia lo está poniendo en la peligrosa situación ya de no poder establecer otra ruta de discurso y de campaña, que no sea la de la revancha en contra de quienes —en su lógica— lo despojaron de una candidatura que le pertenecía.

Frente a todo eso, tendrá que enfrentarse con una variable que quién sabe qué tan medida tenga en realidad, más allá de las percepciones: cuántos oaxaqueños, en cada una de las regiones del estado, se encuentra verdaderamente inconforme y harta de los actos de corrupción que él se ha encargado de denunciar.

Es evidente que en las zonas urbanas —como cada seis años— el gobierno saliente enfrenta un proceso de agotamiento casi natural, y que hoy en día a todos los gobiernos se les acusa de corrupción como estrategia política, hayan o no incurrido en ella; pero sobre lo que no hay certeza es qué tanto el votante natural sabía y estaba consciente de los actos de corrupción que Robles Montoya ha denunciado, o si este ha sido un discurso en el que él mismo es quien les ha llevado la “noticia” de algo que en las comunidades rurales no conocían o percibían en la magnitud que denuncia Robles.

CLAROSCUROS

En el fondo, hay otras certezas que no ayudan a Robles. En el imaginario colectivo, la idea que ronda es que la división de las fuerzas de izquierda va a terminar por anularlas; que al impregnarse demasiado de sus propias venganzas, Robles quedará irremediablemente contaminado por ellas; y finalmente tampoco le ayuda la acusación mutua con José Antonio Estefan Garfias, de que cualquiera de los dos, o ambos, fungen como arietes del PRI en esta campaña proselitista. Así, no puede haber triunfo cuando la apuesta es por el encono y la derrota.

Colosio: su muerte siempre será una gran derrota para México

Colosio

+ Discurso del seis de marzo no lo condenó; más bien, lo delineó


 

Hoy que se cumplen 22 años del asesinato del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, parece momento propicio para revalorar su papel como candidato, así como el ideario político que se vio truncado en 1994 por Mario Aburto Martínez. Más allá de las teorías conspiracionistas, y de la añeja interrogante de quién lo mandó a asesinar, y por qué, lo que hoy vale la pena hacer es revalorar sus planteamientos políticos y la valía del famoso discurso del seis de marzo —en el que los conspiracionistas apuntan que selló su sentencia de muerte— como eje para entender los fundamentos políticos de Colosio Murrieta.

En efecto, seguramente Colosio no habría sido el gran reformador de México, porque —entonces, como ahora— la propia dinámica nacional le habría impuesto innumerables condiciones para establecer un programa ideal de gobierno. Acaso, lo que vale reconocer es que el malogrado candidato priista representaba el cambio generacional que apostaba a una transición política moderada, y que su muerte truncó esa posibilidad, por lo que el país entró en un vórtice de transición violenta no en el sentido material, sino en lo relacionado con el paso a la alternancia en un marco de inestabilidad política, de profunda incertidumbre económica, y de un crecimiento exponencial de los problemas sociales del país como la pobreza, la marginación, la exclusión y el desempleo.

Por esas razones, hoy lo que debe seguir valiendo la pena es entender la trascendencia que tenía en aquel momento un individuo como Colosio Murrieta, en sus planteamientos políticos y en su visión de México. Junto a eso, es importante también entender el verdadero valor de su discurso, y particularmente del que pronunció unos días antes de su muerte. Hay prácticamente nada de cierto en que ese fue el sello de su destino. Y más bien, al reducir tal discurso a eso, se pasan por alto aspectos fundamentales de cómo él también concebía la transición a la democracia como un camino ineludible para México, pero en una forma distinta a como finalmente ocurrió. Hay algunos pasajes de dicho discurso que vale la pena repasar en este 22 aniversario luctuoso del abanderado priista:

  1. El PRI reconoce su responsabilidad y ésta es de la mayor importancia para el avance político de México. Los priístas sabemos que ser herederos de la Revolución Mexicana es un gran orgullo, pero ello no garantiza nuestra legitimidad política. La legitimidad debemos ganarla día con día.
  2. Nadie podrá sustituir nuestro esfuerzo. Nadie podrá asegurarnos un papel en la transformación de México si nosotros no luchamos por él, si nosotros no lo ganamos ante los ciudadanos. Quedó atrás la etapa en que la lucha política se daba, esencialmente, hacia el interior de nuestra organización y no con otros partidos. Ya pasaron esos tiempos. Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar.
  3. Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley! No pretendamos sustituir las responsabilidades del gobierno, pero tampoco pretendamos que el gobierno desempeñe las funciones que sólo a nosotros, como partido, nos corresponde desempeñar.
  4. No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad para aprender, para innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos. ¡México no quiere aventuras políticas!. ¡México no quiere saltos al vacío!. ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces!. ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!

REFORMAR AL PODER

  1. Proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado. Como candidato del PRI a la Presidencia de México reafirmo mi compromiso indeclinable con la transformación democrática de México. Que se entienda bien: ese día sólo podrá haber un solo vencedor. Sólo es admisible el triunfo claro, inobjetable, del pueblo de México. Y para que el pueblo de México triunfe el 21 de agosto, los partidos políticos -todos- tendremos que sujetarnos a la ley y sólo a ella, sin ventajas para nadie, sin prepotencias, sin abusos y sin arbitrariedades.
  2. Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales. Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.
  3. Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los templos de poder y el abandono de nuestras comunidades. ¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!
  4. Reitero que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo que confía más en los hechos que en las palabras. Pero por eso mismo, soy un hombre de palabra, un hombre de palabra que la empeño ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto: un cambio con rumbo y con responsabilidad. El gran reclamo de México es la democracia. El país quiere ejercerla a cabalidad. México exige, nosotros responderemos.

COLOSIO, HOY

Lejos, pues, de ser una sentencia de muerte, el discurso más famoso de Colosio es tan actual como hace 22 años. Bien pudo haber sido pronunciado hace dos semanas, y tendría el mismo valor de lo que anhelamos los mexicanos. En eso radica su verdadera trascendencia.

AMLO revela el oportunismo de ir por lo que queda de la Sección 22

AmloenOaxaca

+ Propuestas desorbitadas: devolver a S22 control educativo en Oaxaca


Ayer el líder nacional del Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador, vino a Oaxaca a tratar de rescatar lo que queda de la estructura electoral de la Sección 22 del SNTE. Sin la presencia de la dirigencia formal del magisterio, pero sí con toda la estructura de su partido en la entidad, López Obrador prometió devolverle a los profesores la rectoría de la educación, e impulsar una ley educativa estatal acorde con el PTEO de la CNTE. Este es un acto vil de oportunismo que, además, intenta nuevamente engañar y sorprender a los propios integrantes del magisterio oaxaqueño.

En efecto, ayer López Obrador firmó con maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —sin la presencia de la dirigencia seccional— un convenio para ir juntos en contra de las reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto, principalmente la Educativa. López Obrador dijo que este acuerdo “es para fortalecer la educación pública de Oaxaca”. Asimismo, lamentó que el Gobierno de Oaxaca “quiera implementar una Reforma Educativa sin el consenso de los maestros”, y dijo que de ganar Morena la gubernatura “se va a detener por completo la injusta campaña de desprestigio en contra de las maestras y los maestros (…) y Oaxaca dejará ser un escenario de conflicto y será laboratorio para la educación en el país”, remató.

Al respecto, AMLO dijo que el actual convenio buscará llevar un programa de transformación social y educativa para los oaxaqueños; que buscarán desde el Gobierno del Estado impulsar una nueva ley apegada al Plan para la Transformación Educativa de Oaxaca (PTEO) y buscarán la cancelación de la reforma educativa en Oaxaca.

Asimismo informó que se creará la Secretaría de Educación Pública, que será dirigido por un personaje nombrado por una terna que presentará el magisterio y que tendrá como requisito que sea originario de la entidad y con una licenciatura en pedagogía o en escuela normal. Resaltó que de llegar a la gubernatura será el cese a la represión, además de que se pagarán los sueldos a los profesores y se buscará la libertad de los presos políticos. Pero, eso sí, este convenio tendrá como objetivo principal votar por los candidatos de Morena el próximo 05 de junio.

Evidentemente, con todas esas promesas lo que busca López Obrador es alimentar una clientela política, y una estructura electoral, que por el momento se encuentra desarticulada y que, por su misma circunstancia, se encuentra totalmente alejada del momento electoral que vive Oaxaca.

En ese sentido, llama la atención las desorbitadas promesas lanzadas por el tabasqueño, en el sentido de que, por ejemplo, crearán una ley acorde al PTEO. Ese es un vil engaño, pues tanto la iniciativa de ley que envió el gobernador Gabino Cué al Congreso hace casi dos años —en agosto de 2014—, como la planteada por la propia Sección 22, eran la transcripción fiel del Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca, con la diferencia de que el gobierno estatal no puede comprometerse a seguir ofreciendo estímulos económicos al magisterio, en paralelo a los que ya establece la federación.

¿Qué de diferente podría tener esa promesa de López Obrador a los profesores oaxaqueños? Básicamente, ninguna. Más allá de la demagogia de su retórica, y de lo aventurado de sus promesas, queda claro que el tabasqueño no tiene más camino que tratar de captar a la estructura de voto magisterial con la estratagema de la reivindicación de su lucha y del cumplimiento de sus demandas, a pesar de que todas y cada una de ellas a estas alturas constituyen hechos consumados que sólo con una reforma nacional tendrían la posibilidad de revertirse.

LUCHA ELECTORAL

En los últimos meses, la Sección 22 se ha seguido manifestando de forma intermitente, aunque sus demandas son muy focalizadas: una de ellas, consiste en la instalación de la mesa de diálogo con el gobierno estatal; y la segunda, en la exigencia de libertad inmediata e incondicional de los profesores que fueron detenidos el año pasado en el marco de la expropiación del IEEPO a la Sección 22.

Y una tercer demanda tiene que ver con el repudio a los anuncios federales de que existen más órdenes de aprehensión en contra de profesores que han participado en acciones sindicales que han derivado en violencia, o  en contra de profesores que retuvieron bienes propiedad del IEEPO, como vehículos y oficinas luego de que se les ordenó entregarlas a la autoridad educativa el año pasado.

¿Qué tiene de particular este conjunto de demandas?, nos preguntábamos en este espacio hace casi un mes (Al Margen 01.03.2016), cuando fue notoria la incapacidad del magisterio oaxaqueño para articularse respecto al proceso electoral que, para entonces, ya había arrancado. Y respondíamos: Que ninguna de esas demandas trae aparejada, ni implícitamente, la intención de participar o incidir en el proceso electoral, y ni siquiera de constituir una señal de que tienen al menos la intención de tener algún tipo de presencia en éste.

Parece que, en realidad, la Sección 22 enfrenta uno de sus escenarios más adversos al sólo poder demostrar desarticulación, baja convocatoria y, además, una circunstancia en la que el gobierno federal le cambió por completo los factores y las variables de negociación, al pasar del sostenimiento de la paz social y la gobernabilidad en Oaxaca (lo que negociaban todavía el año pasado al más alto nivel), a la demanda actual, casi implorada, de que establezcan una mesa de diálogo con el gobierno estatal.

OPORTUNISMO

Al final, esa desarticulación explica que, según el olfato político de López Obrador, este sea el momento de signar un pacto con el magisterio oaxaqueño. Según su lógica, a la 22 le falta un líder que los articule. Por eso la presencia en Oaxaca del tabasqueño, buscando capturar a la clientela política magisterial. Así, buscará llevarlos al escenario del activismo electoral a favor de su candidato. El problema es que Salomón Jara no tiene una sola posibilidad de ganar la gubernatura. Y como partido, Morena tampoco tiene posibilidad de concretar una bancada importante en la LXIII Legislatura del Congreso local. Por eso sus promesas son tan aventuradas: porque no las va a cumplir. Lo que sí va a lograr es el margen de votación para mantener su registro. Vilmente, pues, los va a utilizar. Es lo que mejor sabe hacer.

La memoria de Juárez paga las inconformidades sociales

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+ Hemos desvalorizado la grandeza y el legado de Juárez


En la historia y la memoria nacional, el personaje más grande que existe es el licenciado Benito Juárez García. Aunque son grandes próceres, ni el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, ni José María Morelos y Pavón, ni algún otro personaje de la historia mexicana, tiene o tendrá nunca la estatura moral y política de Juárez. El problema es que tal parece que en la actualidad hemos desvalorizado el legado político juarista, y por eso en Oaxaca —y en el país— pasamos esta fecha casi inadvertidamente y, de hecho, la hemos convertido en un espacio de protestas y no de conmemoración al mexicano más trascendente no sólo para nosotros, sino para el derecho y la comunidad internacional.

En efecto, el 21 de marzo es día feriado en México y no porque sea con motivo del inicio de la primavera. Cada día como hoy se conmemora el natalicio del licenciado Benito Juárez García, el indígena oaxaqueño que en tiempos de un clasismo y racismo galopante, se abrió paso entre todas las mujeres y hombres de poder en nuestro país, para establecer las directrices no sólo de lo que debía ser un Estado soberano, sino de la independencia continental frente a las potencias europeas.

En ese sentido, vale la pena salir del lugar común de la historia del niño indígena que huyó de Guelatao cuando se quedó dormido y perdió a sus ovejas, para entender en un sentido más amplio la grandeza de Juárez. La primera, fue la de haber logrado culminar estudios universitarios en tiempos en que éstos estaban reservados únicamente para la comunidad eclesiástica y para las clases sociales acomodadas.

En el México donde nació Juárez prácticamente toda la población era analfabeta, y quienes hablaban una lengua indígena estaban doblemente aislados. Primero por no saber español y después por no saber leer y escribir. Si remontar esas situaciones hizo a Juárez un personaje distinguido de las demás personas en Oaxaca, sus capacidades intelectuales y políticas fueron determinantes para defender las ideas republicanas —muy recientes en aquellos años— y sentar las bases del Estado contemporáneo que todavía hoy funciona en México bajo sus lineamientos.

Juárez era, en ese sentido, un liberal equilibrado aunque su verdadero rasgo distintivo estaba en su capacidad de entender qué necesitaba el país y el constitucionalismo, por encima de sus prejuicios personales o de sus posturas como político. Él entendió que la Iglesia debía estar separada del Estado, y por eso impulsó las llamadas “leyes de reforma” que le arrebataron a la iglesia las potestades relacionadas con la vida civil de las personas, y la limitaron en su capacidad de intervenir en los asuntos políticos del país.

Había para entonces muchos que pensaban que esas decisiones eran necesarias; pero no había tantos dispuestos, como él, a aplicar esos principios para poder iniciar un verdadero proceso de liberalización del Estado de las exigencias y dogmas políticos implantados por la Iglesia para mantener el control de los asuntos públicos. Juárez fue quien tomó esa pauta, que hasta la actualidad sigue rigiendo la actuación de las personas que detentan el poder político en México, y que no deja de ser punto de referencia para la sana distancia que deben tener el poder político y el poder religioso de nuestro país.

SEGUNDA INDEPENDENCIA

No es raro que muchos estadounidenses piensen que la independencia de México se conmemora el 5 de mayo de cada año. En muchas ciudades de aquel país, realizan fiestas, celebraciones y conmemoraciones en las que genuinamente sostienen que ese día fue determinante para la independencia de nuestro país. Aunque erran en la fecha y el momento político, en el fondo no están tan equivocados. ¿Por qué?

Porque si bien nosotros en México ubicamos al 5 de mayo como el día de la batalla de Puebla, en realidad lo que muchas veces no vemos en toda su magnitud es que esa fue una victoria icónica sobre el invasor francés, que a México venía de paso en su intento por lograr la conquista del territorio estadounidense.

Por eso, aunque esa no fue ni la primera ni la única batalla entre México y Francia, y aunque de hecho se cuentan más derrotas del ejército mexicano a manos de los franceses, que los triunfos nacionales sobre los europeos, el 5 de mayo es una especie de declaración de principios sobre la independencia no de México, sino de América, frente a las potencias europeas que entonces eran las más dominantes bélicamente hablando.

Pues resulta que Francia no únicamente aprovechó la debilidad institucional de México para tratar de establecer un imperio dependiente de ellos, sino que además buscaba la forma de aprovechar la guerra de secesión que estaba ocurriendo en los Estados Unidos en aquellos mismos años, para invadirlos e iniciar una segunda época de expansionismo europeo sobre las nuevas naciones en el nuevo mundo.

En ese sentido, Juárez fue el icono del fin de esos ánimos expansionistas, al resistir el largo asedio de los franceses que respaldaban el imperio de Maximiliano de Habsburgo; al llevar a cuestas el gobierno republicano en un éxodo de varios años, en el que la única finalidad era que no perdiera vigencia el constitucionalismo y la existencia del Estado mexicano como ente soberano; y finalmente, al ser quien de manera formal derrotó al imperio de Maximiliano, y expulsó definitivamente, y para siempre, los ánimos expansionistas de las potencias europeas en nuestro continente.

Por eso Juárez fue nombrado Benemérito de las Américas. Porque a él se le reconoce la estatura del hombre de Estado que era necesario en aquellos tiempos, y la capacidad de lograr la superposición del Estado, por encima de los intereses de distintos tipos que lo amenazaban. Después del intento de Francia por invadir México, y la resistencia de Juárez hasta lograr su expulsión, para luego restaurar el gobierno republicano en nuestro país, no volvió a haber otro intento expansionista de Europa sobre América. Por eso el reconocimiento a Juárez y por eso la necesidad de valorar siempre su legado político y su existencia como el más universal de los mexicanos.

RUDEZA

Ya en la actualidad no hay forma de pensar en una conmemoración solemne para Juárez. El acto cívico en Guelatao se convirtió en una afrenta anual entre el gobierno y los grupos disidentes. ¿Es necesaria tanta rudeza en el marco de la conmemoración del natalicio de ese gigante oaxaqueño?

¿Por qué apostar a que la elección oaxaqueña termine en Tribunales?

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+ Arranque judicializado, muestra de indolencia frente al voto ciudadano


 

Por unanimidad, anteayer la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió que el candidato a gobernador de la alianza PAN-PRD en Oaxaca, José Antonio Estefan Garfias, cometió actos anticipados de campaña y deberá ser sancionado por ello. Si la apuesta de todos los candidatos es la judicializar la elección estatal, entonces deberían comenzar por explicarle al ciudadano cuáles son sus razones para menospreciar la voluntad de esa manera.

En efecto, según se informó en los medios estatales y de la capital del país, con ese fallo el TEPJF echó para atrás la resolución del Tribunal Estatal Electoral, que negó esos actos y exoneró al aspirante de la coalición “Con Rumbo y Estabilidad para Oaxaca”, luego de analizar que la colocación de espectaculares en diversos puntos de la ciudad no eran motivo de difusión de alguna propuesta o llamado al voto.

De acuerdo con el dictamen de la Sala Superior, Estefan Garfias, siguió una ruta de promoción personal, primero como diputado federal, después como precandidato a Gobernador del PRD y luego con el registro como candidato. “Se advierte la concurrencia de elementos suficientes de que se tuvo el propósito de promocionar anticipadamente el nombre e imagen del ciudadano mencionado, por tanto se propone que la responsable emita otra resolución en la que determine la acreditación de la infracción y su responsabilidad”, subraya. Y en el fallo, el Tribunal remata: la sanción al aspirante a gobernador debe ser “proporcional a la falta cometida, para lo cual deberá analizar (el Tribunal local) el catálogo de sanciones aplicables y observar el postulado de gradualidad de las mismas”.

¿Qué significa todo esto? Que aunque formalmente las campañas proselitistas arrancan en los primeros días del mes de abril, la guerra en los tribunales electorales ya comenzó y, al ritmo que lleva, es muy probable que ahí mismo termine. En ese sentido, es muy grave que, de entrada, el ánimo de al menos dos de los tres aspirantes principales a la gubernatura sea el de descalificar a sus adversarios incluso antes de que inicien los trabajos de promoción del voto. Aunque pudieran existir causales aparentemente acreditadas para acudir a los tribunales, es clara la forma en que se revela un interés voraz ya no por ganar el voto ciudadano, sino por descalificar al adversario antes incluso de que comience la medición electoral, primero en las campañas, y luego en las urnas.

En esa lógica, resulta hasta paradójico que hoy en día tanto Estefan como el candidato del PT, Benjamín Robles Montoya, sostengan de cara a la ciudadanía que una de sus principales herramientas políticas consiste justamente en las impugnaciones. En un primer momento, Estefan Garfias y el PRD anunciaron que impugnarían la postulación de Robles por haber participado en el proceso interno de ese partido para luego brincar al PT, pero también que presentaría recursos legales en contra de Alejandro Murat por lo relacionado con el cumplimiento del requisito de la residencia mínima en el estado de Oaxaca. Es paradójico, básicamente, porque resulta que ahora Estefan es el primero que se encuentra en la posición de defender su candidatura frente a los recursos legales interpuestos por uno de sus adversarios.

Del mismo modo, el caso de Robles es también sintomático. Éste no sólo anunció, sino que impugnó llanamente el procedimiento y la asamblea en la que el Consejo Estatal del PRD postuló a Estefan. Y aunque no se ha referido específicamente a la posibilidad de impugnar el proceso interno del PRI, es claro que la rudeza con la que inició su campaña no sólo no descarta, sino que alimenta la idea de que tendría también una estrategia de ataque a su contrincante priista (que es nada menos que el adversario a vencer ante la fractura de la izquierda oaxaqueña) para tratar de cancelar su postulación como candidato.

RETO A LOS TRIBUNALES

Frente a esta guerra declarada, los tribunales en materia electoral (el local y el federal, por igual) tienen ante sí la disyuntiva de convertirse en la arena de las discrepancias en detrimento de la democracia representativa, o de permitir que los abanderados ocupen los márgenes y los sótanos de la ley para excederse sin ninguna sanción por sus conductas. El asunto es más trascendente de lo que a simple vista parece.

¿De qué hablamos? De que, en primera instancia, los candidatos y los partidos políticos parecen estar optando por el camino fácil de resolver en los tribunales lo que no quieren enfrentar en las urnas. Ninguno de ellos parece entender que sus respectivas candidaturas comparten debilidades comunes —casi naturales— que ahora deben dirimir en el trabajo político y no ante los tribunales.

De hecho, de ser rigoristas y cerrados en los criterios, los tribunales locales o de la federación deberían estar en la necesidad de cancelar no sólo las candidaturas de ellos, sino la de prácticamente todos los contendientes en todos los procesos electorales, por la sencilla razón de que no existen los abanderados ni los partidos inmaculados, o las campañas pulcras en las que no existan los deslices y las transgresiones a las normas y principios que rigen los procesos electorales.

No es así, aunque por otro lado ello no debe significar que entonces los tribunales y los órganos electorales permitan todas las transgresiones por el solo hecho de no caer en los rigorismos electorales. En esa medida, lo que queda es la exigencia de la capacidad de la auto regulación, y de la altura de miras para asumir que —ante sus debilidades y cuestionamientos comunes— ahora los partidos y sus candidatos deben privilegiar al voto ciudadano como referencia fundamental de su trabajo político.

CUESTIONAMIENTO COMÚN

En el fondo, todos enfrentan diversas situaciones comunes, que se resumen en el hecho de que como todos tienen cuestionamientos de fondo, todos pueden ser impugnados ante los tribunales. Y la defensa de uno, puede ser exactamente igual a la de sus pares. Así, si se exonera a uno implícitamente se hace eso mismo con todos, y ante el castigo, cualquiera de ellos podría utilizar exactamente el mismo argumento o defensa que el que pudiera usar cualquiera de sus adversarios. Por esa razón, la elección debe resolverse en las urnas y no en los tribunales, como tempranamente intentan hacerlo —en contra de sí mismos— algunos de los participantes en este proceso electoral.