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El consenso nacional debe ser a favor de la educación, no de los maestros

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+ Sección 22, empecinada en que sólo su verdad y demandas sean atendidas


Dice la Sección 22, en su último comunicado, que se mantienen en el paro indefinido de labores ante la falta de respuesta a sus demandas por parte del gobierno federal. Sin pudor, aseguran que los gobiernos federal y estatal se han negado a tomar en cuenta “el consenso popular” que demanda que sean los verdaderos maestros y padres de familia sean los que discutan la reforma educativa. ¿De verdad hay algo que pueda definirse como “consenso popular” a favor de las demandas magisteriales?

En efecto, haciendo uso de su característico lenguaje del secuestrador, la Sección 22 continúa asegurando que las escuelas siguen cerradas por culpa del gobierno. “Aclaramos que hoy los maestros y maestras hemos dejado las aulas obligados por un gobierno que asume una política de oídos sordos, responde con represión y cárcel, que a base del autoritarismo imponen leyes que sólo benefician a organismos internacionales y grupos empresariales”, dice en su más reciente boletín, en el que reiteran sus demandas y su posición de no iniciar el ciclo escolar.

Pasa por alto la Sección 22 todas las implicaciones que tienen sus decisiones, así como su incapacidad para mantener una lucha que se oponga a las decisiones que lastimen sus intereses, pero sin tomar como rehén a la ciudadanía y a la niñez oaxaqueña. En ese sentido, la Sección 22 no ha sido capaz de incidir en la construcción de la política educativa y ni siquiera de la discusión de la reforma a partir de planteamientos serios. Más bien, sus consideraciones se han basado en consignas políticas, en proclamas y en la movilización como método para apuntalar su política de “todo o nada” en su negociación con el gobierno.

Eso es algo verdaderamente preocupante, porque no asumen que si existe en Oaxaca y en México un consenso no sólo popular, sino nacional, éste es a favor de la educación. Es decir, que los mexicanos en general estamos a favor de que se construya una mejor política educativa, con lineamientos y reglas equilibradas y consistentes, pero bajo una premisa: que haya clases y que todos trabajen, independientemente de sus propias perspectivas, a favor de la educación en el país.

Ello no puede ocurrir, primeramente, porque hay sectores magisteriales, y el propio gobierno, que no han entendido que el consenso principal debe ser a favor de la educación. Esa idea, la del consenso, apunta a la construcción no de un acuerdo mayoritario, sino de una decisión unánime a favor de algo que involucra a toda la población. Temas sensibles como la educación, son justamente esos que sí generan un consenso nacional, aunque en realidad parece que en este país tenemos dificultades incluso para distinguir entre los problemas de facciones y los que nos afectan a todos.

TODO O NADA

La Sección 22 apunta a sólo dos demandas: el castigo a los responsables materiales e intelectuales del desastre de Nochixtlán; y la abrogación de la —“mal llamada”, dicen ellos— reforma educativa. Con ese parámetro de negociación, es claro que no habrá forma alguna de continuar el diálogo.

En lo que respecta a Nochixtlán, es evidente que la Sección 22 y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación jamás aceptarán un resultado que verdaderamente deslinde responsabilidades y aclare, por ejemplo, quiénes fueron los responsables de los disparos desde ambos lados del enfrentamiento; no habrá forma de que en ese deslinde de responsabilidades, acepten que también desde el frente magisterial hubo la comisión de delitos y que el resultado de aquel enfrentamiento fue mucho más complejo que la sola decisión de reprimir brutalmente al pueblo de Oaxaca.

Ahora bien, respecto a la abrogación de la reforma educativa, también hay una ruta inamovible que no tiene forma de llegar a buen puerto. Esta semana que pasó, sin clases, sin diálogos y sin resultados a favor de Oaxaca, es consecuencia justamente de que la Sección 22 haya llegado ya al límite de las capacidades de negociación del gobierno federal. Lejos de preocuparse por modificar el esquema actual y por generar un consenso a favor de la realización de una reforma a —valga la expresión— la reforma educativa, el magisterio oaxaqueño ha decidido ir en una sola ruta que no tendrá forma de concretarse en la forma que ellos plantean.

Así, ¿cómo pueden hablar del consenso popular, cuando justamente a esa condición social lastiman todos los días al mantener las aulas cerradas? Lo único que parece es que están puestas todas las condiciones para que no haya posibilidad de acuerdo, y entonces el conflicto se mantenga vivo permanentemente. En el fondo, esa es la condición que le conviene al magisterio, porque su lucha vive justamente de mantener vivas banderas inalcanzables, como la de la abrogación de la reforma educativa.

¿QUÉ SIGUE?

El gobierno federal tiene trabada la situación de Oaxaca. Desplazó nuevamente a fuerzas federales, que no han tenido ninguna actividad —y qué bueno—, pero mantiene agotado el camino del diálogo con la Coordinadora, que tampoco está interesada en generar un acuerdo que permita la reapertura de las aulas, y el inicio completo del ciclo escolar. Ninguno de ellos está interesado en lo que ocurre en Oaxaca —niños sin clases, padres de familia desesperados, la economía quebrada, el turismo devastado, etcétera—, que nuevamente pasa momentos aciagos por la mezquindad demostrada por todos los involucrados.

Los oaxaqueños también somos responsables del caos magisterial

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+ Ciudadanía, polarizada al extremo ante posturas de la Sección 22


Cuando ocurrió el desastre de Nochixtlán, el 19 de junio, había mucha preocupación en ciertos sectores de la ciudadanía por las afectaciones que estaban provocando los cierres carreteros en varias regiones y la capital del Estado, por profesores de la Sección 22 del SNTE. Pero una vez que ocurrió la incursión policiaca, de inmediato surgieron otras voces –o las mismas, quizá— que repudiaron fuertemente la represión de que eran objeto los profesores, y salieron a respaldar su lucha. ¿Somos los oaxaqueños corresponsables de este caos, por no asumir posturas responsables frente a problemas, como el educativo, que son de todos?

En efecto, la pregunta no resulta ociosa a partir de que parece que la sociedad oaxaqueña está dividida sólo en dos posturas: una, que en medio del hartazgo demanda que el gobierno aplique el Estado de Derecho y haga uso de la fuerza para restablecer el orden, independientemente de cuál sea el resultado de esas acciones; en el otro extremo, se encuentran quienes consideran que la lucha de los profesores de la Sección 22 y de la CNTE es justa, que es necesaria, y que es legítima frente a los abusos de un gobierno que quiere coartar sus derechos.

En ese escenario de claroscuros, resulta evidente que los que exigen el uso de la fuerza creen tener la razón a partir de la afectación de sus intereses; y quienes respaldan la lucha magisterial, lo hacen inopinadamente porque por voluntad dejan de ver la dimensión real y las condiciones palpables de esa lucha. Vale la pena revisar ambos escenarios, para hallar la responsabilidad ciudadana de esta derrota para la educación, para la gobernabilidad, y para todos, de la que somos hoy en día testigos todos los ciudadanos.

¿De qué hablamos? De que, en el primero de los extremos, hay quienes demandan la aplicación lisa y llana de la fuerza para despejar las vialidades y las carreteras, como si esa fuera una salida única al problema de fondo. La incursión policiaca de junio demostró que es imposible que el Estado despeje en una sola acción todas las vías de comunicación, porque luego de los enfrentamientos y del paso de los convoyes policiacos, los manifestantes regresaron a sus mismas acciones de siempre, y entonces la violencia, la movilización policiaca, y los muertos y heridos, sirvieron exactamente para nada.

En ese sentido, el uso de la fuerza resultaría tan contraproducente como inútil porque de todos modos el Estado no ha tenido la capacidad de romper las inercias magisteriales que ganan la movilización de los agremiados a favor de la lucha magisterial. Esto pasa porque el gobierno —estatal y federal— nunca lograron socializar el contenido de la reforma, y romper los mitos que han generado los grupos radicales del sindicato magisterial, respecto al quebranto a los derechos laborales de los trabajadores, a la supuesta privatización de la educación, y a la “punibilidad” de la reforma educativa.

Por eso, aunque ocupen la fuerza, de todos modos las escuelas seguirían cerradas, y con eso se convalidaría la derrota de tal postura.

¿LUCHA LEGÍTIMA?

Hay quien denodadamente se alegra de que los profesores den la lucha en contra de las reformas estructurales, y hasta celebran su valentía y disciplina para la defensa de sus causas. Incluso llegan a corear consignas como la que dice que luchando, el maestro también está enseñando. ¿De verdad es así?

Es importante revisar qué es lo que en verdad está haciendo la Sección 22 en estos momentos. Ellos, por ejemplo, establecieron un programa de acción que incluye el cierre de carreteras, las afectaciones a comercios establecidos, y el cierre de escuelas. La única intención de todas esas acciones es generar sabotaje y presión al gobierno, utilizando a la ciudadanía, para que finalmente éste ceda al cumplimiento de sus pretensiones, o utilice la fuerza y entonces les vuelva a dar las banderas de la represión para continuar su discurso cíclico de la presión y la represión.

Frente a eso, esa ciudadanía que los respalda, se ha preguntado de verdad qué se está haciendo por la educación. Pues lo que tal postura pasa deliberadamente por alto, es que la Sección 22 y la Coordinadora en realidad no están haciendo nada por defender la educación; no tienen argumentos sostenibles a favor de que la reforma es punitiva o privatizadora.

Y entonces, la ciudadanía que los respalda únicamente repite tales argumentos sin establecer una postura razonada y crítica respecto al contenido del mensaje. En esa lógica, los defensores a ultranza de la lucha magisterial convalidan que la educación quede supeditada a los derechos laborales de los profesores. Y por ende asumen silenciosamente una postura tan perniciosa como la de quienes demandan el uso inopinado de la fuerza pública.

En el fondo, hay una gruesa nata de irresponsabilidad. Por encima de cualquier argumento o derecho debería estar la educación, y no la fuerza pública o la presión social. Sólo que hay muchos que asumen esas últimas como posturas irreductibles, y entonces lejos de sumarse a una demanda de responsabilidad, alimentan y convalidan los discursos irreconciliables de la Sección 22 y el Estado mexicano.

SEGURIDAD EXTREMA

El diputado local electo del PRI, Samuel Gurrión Matías, se pasea por la ciudad nada menos que con seis escoltas. A varios de esos elementos, los identifican como integrantes de la Policía Estatal, y portan armas que a nadie le queda claro si son las propias de su cargo. ¿Quién ha permitido o alimentado, desde el gobierno saliente, tales excesos?

No es la SCJN, sino todos, los que debemos hacer operativa la reforma educativa  

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+ Ley y la autoridad, ante crisis de legitimidad, de legalidad y de constitucionalidad


¿De qué sirve que la Suprema Corte de Justicia de la Nación preserve la Constitución, cuando de hecho el Poder Ejecutivo no tiene capacidad ni legitimidad para hacer cumplir ese mandato? Esa es una pregunta trascendente, ante el hecho de que los tribunales del país siguen cumpliendo con su misión de salvaguardar el mandato constitucional, pero se enfrentan al hecho de que las autoridades administrativas del país —el gobierno federal, y los estatales— parecen estar alimentando una especie de auto sabotaje, a pesar de que tienen la ley de su lado.

En efecto, este resulta ser un problema muy propio de nuestro tiempo, en el que la lucha ni siquiera se encuentra en el espectro de la institucionalidad sino en el estricto terreno de las presiones y la debilidad de quienes deben aplicar la ley. Desde que fue emitida la reforma constitucional en materia educativa, y su respectiva legislación secundaria, los tribunales del país —con la Suprema Corte a la vanguardia— se han dedicado a defender la constitucionalidad y la legitimidad legal de dichas normas. Paradójicamente, ha sido el Poder Ejecutivo de los ámbitos federal y estatal —quienes, por mandato constitucional, tienen la obligación de cumplir, y hacer cumplir la ley— quien parece estar decidido a que esto no ocurra.

En ese sentido, el trabajo de la Corte ha sido notable, en la defensa de la Constitución. En un primer fallo, emitido el pasado 10 de agosto, los integrantes de la Corte señalaron que el incumplimiento de las condiciones de permanencia en el empleo, como la acreditación de evaluaciones, da lugar a una consecuencia jurídica consistente en la terminación del nombramiento y la separación del Servicio Profesional Docente, lo cual no es violatorio de derechos fundamentales.

Todo ello, derivado de la disposición contenida en la Ley General del Servicio Profesional Docente, respecto a que todos los trabajadores del sistema educativo deben evaluarse luego del segundo año de haber obtenido su nombramiento definitivo. La Corte avaló lo dispuesto en la ley, en el sentido de que cuando un trabajador haya reprobado en tres ocasiones consecutivas la evaluación puede ser dado de baja del servicio sin responsabilidad para el patrón.

Ahora bien, en otros amparos que están en vías de ser resueltos por la Corte, los maestros que lo solicitaron señalan que a raíz de las nuevas reglas con que se rige su actividad se pierde su derecho a solicitar días de licencia, lo que va en detrimento de sus derechos laborales. La Corte, en este caso, considera que aunque cambiaron las reglas para acceder a esos días de licencia, sigue siendo posible tenerlos, lo que no lastima su derecho. Aunque se trata de nuevas reglas, dice el proyecto de resolución elaborado por la ponencia del ministro Alberto Pérez Dayán, estas no eliminaron prestaciones y derechos laborales de los trabajadores del sector educativo.

INCUMPLIMIENTOS

El común denominador de estos fallos, radica justamente en el hecho de que la Corte ha reiterado que no existen las violaciones a derechos fundamentales que han alegado los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que se han quejado en vía de amparo, y que todas las normas emitidas por el Congreso fueron confeccionadas en los parámetros establecidos por la propia Constitución. En esa lógica, el resultado es una negativa lisa y llana a las concertacesiones que sorprendentemente siguen promoviendo las autoridades administrativas frente al sector magisterial que no acepta los términos de la reforma, y que ahora intenta su abrogación —de iure y de facto.

¿Qué pasa con el Ejecutivo en los ámbitos federal y estatal? Que, al parecer, la misma inercia de este conflicto los ha llevado a una especie de política de auto sabotaje, en la que a pesar de tener la ley a su favor, y de recibir el respaldo de los otros poderes —que no cuestionan la vigencia de la ley, que la defienden y declaran y remarcan su constitucionalidad—, parecen estar empeñados en buscar salidas alternativas a la de la aplicación de las normas vigentes.

Esta es una situación que resulta particularmente preocupante, porque pareciera que entonces el Estado enfrenta una especie de enfermedad autoinmune, en la que el propio sistema inmunológico de la Constitución se está volviendo en su contra, desconociendo a sus mecanismos de defensa, saboteándola, y generando con ella un escenario en el que puede ocurrir cualquier cosa menos el imperio de la ley, cuando ésta no tiene ningún argumento en contrario qué atender.

CUESTIONAR SIN CONOCER

Al final, todo confluye en un cuestionamiento que, para variar, tampoco quiere asumir el gobierno: la reforma educativa necesita ajustes, pero éstos deben ocurrir a partir de la socialización de la reforma y de su puesta en marcha. El primero proceso —la socialización— nunca ocurrió porque el gobierno hizo la reforma a partir de un monólogo; el segundo proceso —los ajustes— tampoco tienen vías legítimas para ocurrir porque no ha logrado generar un clima que le permita la puesta en marcha del nuevo mecanismo. Así, parece que todos están empeñados en trabajar en contra de la Constitución, aún con la paradoja de que nadie conoce el funcionamiento, los alcances y la viabilidad operativa de la reforma educativa. Algo terrible para el país.

Conflicto magisterial: Oaxaca está llena de escenarios irreconciliables

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+ Todas, medidas excluyentes frente a urgencia de una solución de fondo


Oaxaca se encuentra en el umbral de escenarios nuevos y trascendentes para la gobernabilidad del país, pero en cualquiera de ellos, la ciudadanía y la educación oaxaqueños parecen —parecemos— ser los inminentes derrotados. Basta con revisar el cúmulo de decisiones trascendentes pero contradictorias que se están tomando ahora mismo, para comprobarlo.

En efecto, del recuento de escenarios posibles el único común denominador es la imposibilidad de un arreglo de fondo, y la previsión —casi inamovible— que de los elementos a enumerar, saldrá cualquier cosa menos una solución benéfica para la gobernabilidad y la educación en Oaxaca. veamos.

  1. El gobierno federal ha abierto completamente, y cerrado de la misma forma, el diálogo con la Sección 22 de Oaxaca, y con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Ese titubeo en su toma de decisiones, provoca hoy una fuerte crisis de credibilidad al gobierno federal, que no ha sido consistente en sus políticas, en sus acuerdos y en sus decisiones; y, además, esa inestabilidad ha sido el espacio perfecto para que grupos bien organizados, como la Coordinadora, le tomen la medida.
  2. La CNTE ha sido vencida, en dos ocasiones, por su propio éxito. Previo a los comicios federales intermedios de 2015, y ahora, la Coordinadora había conseguido negociaciones muy exitosas y redituables en mesas de negociación con Gobernación. Pero en aquel momento, y ahora, perdió todos los avances conseguidos por la voluntad de sus grupos radicales por no permitir batallas parciales. Por eso, a pesar de que en dos ocasiones la CNTE ha doblado al gobierno exitosamente, en esas mismas dos ocasiones ha sido derrotada por la codicia, la voracidad y la rapacidad de sus grupos radicales.
  3. Oaxaca lleva dos grandes movilizaciones policiacas que han servido para nada. En 2015, para garantizar la realización de la jornada electoral, el gobierno federal movilizó a unos 15 mil elementos a la entidad, que sólo vinieron a hacer una demostración de fuerza pero —afortunadamente— nunca actuaron. Lo pernicioso fue que un año después, esa gran movilización estaba prácticamente desmantelada (aún cuando la Policía Federal había anunciado el establecimiento de un cuartel en Oaxaca) y por eso cuando ocurrió el bloqueo de Nochixtlán, Oaxaca quedó aislada y las fuerzas federales tuvieron que movilizarse descoordinadamente para generar el desastre del 19 de junio. El resultado de esa operación demostró no sólo su falta de conocimiento e información sobre los movimientos sociales que venían a contener, sino también su desgaste e improvisación operativos. Hoy, por eso, lejos de generar certidumbre, la movilización policiaca genera recelo y desconfianza hasta en quienes inicialmente creyeron en la presencia federal para desmovilizar a los grupos sociales.

NO HAY DIÁLOGO

  1. Los canales de diálogo siguen cerrados. Esa situación, evidentemente, ya no sorprende de la relación gobierno federal-Coordinadora, sino más bien que todos los actores y fuerzas políticas que están alrededor siguen actuando con mezquindad sorprendente. Por ejemplo, por un lado, Andrés Manuel López Obrador suavizó, hace algunas semanas, su discurso relacionado con el movimiento magisterial, para señalar que debe haber adecuaciones y no la abrogación de la reforma, y para refrendar su idea de que asimismo debe prevalecer el principio de autoridad. El problema es que, ni él ni su partido (Morena), han tenido mayor disposición para fungir como un puente de entendimiento entre los dos polos naturales que —hoy sabemos— no tienen ni la más mínima posibilidad de entenderse y construir acuerdos solos. AMLO es, acaso, el más visible, pero no el único actor político que podría abonar a la solución de este conflicto. Pero ni él, ni nadie en México, quiere tomar esa responsabilidad, porque siguen basando sus movimientos en función de sus intereses, y porque no quieren contaminarse de este conflicto capaz de necrosar cualquier tejido que toque.
  2. El gobierno se respalda en un bloque titubeante. Es sorprendente la forma en cómo —en medio de esta crisis y de cara a los movimientos que se avecinan en esta crisis magisterial— el presidente se refrenda ante fuerzas políticas que no tienen la más mínima posibilidad de incidir en el conflicto magisterial. El Presidente incrementa sus reuniones con el PRI, con el Partido Verde y con algunas otras fuerzas políticas, como si eso le diera certidumbre de que no habrá una contrarreforma. El problema es que ese respaldo es estéril porque ni la incondicionalidad de esos partidos sirve de algo —al contrario— para atenuar o resolver la crisis magisterial y, silenciosamente, minimiza cualquier posibilidad de tender puentes de entendimiento con las fuerzas de oposición a su gobierno, que todos los días crecen por la inminente cercanía de la sucesión presidencial.

OAXACA PIERDE

Tristemente, es la única certeza en todo esto. El gobierno federal está movilizando a cientos —quizá miles— de elementos federales no porque quiera mandarlos de vacaciones, sino porque prevé un escenario en el que tenga que hacer valer el uso de la fuerza. La Coordinadora está más empecinada que nunca en no iniciar el ciclo escolar. Esos dos ingredientes son suficientes para más meses de incertidumbre, como si no contaran los más de diez años que Oaxaca lleva en crisis. ¿Quién pierde? De nuevo, no los protagonistas del conflicto, sino las víctimas colaterales del conflicto. Es decir, los oaxaqueños.

EPN vuelve a cerrar el diálogo con la CNTE… y retrocedemos 14 meses

EPN

+ En 2015 condicionaron negociación con regreso a clases; hoy, lo mismo


Ayer fue el propio presidente Enrique Peña Nieto quien fijó la postura del gobierno federal frente a la decisión de varias secciones adheridas a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —principalmente, la Sección 22 de Oaxaca— de no iniciar el ciclo escolar. El Mandatario dijo que todo diálogo con el gobierno federal quedará condicionado al inicio del ciclo escolar, a pesar de que ello ya no significa ninguna señal de firmeza sino acaso la constatación de que, cuando menos, el conflicto magisterial tuvo una regresión de catorce meses.

En efecto, ayer el presidente Peña Nieto advirtió a los maestros de la CNTE que se oponen a la reforma educativa, que regresen a clases pues es su obligación. “No habrá más diálogo si antes no garantizamos que los niños puedan recibir educación en las aulas que hoy están cerradas”, dijo Peña Nieto, además de asegurar que los espacios de diálogo no pueden estar sujetos a privar del derecho a la educación a los niños del país.

Dijo además que el gobierno ha abierto espacios de diálogo para atender demandas y escuchar planteamientos del SNTE y la CNTE sobre los cambios educativos, aunque aseguró que “lo único que no está sujeto a negociación alguna” es la reforma educativa. Más tarde, el titular de la SEP, Aurelio Nuño Mayer, reconoció que en varias entidades en las que tiene presencia la Coordinadora había abierto casi la totalidad de las escuelas, pero que en Oaxaca y Chiapas no había certeza de cuántos centros escolares habían iniciado el ciclo escolar, y cuántos permanecían cerrados.

Este condicionamiento, que hoy en día podría ser visto como una señal de agotamiento de la tolerancia por parte del gobierno federal, en realidad no es sino el reflejo del pésimo manejo político que ha habido del problema magisterial. De hecho, esto remonta el conflicto a una situación muy similar pero en 2015, cuando la Sección 22 —que no la Coordinadora— decidió boicotear la jornada electoral del domingo siete de junio, y para ello acordonó instalaciones del INE, tomó la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex, en El Tule, y mantenía un paro total de labores docentes en las escuelas oaxaqueñas.

Hasta entonces —debemos recordarlo— Gobernación había negociado con los líderes de la Coordinadora en condiciones muy similares a las de ahora: Luis Miranda Nava, el subsecretario de Gobernación, había acordado con los líderes magisteriales impunidad, recursos y derogación de facto de la reforma educativa a cambio de que éstos se desistieran del boicot a la jornada electoral, al paro de labores, y a las acciones que perturbaban a la ciudadanía. Entonces, como ahora, la 22 aceptó todas las prebendas que le ofrecía Gobernación, pero nunca dio muestras de voluntad para avanzar en la distensión del conflicto.

¿Qué pasó entonces? Que al gobierno federal se le agotó la paciencia, y 48 horas antes de la jornada electoral movilizó a 15 mil elementos federales para recuperar el orden en la capital. La 22, en efecto, se desmovilizó. Y ese repliegue táctico fue el que dio paso a acciones como la extinción del viejo IEEPO, y el avance —relativo— en la implementación de la reforma educativa.

Por eso, es sorprendente el retroceso vivido en el manejo del conflicto magisterial. Pero resulta mucho más asombroso que el gobierno federal quiera aplicar la misma fórmula a un conflicto que hoy tiene dimensiones diferentes.

DECLARACIONES ESPEJO

El ocho de junio de 2015, luego de la jornada electoral y en medio del multitudinario despliegue policiaco en Oaxaca, el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez Hernández, dijo que el gobierno de la República no negociaría las leyes constitucionales con la CNTE. Al mismo tiempo, la SEP anunció la reanudación de las evaluaciones al magisterio. Luego, Gobernación añadió que no negociaría mientras los maestros no estuvieran en las aulas.

Si releemos esa postura del gobierno federal, es esencialmente similar a la esgrimida ayer por el presidente Peña Nieto: no negociaremos mientras no haya clase. La pregunta, en todo esto, es saber qué está tratando de hacer el gobierno federal hoy que la Coordinadora está reagrupada, que fue relegitimada como movimiento magisterial nacional, y que cuenta con el respaldo político de otros grupos que el año pasado no estaban con ellos, cuando el gobierno federal movilizó a elementos federales para resguardar el orden en Oaxaca.

De nuevo, lo que parece es que el gobierno federal intenta utilizar la táctica de negociación de abrir y cerrar el diálogo de acuerdo a sus conveniencias, y no de lo que necesita Oaxaca. Pues es evidente que la decisión de no iniciar el ciclo escolar significa para la Coordinadora un movimiento estratégico de presión al gobierno federal, que únicamente regresa el agravio suspendiendo la mesa de diálogo. Eso va a trabar cualquier posibilidad de negociación, porque independientemente de sus respectivos cálculos, ambos grupos se encuentran en el límite de lo que pueden hacer: la federación no tiene la potestad ni la capacidad de abrogar la reforma educativa, y la CNTE no tiene otra demanda de fondo más que esa.

¿CUÁL ES EL RESULTADO?

De nuevo, una negociación totalmente trabada; dos entes que negocian sin ninguna posibilidad de construir un acuerdo de fondo, y —mientras— una entidad ahogada por la incertidumbre, por la inmovilidad económica y ahora, como si algo más le faltara, por la dilación en el regreso a clases.

Transición: gobierno debe ajustarse —ahora sí— a los problemas de Oaxaca

GabinoPue

+ La administración debe dejar de pagar por desencuentros entre funcionarios


Uno de los problemas estructurales que tuvo la administración del gobernador Gabino Cué Monteagudo, radicó en su permanente tolerancia al gobierno de facciones, y en las contradicciones políticas, deficiencias, y costos operativos, que ello generó. El nuevo gobierno debe considerar que la corrección de ese problema marca el punto de partida de la transmisión de poderes, y que eso debe resolverse no sólo desde los nombres del próximo equipo de gobierno, sino desde la ley.

En efecto, hoy que la administración saliente marca sus últimos derroteros, y que estamos a pocos días de que formalmente se integren los respectivos equipos de transición, es importante remarcar que muchos de los problemas que enfrentó la administración pública en los últimos años, fueron generados justamente por la falta de una noción concreta de cómo debía construirse un gobierno, y un equipo de trabajo, unificados para conseguir resultados.

En ese sentido, ha sido ampliamente documentado —en este y otros espacios— cómo una de las políticas de “convivencia política” entre el régimen saliente y los partidos con los que llegó al poder, fue justamente la que consistió en generar “parcelas” —que terminaron siendo guetos— en la administración pública.

Ese es un problema importante, pero no es el único ni el más grave. Pues a la par del gobierno de parcelas que se generó para mantener en el agrado a los grupos supuestamente aliados del régimen, también se permitieron excesos que derivaron en graves problemas para la administración pública. Reiteradamente, a los grupos y personajes más privilegiados se les permitió también modificar la estructura administrativa del gobierno para mantener o acrecentar sus zonas de influencia, o también para reñir y castigar a quienes no estaban alineados con ninguno de los grupos dominantes.

Hay varios ejemplos. Uno de ellos, es la Secretaría del Trabajo, que durante toda su existencia nunca ha tenido una misión específica, y tampoco un sentido social determinado. Esa dependencia fue creada para compensar a uno de los grupos políticos integrantes de la coalición, pero sin ser consecuencia de una agenda o de un plan de gobierno determinado.

Por eso, hasta después de haber tomado la decisión —política— de crear esa dependencia, se le buscaron atribuciones para justificar su existencia. El resultado fue una dependencia irrelevante y costosa y, sobre todo, que no cumplió nunca con alguna finalidad social o productiva que refrendara su existencia, y sí desperdició oportunidades de atención a sectores que siguen navegando al margen de cualquier atención gubernamental en un tema tan sensible como el empleo.

EL CASO SEGEGO

Acaso si hay otro ejemplo dramático, es el de la Secretaría General de Gobierno, a la que en esta administración se dedicaron a castigar institucionalmente, gracias a intereses políticos y mezquindades que ni generaron un mejor gobierno, ni fortalecieron la estructura gubernamental, ni fueron puntal para la construcción de un proyecto político. Vale recordar este caso para entender la importancia de no volver a cometer los mismos errores.

La primer titular de esa dependencia en esta administración fue Irma Piñeyro Arias, a quien el Gobernador designó sorpresivamente el mismo día de su toma de posesión para enviar un mensaje sobre la inclusión y la pluralidad de su gobierno. El problema es que Piñeyro no pertenecía a ninguno de los grupos dominantes dentro del entonces incipiente gabinete, y sí le arrebató el cargo a Benjamín Robles Montoya que entonces soñaba con ser el conductor de la política interna del Estado.

En aquel momento, Robles era uno de los personajes de mayor influencia dentro de la administración, y decidió “darle tormento” —parafraseando a Gonzalo N. Santos— a la ley para frenar a Piñeyro. ¿Qué hizo? Primero, se dedicó a descalificar frente a todos los grupos que “conviven” con la General de Gobierno, no a la Titular, sino a la dependencia, para llevar él los asuntos de gobierno a su trinchera como Jefe de la Oficina de la Gubernatura. Robles le generó a la Segego un desprecio enorme, que se reflejó en el hecho de que, fácticamente, la gobernabilidad se manejaba en Gubernatura y no donde la ley mandaba. De hecho, la Segego se quedó sin materia y esa fue la razón del relevo a favor de Jesús Martínez Álvarez.

Cuando llegó el ex Gobernador a la Segego, se pensó que Martínez Álvarez sería un Secretario fuerte. Lo intentó, pero falló por la misma razón que Piñeyro: él no concordaba, ni era integrante, ni era cercano, ni compartía intereses, con los grupos de Robles Montoya y de Jorge Castillo Díaz. Esa confronta, particularmente con Castillo, generó no sólo más debilitamiento político de la dependencia —a la que no le permitían operatividad ni le daban la influencia que merecía para incidir en la gobernabilidad— sino la pérdida de atribuciones. En las sucesivas reformas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, le arrebataron facultades, la despojaron de organismos auxiliares, y la dejaron prácticamente en banquitos.

REFORMAS INSERVIBLES

Nada de eso sirvió: hoy la Segego es consecuencia de una crisis estructural, en la que sus sucesivos titulares (Alfonso Gómez Sandoval y Carlos Santiago Carrasco) han hecho lo que han podido a pesar de esa aridez institucional. Y todo el debilitamiento no sirvió: Robles nunca pudo construir el proyecto político del que con tanta soberbia, alardeó; y el grupo de Castillo ni de lejos pudo cristalizar su mayor objetivo: retener la gubernatura. Y mientras, el costo lo pagaron las instituciones. De ese planteamiento debe partir la transición, para reestructurar la administración a partir de un proyecto de gobierno, y no de las mezquindades o intereses de quienes acompañen al próximo Gobernador.

Inicio de clases: ocurra o no en tiempo, ¿quién es el responsable?

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+ No debe ser victoria del gobierno o de CNTE, sino de las personas


El inicio del ciclo escolar está en vilo, y ante los hechos ni el gobierno federal, ni la Coordinadora, pueden decir que van ganando la batalla. Como ha ocurrido en otros años —cuando los conflictos políticos rebasan las garantías educativas— los padres de familia terminan únicamente comprometidos con sus hijos, y con sus problemas. El ciclo iniciará, en efecto, pero lo hará en medio de una crisis potencial en la que la ciudadanía deja de creer cada día más en el gobierno, pero también en los otrora “apóstoles de la docencia”, y opta por la educación privada.

Esa es parte de la tragedia que vive esta entidad. Aquí viven y actúan los aparentes defensores de la educación pública y de los derechos de los trabajadores de la educación. En Oaxaca, como rehén, el gobierno federal se está jugando también su futuro como régimen y como grupo político que, naturalmente, desea trascender al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Oaxaca, por ende, termina siendo una especie de escenario de guerra en el que dos cúpulas, la magisterial y la gubernamental, se están jugando su resto sin importarle demasiado los problemas que se generen a ras de tierra. Como en todo conflicto, pareciera que las víctimas colaterales son parte del daño con el que el los grupos en pugna están dispuestos a cargar.

El problema es que para las personas —usted, el autor de este espacio, o cualquiera— el problema se traduce en la falta de opciones para la educación de sus hijos. En esa lógica, el problema real radica en que la crisis magisterial está orillando a muchas personas a realizar esfuerzos verdaderamente heroicos por pagar por instrucción privada para sus tutorados por la sencilla razón de que el gobierno y el magisterio no alcanzan a ver que los niños y jóvenes son quienes deberían estar en el centro de la discusión, y no los intereses y mezquindades por los que tienen de rodillas a Oaxaca.

Hoy las cifras simples son alarmantes. Pues del tradicional “millón 300 mil” alumnos que acudían a escuelas de gobierno a recibir instrucción preescolar, primaria, secundaria y preparatoria, hoy no quedan más de 800 mil. ¿A dónde se fue ese medio millón de estudiantes?

La realidad indica que esos estudiantes no desaparecieron, ni que la cifra disminuyó por algún efecto de contracción demográfica. Más bien, todo apunta a que alrededor del 30 por ciento de la matrícula de las escuelas públicas en Oaxaca se fue a instituciones privadas, para intentar suplir las deficiencias de esa educación que imparte el Estado, con instrucción en centro escolares no perturbados por la intransigencia magisterial, o las torpezas gubernamentales.

CONFLICTO DE CÚPULAS

La Sección 22, la CNTE, y el gobierno federal se están jugando sus respectivos restos en este arranque del ciclo escolar. El Presidente de la República ha asegurado que confía en que el ciclo escolar iniciará. La autoridad educativa estatal insiste en que habrá clases a partir del próximo lunes, pero en realidad no tiene ninguna certeza ni siquiera de cuántas escuelas verdaderamente podrían abrir y arrancar el curso.

En el fondo, uno y otro ámbito de gobierno terminarán lavándose las manos frente al fracaso en el arranque del ciclo escolar, gracias a que toda la educación privada —boyante en Oaxaca— sí iniciará el curso normal, porque es ajena totalmente al conflicto y porque, de hecho, le beneficia que continúe este problema.

No obstante, el problema de fondo continúa porque éste radica en que las personas siguen batallando para encontrar educación de calidad, justamente en la entidad donde se está dirimiendo la batalla nacional sobre ese tema. El gobierno federal, el de Oaxaca —que ha asumido el papel de espectador frente al conflicto— y la Sección 22 están en realidad jugando un esquema de vencidas políticas que esencialmente no pasa por el verdadero problema educativo.

Todos juntos están dirimiendo su futuro como grupos de poder. El magisterio está aprovechando el momento político que vive gracias al desastre de Nochixtlán, que lo reposicionó y le permitió el diálogo al más alto nivel, para poner nuevamente en marcha su vieja estrategia de presión-negociación-presión para tratar de maximizar los efectos de sus exigencias; el gobierno federal está tratando de demostrar —en un verdadero salto al vacío— que tiene capacidad de diálogo y de conseguir acuerdos sin tener que recurrir a la fuerza pública.

El problema es que consiguió al peor interlocutor posible, porque la Coordinadora —y más, teniendo como base de diálogo las experiencias y las tácticas de la Sección 22 del SNTE— ha tenido la característica de la intransigencia tan a flor de piel como es posible imaginarlo. Por eso, mientras la federación se empeña en decir que dialogará hasta el cansancio antes de tomar otras medidas, la Coordinadora anuncia que no habrá inicio de ciclo escolar. Se juegan sus proyectos, sin que eso implique que les interesa la educación en Oaxaca.

CORRESPONSABLES

Por eso el inicio del ciclo escolar representa un golpe más a la gente, que ni al gobierno ni al magisterio les interesa. Ellos están en su agenda política, e involuntariamente están alimentando los problemas de la ciudadanía para conseguir una educación medianamente de calidad. Hay un espacio vacío, ocupado únicamente por la mezquindad, en el que los problemas de unos no les interesa a los otros.

¿Por qué a la ciudadanía no parece interesarle el drama magisterial?

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Indiferencia

+ Ciudadanos, aislados; sólo hasta que son afectados quieren solidaridad


Es muy grave que en Oaxaca, frente al problema magisterial, los ciudadanos estemos solos, aislados y disgregados. Esto es así, porque tal parece que además del grave problema que representa la inconformidad de los trabajadores de la educación, entre todos los sectores productivos y de la ciudadanía sólo nos estamos profesando mezquindad mutua. Es fuerte decirlo, y aceptarlo, pero tal parece que aparentamos que nos preocupan los problemas públicos, pero sólo cuando somos afectados. Cuando no, dejamos que esos asuntos públicos corran como si fuéramos ajenos a ellos.

En efecto, hoy la educación es ejemplo de esa mezquindad mutua entre ciudadanos, aunque claramente no es el único. Como ciudadanos, parecemos haber olvidado que los asuntos públicos tienen ese carácter —de “públicos”— justamente porque son los que nos involucran a todos por igual, independientemente de nuestra condición social, económica, política o intelectual. Si comprendemos a cabalidad dicho concepto, entonces entenderíamos también la existencia de una sociedad civil interesada por los problemas comunes, independientemente de si se ve o no involucrada su esfera personal, familiar o social.

El problema en Oaxaca es que, en los momentos más determinantes, esa sociedad civil parece reducirse a un espejismo. Entendemos que hay sociedad civil, pero resulta que sólo nos interesa que ésta se vea cuando se trata de la realización de labores sociales o de altruismo, o cuando en un profundo acto de mezquindad, los políticos aparentan convertirse en integrantes de la sociedad civil —esa masa amorfa tan escandalosamente mal comprendida en nuestra sociedad— para brindarse un rostro ciudadano, y así alejarse —también en apariencia— del mal fario de los partidos y de sus intereses… hasta conquistar un cargo público, y entonces olvidar el supuesto cariz ciudadano obtenido a través de la labor social interesada.

Fuera de esos supuestos, todo se reduce a la inexistencia de la sociedad civil organizada, y a la incapacidad de comprender que esa sociedad civil debería actuar independientemente de los intereses políticos, de las poses, y hasta de las necesidades exclusivas de los sectores vulnerables, para entender que esa sociedad civil —simplemente reducida al concepto de ciudadanía organizada— tendría que actuar frente a los problemas públicos. Sí, frente a esos problemas que son de todos, que afectan a todos, y que por eso requieren la atención de todos.

No existe en Oaxaca ejemplo de lo anterior, porque hasta las organizaciones altruistas tienen como límite los intereses de quienes los financian, las conveniencias de quienes las integran, y las posibilidades de obtener un lucro político. Y eso no sería problema, si en medio de todo eso no hubiera grandes problemas —como el magisterial— que nos afectan a todos independientemente de si somos maestros o no, si somos empresarios o no, o si enviamos o no a nuestros hijos a instituciones educativas del sector público.

NO HAY CIUDADANÍA

A los maestros les importa un carajo la ciudadanía, y eso mismo le sucede a la Iniciativa Privada, no respecto a los profesores, sino a la ciudadanía y los asuntos públicos. ¿De qué hablamos? De que vilmente, los trabajadores afiliados a la Sección 22 del SNTE aseguran que luchan por el pueblo de Oaxaca, cuando groseramente pelean por sus privilegios, por su “estabilidad” laboral, por la inaplicación de la evaluación a los docentes, y por la preservación del estado de cosas que los privilegia. ¿La educación pública, laica y gratuita que dice la Constitución? Esos postulados, frente a las escuelas cerradas, es evidencia de que les importa un comino.

Pero lo mismo pasa con la IP, que todos los días reclama a la Sección 22 por los daños que le ocasiona a la educación. Sin embargo, antes de que la 22 iniciara sus jornadas de protesta, ¿cuándo vimos a una iniciativa privada pujante, incidiendo en la discusión pública sobre la educación, haciendo ciudadanía, o preocupándose por el drama que viven cientos de miles de niños y jóvenes, a los que las acciones de lucha del sindicato magisterial les están cancelando la posibilidad de un futuro digno, y de posibilidades de desarrollo que al menos les permitan superar sus condiciones actuales? No los vimos nunca.

Y es que a todos debería preocuparnos lo que, finalmente, nos involucre directamente o no, nos afecta a todos. ¿No nos afecta el hecho de que, en general, Oaxaca tenga un problema por la deficiente educación que reciben o nuestros hijos, o los hijos del vecino, lo que provoca un problema generalizado de ignorancia, de incompetencia, de subdesarrollo, de marginación y de segregación? ¿No nos afecta a todos que haya niños que superan por inercia la educación básica, y que fracasan en la educación media superior, porque no saben leer y porque ni siquiera logran comprender los signos que casi mecánicamente aprendieron a traducir en palabras?

…Y TAMPOCO HAY FUTURO

Esos, finalmente, serán los ciudadanos de mañana. Serán los empleados de la IP. Serán la herencia del magisterio. Serán también las personas que supuestamente sacarán adelante a nuestro estado. ¿No es este, entonces, un problema generalizado? Por eso mismo debería preocuparnos a todos, siempre, y no sólo cuando nos afecta en el bolsillo, en las amistades o en los intereses.

¿Dónde quedó la Comisión de Mediación en el diálogo Gobernación-CNTE?

Mesa

+ Hay descontrol en la negociación magisterial; alas radicales ganan terreno


Luego del desastre de Nochixtlán, el 19 de junio, el gobierno federal sólo tardó tres días en sentar a representantes de la CNTE, en una mesa de diálogo al más alto nivel con la Secretaría de Gobernación. Esto fue logrado, en gran medida, gracias a la intervención de un grupo de intelectuales que ofrecieron su mediación en este conflicto, y que fueron los que generaron las condiciones iniciales de entendimiento entre la Coordinadora y el gobierno federal. a la luz de los hechos más recientes, debemos preguntarnos dónde está hoy ese grupo de intelectuales que generaban la idea de certidumbre sobre el entendimiento y los resultados de esa negociación.

En efecto, el 21 de junio, dos días después del enfrentamiento de Nochixtlán entre la Policía Federal y trabajadores de la educación afiliados a la Sección 22, la Comisión Nacional de Mediación —que ha participado en otros temas relevantes, como las gestiones ante la Secretaría de Gobernación respecto a temas como la desaparición de dos integrantes del Ejército Popular Revolucionario en 2007— anunció su intervención en el diálogo que se vislumbraba entre el gobierno federal y la CNTE.

Ese grupo —dice una nota informativa del periódico La Jornada (http://bit.ly/2aZ4fpp), fechada el 21 de junio—, está integrado por “ocho reconocidos académicos, abogados, magistrados y defensores de derechos humanos, como Miguel Álvarez Gándara, Pietro Ameglio, Jorge Fernández Souza, Magdalena Gómez, Enrique González Ruiz, Dolores González Saravia, Gilberto López y Rivas y Pablo Romo Cedano”.

Según la nota, los derechos humanos, la distensión del conflicto magisterial y justicia serían los primeros tres ejes centrales de la negociación entre el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y la comisión única de negociación de la CNTE en las oficinas centrales de la dependencia. Un punto que dijeron desde entonces que sería incluido en el tema de distensión, es el relacionado con la liberación de los dirigentes magisteriales detenidos, entre ellos Rubén Nuñez Ginés y Francisco Villalobos, líderes de la sección 22 de Oaxaca.

Luego de las primeras rondas de negociación, se supo que dicho grupo de intelectuales había tenido una participación particularmente eficaz, al conseguir acuerdos como el relacionado a que la Sección 22 de Oaxaca se desistiera de llevar a cabo el bloqueo a las festividades de la Guelaguetza; participaron también en la construcción del acuerdo que permitiera la liberación de la carretera que comunica a la Refinería de Salina Cruz con las demás vías de comunicación; o que, en general, el conflicto y las acciones de protesta del magisterio no escalaran al nivel que se preveía al menos en la semana siguiente al enfrentamiento de Nochixtlán.

Incluso se llegaron a mencionar posibles negociaciones secretas entre funcionarios de Gobernación y líderes de la CNTE —que en alguna medida habrían sido propiciadas, facilitadas y presenciadas por esa Comisión Nacional de Mediación— para acordar algunas de las acciones de mayor impacto que hemos visto en los dos meses siguientes a la detención de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, y de haber ocurrido el enfrentamiento de Nochixtlán.

No obstante, ante los hechos, hoy cobra fuerza la pregunta de dónde se encuentra esa Comisión de Mediación, ahora para ver ya no sólo por la Sección 22 o el interés gubernamental, sino por los oaxaqueños que quedamos en medio del conflicto.

¿QUIÉN DESATIENDE?

Una Comisión de Mediación del tamaño, la legitimidad, y la capacidad de interlocución, que representan los ocho académicos antes mencionados, funda su fuerza justamente en el respaldo social que congregan, y en el reconocimiento a sus capacidades para intervenir en asuntos en los que es requerida una voz ciudadana que equilibre las posiciones entre partes en conflicto, como actualmente en el caso de la Coordinadora y el gobierno federal, que llegaron al punto del enfrentamiento violento.

En ese sentido, fue bienvenida la intervención de esa Comisión cuando era necesario hallar puntos de entendimiento entre las partes en conflicto, e incluso las decisiones recientemente tomadas por el gobierno federal —como poner en libertad a todos los dirigentes magisteriales detenidos en el último semestre— serían aceptadas por su utilidad en un contexto en el que la Coordinadora magisterial también demostrara poner de su parte para generar mejores condiciones sociales y de gobernabilidad.

Por eso resulta un despropósito que, o Gobernación esté ahora marginando a esa Comisión de Mediación en el diálogo efectivo que tanto se necesita, y que por eso estén predominando las posiciones de los grupos más radicales de la Coordinadora; o que, por el contrario, la propia CNTE haya desacatado los posibles acuerdos construidos con la mediación de ese grupo de intelectuales, para recibir el cumplimiento por parte del gobierno federal pero faltando a un posible compromiso asumido por ellos mismos para no seguir lastimando a la ciudadanía y la gobernabilidad en Oaxaca.

VELAR POR LA GENERALIDAD

En este caso hay un problema de fondo: el magisterio oaxaqueño está endureciendo sus posiciones a menos de una semana de que arranque el ciclo escolar 2016-2017. Quiere forzar al gobierno federal al cumplimiento de más compromisos, a cambio del arranque del ciclo. ¿Y los oaxaqueños que estamos en medio? En eso, o no pensó la Comisión de Mediación, ¿o es que quedó rebasada? Por eso es importante saber cuál es su función actualmente en este proceso de diálogo.

¿Cómo dirá después el gobierno federal que sí respeta el Estado de Derecho?

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CNTE

+ Liberación de presos de la Coordinadora es una injerencia en Poder Judicial


Propios y extraños se dicen sorprendidos de cómo los dirigentes de la Sección 22 del SNTE, Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, recobraron tan rápido su libertad, a pesar de tener instaurados en su contra al menos cuatro procesos judiciales. Esa sorpresa pasará al estupor cuando el gobierno federal se vea obligado a explicar tanto el sentido de esas decisiones, como la influencia que tuvo el acuerdo en una mesa de negociación sobre los dictados de un Poder distinto al Ejecutivo, una vez que esta tormenta pase y el caso Nochixtlán pase al escrutinio internacional.

En efecto, con una decisión de esa naturaleza, México sufrirá una regresión democrática de cuando menos dos décadas, al dejar ver al mundo que en pleno 2016 el gobierno sigue utilizando las aprehensiones con fines políticos, y sigue influyendo en las decisiones del Poder Judicial. De ese tamaño es el problema. Por eso, es necesario comprender desde ahora qué ocurre frente a la liberación de los dos dirigentes de la Sección 22, y sobre todo qué tanto debe explicar el gobierno federal sobre esas aprehensiones.

Los hechos son los siguientes: la mañana del viernes 12 de agosto, Núñez Ginez y Villalobos Ricárdez obtuvieron su libertad luego de una estancia de alrededor de 24 horas recluidos en el penal de Ixcotel. El último mes lo habían pasado en Miahuatlán, a donde fueron trasladados luego del acuerdo entre la Secretaría de Gobernación y representantes de la Coordinadora que se sentaron a dialogar luego del desastre de Nochixtlán, el domingo 19 de junio, en el que resultaron muertas nueve personas y hubo casi un centenar de heridos por el enfrentamiento entre elementos federales e integrantes y simpatizantes de la Coordinadora.

Frente a esa sorpresiva liberación, el mismo viernes 12 la Procuraduría de Justicia de Oaxaca informó, mediante un comunicado, que con motivo de la solicitud de revisión de las medidas de prisión promovidas por los procesados (Núñez y Villalobos), en las causas penales del fuero común, “los Jueces Penales del Distrito Judicial del Centro, Oaxaca, declararon procedente la revisión solicitada por la defensa de los imputados, y en consecuencia modificaron la prisión preventiva dictada en contra de los citados procesados”.

En lugar de la situación de privación de la libertad impuesta a Rubén Núñez Ginéz y Francisco Manuel Villalobos Ricárdez —continúa el comunicado—, los jueces determinaron imponer algunas de las medidas previstas en el Código Nacional, determinando que pueden continuar su proceso en libertad, sin que esto los exima de responsabilidades. Los Jueces del Distrito Judicial del Centro, Oaxaca, determinaron imponer a los referidos, la presentación mensual ante el Juzgado de la causa que se les instruye, una garantía económica, así como la prohibición de participar en hechos masivos que tengan como propósito dar lugar a actos violentos.

Todo lo anterior —dice el boletín, y este dato resulta muy relevante— “en atención a la aplicación del artículo Quinto Transitorio del Código Nacional de Procedimientos Penales …”.

INJERENCIA FEDERAL

No perdamos de vista una situación concreta: el aludido Quinto Transitorio del decreto por el que se expidió el Código Nacional de Procedimientos Penales, establece la necesidad de revisión de todos los procedimientos judiciales para ajustarlos a la nueva norma. Esto significa, la posibilidad —y necesidad— de utilizar los nuevos parámetros legales para continuar los procedimientos judiciales que ya existían antes de la reforma.

Lo sorprendente es que en innumerables casos, la autoridad judicial se ha negado a beneficiar a los reos a través del llamado quinto transitorio, al argumentar que no existen ni la autoridad de supervisión de las medidas cautelares, ni tampoco los acuerdos y lineamientos su organización y funcionamiento.

Ese ha sido, esencialmente, el argumento por el que le han negado beneficios preliberatorios a muchísimos procesados que intentan acogerse a los principios del nuevo Código, pero es exactamente el mismo por el que la Procuraduría de Oaxaca dice que fueron dejados en libertad —en un aparente acto de garantismo, que no es sino el disfraz de la injerencia del Ejecutivo en las decisiones del Poder Judicial— Núñez y Villalobos.

Todo esto, en el fondo, deja en claro dos cuestiones: primera, que el gobierno federal encarceló y liberó a los dirigentes magisteriales por motivos políticos; y segundo, que para llevar a cabo esas dos maniobras manipuló averiguaciones previas, acuerdos judiciales, órdenes de aprehensión, autos de formal prisión, medidas penitenciarias, y beneficios preliberatorios, con tal de cumplir su cambiante agenda política relacionada con los dirigentes y el conflicto magisterial de Oaxaca.

¿CÓMO EXPLICARÁN?

No es tan longeva la disposición del Estado mexicano a permitir que organismos internacionales vigilen y den seguimiento a la situación de la justicia en el país. En este caso, aunque pareciera que se resarcieron al dejar en libertad a los dirigentes magisteriales, ¿cómo explicarán sus decisiones sucesivas? ¿Cómo explicarán su aprehensión a partir de la manipulación y la injerencia del Ejecutivo, y luego su liberación a partir de la utilización de criterios que son excepcionalmente heterogéneos? Hay miles de expedientes esperando —sin éxito— los beneficios de la aplicación del Quinto Transitorio. Núñez y Villalobos lo lograron pero a partir de una grosera manipulación. ¿Cómo lo explicarán eso a las misiones de observación internacional cuando, tarde o temprano, lo objeten?