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La tenencia se va por ser un impuesto costoso e inviable

tenencia

 

+ Nunca lo pudieron legitimar con alguna contraprestación


Aunque no lo acepta públicamente, con la eliminación de una franja importante del impuesto a la tenencia y uso de vehículos, el gobierno de Oaxaca está reconociendo tácitamente el fracaso de su política de continuar cobrando ese impuesto impopular, costoso y rechazado por parte de los contribuyentes oaxaqueños. Esto ocurre en año electoral, aunque resulta ser más trascendente por lo económico que por lo político.

En efecto, hace algunos días se anunció que el Ejecutivo local, al confeccionar la ley de ingresos del año siguiente, incluyó en el paquete económico 2016 el cobro de un peso por concepto de tenencia vehicular. Esta medida aplicará para vehículos con un precio de factura por debajo de los 250 mil pesos, sin importar su marca, modelo o año de fabricación. El secretario de Finanzas de la entidad, Enrique Arnaud, presentó la semana pasada la propuesta del ejecutivo local de Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos, donde destaca la reducción en el costo del impuesto vehicular. Con este descuento, explicó, se recaudarán alrededor de 100 millones de pesos menos que en otros años.

Cuestionado sobre el hecho de que el descuento coincida con que el año que entra se llevarán a cabo elecciones en el estado, Arnaud se limitó a responder: “No le puedo decir si lleva un mensaje (esta medida) político-electoral”, pero recordó que el paquete económico también incluye un aumento del uno por ciento en el Impuesto sobre la Nómina, que ahora será del 3% del salario del trabajador. Con este aumento, recalcó, se recuperarán los 100 millones que dejarán de percibirse por tenencia, y se recaudarán 100 millones más.

¿Qué significa esto? Que luego de cinco años de intentarlo, el gobierno de Oaxaca finalmente reconoció que el cobro de la tenencia vehicular no era viable por la sencilla razón de que los contribuyentes oaxaqueños nunca respondieron al llamado de cumplir con este impuesto, y porque el gobierno nunca encontró un mecanismo eficaz para conseguir que por la vía de la coacción se obligara a la ciudadanía a pagar en la entidad el emplacamiento de sus vehículos. Esto era, de forma anunciada, un fracaso que sólo intentó disimular el gobierno estatal.

En ese sentido, los oaxaqueños debemos tener presente la historia trastabillante de la tenencia como impuesto estatal. Pues resulta que por disposición de una reforma ocurrida en 2007 a la Ley de Coordinación Fiscal federal, se estableció que a partir del 1 de enero de 2012 el gobierno federal dejaría de cobrar el Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos, como gravamen federal, y lo dejaría a la libre determinación de las entidades federativas para que cada una de ellas decidiera si continuaba aplicando su cobro pero ahora como gravamen de tipo local.

Cuando eso ocurrió, en Oaxaca la administración del gobernador Gabino Cué anunció que mantendría este gravamen, fundamentalmente por dos razones: primera, porque la recaudación estatal es de por sí mínima frente a la dependencia que tiene el gobierno estatal de los ingresos que cada año se transfieren a la entidad a través del Presupuesto de Egresos de la Federación. Sobre eso, la Secretaría de Finanzas sostenía que la recaudación estatal no podía darse el lujo de perder un impuesto como ese, debido a que esos recursos eran necesarios para acceder a más dinero del presupuesto federal.

El segundo argumento versaba sobre la imposibilidad de eliminar dicho impuesto, debido a que la administración anterior había llevado a cabo un proceso de bursatilización de recursos comprometiendo los ingresos por concepto de derechos vehiculares a cambio de obtener préstamos para la construcción de Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, y para otras inversiones. Así, decían, eliminar el impuesto a la tenencia de vehículos era imposible.

IMPUESTO RECHAZADO

El problema es que nunca dieron una alternativa a los particulares, ni establecieron incentivo alguno para motivar a que éstos continuaran pagando la tenencia, aún cuando en varias entidades federativas vecinas el cobro de dicho impuesto había sido ya eliminado. ¿Qué hicieron en Oaxaca? Que a partir de 2012 el gobierno inició una agresiva campaña para el cobro de dicho impuesto. Finanzas comenzó a enviar requerimientos a los domicilios advirtiendo a los tenedores de vehículos registrados en sus archivos, que de no pagar se les impondrían todavía más gravámenes, por concepto de multas y recargos.

A la par de ello, la Dirección de Tránsito, y la Policía Estatal, iniciaron operativos de verificación de la documentación de los vehículos. Así, sacando automóviles de circulación, y asustando a los contribuyentes, intentaron mantener la recaudación que tenían cuando la tenencia era un impuesto federal. Pero lo único que consiguieron fue fracasar estruendosamente.

Fue así, primero porque no tuvieron claridad ni ganas de convencer al contribuyente de que pagar ese impuesto en Oaxaca era benéfico para la economía gubernamental pero también para gozar de mejores derechos como ciudadano. Pero fracasaron también porque la misma regulación federal que rige el tránsito de vehículos, no prohíbe —porque es una garantía constitucional, de las más importantes— que un automotor circule libremente por una entidad federativa distinta a la que registró su emplacamiento, y el cobro de los derechos vehiculares.

Además, nunca pudieron hacer ese impuesto socialmente amigable, porque ni siquiera las vialidades mejoraron. Y es que las calles de Oaxaca, que son la banda de rodamiento por la que transitan los vehículos de motor por los que el gobierno estatal nos cobra un impuesto altísimo, se encuentran parcialmente destruidas. Eso no es privativo de la capital oaxaqueña sino que más bien se replica en prácticamente todas las ciudades de importancia en la entidad, y no se diga en las carreteras que están bajo la tutela estatal.

¿AÑO ELECTORAL?

Eliminar la tenencia, sin embargo, ya no parece algo tan atractivo como hubiera podido serlo en años anteriores. Todos los que tienen vehículos que pagan una tasa relativamente alta de impuestos, han preferido emplacar sus vehículos en otras entidades federativas. Eso no va a cambiar. Quienes tienen vehículos de menor precio, tampoco tienen un incentivo real —alguna mejora por pagar ese impuesto en Oaxaca— como para dejar sus placas foráneas y regresar a las locales. Y lo realmente fuerte está en el impuesto sobre nóminas, que lastimará la economía de los empleadores… en año electoral. ¿Entonces?

En el PRI, convención de delegados significa una definición a legitimar

PRIT

+ PAN y PRD sólo entrarán en la ruta de no hacer gobiernos de coalición


La tarde del martes, el Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca estableció que la elección de su candidato a Gobernador será a través de una convención de delegados. Al mismo tiempo, los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática no hallan la forma de legitimar la ruta que seguirán para conformar una nueva alianza electoral para 2016. En nuestra entidad esas son definiciones esenciales que desde ahora marcarán el rumbo de la sucesión gubernamental.

En efecto, el martes el Consejo Político del PRI en Oaxaca aprobó el método de convención de delegados para elegir al candidato a la gubernatura del Estado para el Proceso Electoral del 2016. Los priistas refrendaron los principios de equidad, objetividad, transparencia y unidad para la elección de los aspirantes a los puestos de elección popular. Y también establecieron un mecanismo diferenciado (entre la convención de delegados, y las postulaciones directas de candidatos) para la definición de quiénes serán sus abanderados a las diputaciones locales, y las presidencias municipales.

Básicamente, lo relevante de esa sesión de Consejo Político, es lo tocante a la definición de cómo elegirán a su candidato a Gobernador. ¿Por qué? Porque según lo establecen los estatutos de ese partido, bien pudo haber una contienda interna abierta; bien pudo haber sido el Comité Ejecutivo Nacional quien decidiera la postulación del candidato; y también estaba en el catálogo de posibilidades la de la Convención de Delegados, que fue la finalmente establecida. Esto apunta, a pesar de todo, a que no habrá sino la construcción de una sola precandidatura, y la legitimación política de esa sola candidatura, previamente decidida en los altos círculos del priismo, pero pasada por la formalidad democrática de la Convención de Delegados.

Ahora bien, en este contexto resulta necesario saber cómo se integra una convención de delegados. Sobre esto, dicen los estatutos del PRI (artículo 184) que las convenciones de delegados deberán conformarse de la siguiente manera: I. El 50% de los delegados estará integrado por: a) Consejeros políticos del nivel que corresponda, consejeros políticos del nivel inmediato inferior y consejeros políticos de los niveles superiores que residan en la demarcación (en este caso, los consejeros políticos estatales y nacionales del PRI que residan en Oaxaca). b) Delegados de los sectores y organizaciones electos en sus asambleas respectivas, en proporción a su participación en el Consejo Político del nivel correspondiente; y II. El 50% restante serán delegados electos en asambleas electorales territoriales.

¿Qué significa esto? Que aún cuando hablen de democracia y de una competencia pareja entre todos los aspirantes a la gubernatura, en realidad todo se definirá a partir de que, desde ahora, toda la estructura priista trabajará para la conformación de una convención de delegados que responda al interés de quien será el próximo candidato a Gobernador. En un asunto como éste no hay democracia participativa ni deliberativa, porque más bien la tradición priista apunta a que las asambleas de delegados se construyen para legitimar decisiones y no para que sean los representantes del priismo los que libremente decidan a su candidato.

Así, pues, dependerá de quién conforme la asamblea, y escoja a los delegados, el rumbo que ésta tome en la definición de su candidato. Pudo haber sido una elección interna, en la que los aspirantes hicieran precampaña y en la que al final hubiera una elección abierta a toda la militancia. No ocurrió así. Y eso refuerza la idea de que finalmente el Presidente de la República (en su vieja calidad del “primer priista del país”) ya escogió a su candidato, y ahora las formas estatutarias trabajarán para legitimarlo como abanderado.

LA COALICIÓN, REVUELTA

Al mismo tiempo, el PAN y PRD luchan por conseguir la legitimidad que les permita formalizar una nueva coalición en Oaxaca. En esta lógica, el presidente del PRD, Agustín Basave ha señalado que la estrategia de alianzas para enfrentar al PRI en las urnas “será asumida en breve por el Comité Ejecutivo Nacional, con pleno respeto a quienes se oponen a la alternativa de un bloque opositor”. No obstante, mientras hace esta mueca de respeto a las definiciones internas de su partido, sostiene reuniones con Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN, para negociar la conformación de esa alianza.

Según Basave, el sentido de las alianzas electorales es “detener la restauración autoritaria, que está en marcha en el país y que el PRI impulsa”, y ha explicado que se trata de “alianzas amplias, de amplio espectro, en las que no hay nada decidido”. Y el problema es que, como él mismo reconoce, “no ha votado el Comité Ejecutivo Nacional; no hay todavía estados específicos (en los que irían juntas las fuerzas políticas participantes). No hay nada. Hay la intención de formar bloque opositor, reconoce Basave.

En este sentido, puede ser que la coalición se integre al menos para el caso de Oaxaca, pero lo cierto es que no se puede esperar mucho de ella. Como ocurrió en el 2010, los partidos coaligados tienen como objetivo de fondo la meta coyuntural de no permitir el avance electoral del Partido Revolucionario Institucional, pero sin reparar en que una alianza electoral convertida en un gobierno de coalición, pero sin plan o programa, se reduce a una repartición de espacios y parcelas de poder, pero no a un gobierno funcional que responda a equilibrios repartidos entre distintas fuerzas políticas.

Y nuevamente, como en el pasado, esas fuerzas están haciendo el trabajo de encontrar el argumento adecuado para legitimar las alianzas: el PRD apela a la competitividad que necesita recuperar; y el PAN alude su fobia histórica al PRI. ¿Por qué esto lo están decidiendo en la Ciudad de México? Porque conformar las alianzas en las entidades federativas, al menos en el PRD es una atribución del Consejo Nacional, y no de los consejos estatales como pudieran seguir creyendo algunos.

NÚMEROS

Según el PRI, la meta para los comicios del próximo año son: 810 mil votos, es decir el 57 por ciento de los sufragios del día de la elección, para poder ganar la gubernatura. Otros aspirantes, en otros partidos, hablan de la necesidad de captar una cifra cercana al millón de votos para ganar holgadamente. ¿Quién de ellos estará más apegado no a lo deseable, sino a lo posible?

Inminente definición en el PRI apresurará la ruta de la coalición

A Murat

 

+ Partidos deberán dejar en ensimismamiento y activar sus tácticas


La renuncia a la dirección general del Infonavit del priista Alejandro Murat Hinojosa, tendrá efectos inmediatos no sólo al interior de su partido, sino en todas las fuerzas políticas que buscarán la gubernatura del estado el año siguiente. Este hecho constituye nada menos que el banderazo de salida de la sucesión en el gobierno de Oaxaca. habrá que observar con detalle los pasos siguientes de todas las fuerzas políticas, que abruptamente tendrán que dejar la zona de confort para activar sus estrategias rumbo a junio de 2016.

En efecto, la noche del lunes se dio a conocer la renuncia de Murat Hinojosa a través de las redes sociales. El periodista Joaquín López Dóriga anunció la dimisión alrededor de las 20 horas del lunes, y desde ese momento se esperaban algunas reacciones, particularmente de otros actores dentro del Revolucionario Institucional, que habían manifestado su voluntad de buscar la candidatura a Gobernador por ese partido. En lo inmediato no hubo ninguna reacción. Pero sí se apresuró la ruta para la legitimación del proceso interno del priismo local para definir sus candidaturas.

Ayer mismo se le dio forma a la reunión del Consejo Político Estatal del PRI, en el que se hicieron algunas definiciones importantes. Se delineó, por ejemplo, la ruta para que sea una convención de delegados lo que defina la candidatura al gobierno estatal, y se establecieron los mecanismos y algunos detalles de cómo se desenvolverán algunas definiciones relacionadas con las diputaciones locales y las alcaldías, que también estarán en juego en la misma jornada electoral. Aún no es tiempo formal para el establecimiento de nombres. Pero la renuncia en solitario —y sin aspavientos de los otros sectores priistas— de Murat Hinojosa, fue de entrada un mensaje bastante claro de cuál será la ruta que pudiera tomar la sucesión dentro del priismo.

Llama la atención, sin embargo, que junto a eso hay otras definiciones —en otros partidos— que también habrían de apurarse si se constata la ruta del priismo con Murat Hinojosa, que desde la noche del lunes es el único aspirante franco a la gubernatura estatal, en un panorama atiborrado de aspirantes pero ausente por completo de determinaciones sólidas. Básicamente, los partidos que han manifestado su voluntad de volver a ir en coalición a los comicios de 2016 tendrán que dejar el marasmo y establecer rutas específicas para el desahogo de sus candidaturas. ¿De qué hablamos?

De que en Oaxaca, por primera vez en los comicios jugará la variable de la posibilidad de acceder a las candidaturas independientes; y que en los respectivos partidos que integran la coalición, no existe ninguna definición concreta sobre quiénes son sus posibles candidatos, y cuál será la forma de definir su rumbo. La primera de estas cuestiones será determinante para apurar el proceso de las segundas, debido a que como no hay definiciones más de uno pretendería buscar una candidatura independiente si es que alguno de los partidos de la coalición, o toda, decide no brindarle su candidatura.

En las semanas siguientes, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca emitirá las reglas bajo las cuales habrá de regirse el proceso de la postulación de candidatos independientes en la entidad. Este proceso tendrá que desahogarse a más tardar en el mes de enero de 2016. Por eso es poco probable que después de esas fechas los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática aún no hayan perfilado a quien será su abanderado.

GUERRA EN LA COALICIÓN

Nada ni nadie ha podido detener al senador Benjamín Robles Montoya en su definición de repudiar al grupo político que lo encumbró. Éste, que tiene como único respaldo las encuestas que le dan ventaja sobre los demás posibles abanderados de la coalición PAN-PRD, ha tratado de desmarcarse del régimen saliente a través de una ruta que puede ser un verdadero camino de terracería: ha señalado a sus ex correligionarios, ha cuestionado a su Jefe Político, ha machacado tardíamente la corrupción, e insiste en establecer una postura crítica, que más bien ha rayado en la soberbia.

Evidentemente, lo que intenta es generar una distancia, aunque por nada más que un cálculo electoral hacia el año próximo. A la par de ello, hay otros actores y otros grupos que intentan capitalizar la ascendencia del Gobernador del Estado en las cúpulas nacionales del PAN y PRD, para tratar de ubicarse en un mejor escenario para la obtención de la candidatura. Todo esto se ha enredado por la falta de claridad en las definiciones del PRD, que con su nuevo dirigente nacional, Agustín Basave, se ha pronunciado por recuperar la competitividad electoral pero no ha establecido rutas específicas para definir a sus candidatos en la mayoría de las entidades donde habrá comicios en 2016.

¿Qué es lo previsible? Que luego de la definición en el PRI, Robles Montoya trate de presionar para apurar la definición de la candidatura a Gobernador, a través de la exigencia de que el PRD cumpla su palabra de preferir la competitividad de sus cuadros, sobre el fiel de la balanza de los gobernadores en esas definiciones. Quién sabe si lo logre, porque la pulverización del perredismo nacional, y su incapacidad de generar posturas serias y consistentes, dificultan la posibilidad de contar con una previsión específica de lo que puedan finalmente decidir, en un panorama nacional tan descompuesto como en el que ahora se encuentran.

Mientras, sus competidores internos (el diputado federal José Antonio Estefan Garfias, en específico) tratarán de capitalizar las indefiniciones del perredismo, y no desperdiciarán ninguna posibilidad de seguir generando la percepción de que la balanza podría definirse a su favor. En Morena, al final, podrían no haber sorpresas en la definición de una candidatura propia a la gubernatura. Y los partidos minoritarios tratarán de amalgamarse o con el PRD, o con Morena, básicamente para no perder el registro que una de las recientes sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación mantuvo en tres por ciento, y no en dos como ellos lo habían decidido por ser partidos políticos de integración indígena.

¿MÁS RENUNCIAS?

Es muy probable que las haya pero no en el contexto electoral sino en la reconfiguración del régimen de cara a su último tramo de gestión. Sería interesante ver si alguien decide una ruta libre. Pero la conocida verticalidad del PRI inhibe las sorpresas.

Abraham Martínez, ¿hasta cuándo será el dueño de la UABJO?

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UABJO

 

+ Imponer a Reynel significará el fin de su cacicazgo universitario


 

Es una paradoja que una universidad aparentemente democrática como la UABJO, tenga un dueño absoluto en la persona del ex rector Abraham Martínez Alavés. Éste, que ha sido un cacique universitario desde hace varias décadas, en los últimos doce años ha demostrado una capacidad aparentemente inagotable de poner rectores. Lleva tres al hilo. Y la corona de su nepotismo es su hijo, el ahora rector, Eduardo Martínez Helmes. ¿Podrá Abraham Martínez repetir su hazaña por cuarta ocasión consecutiva?

En efecto, lo que ocurre en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca es sintomático de los cacicazgos que ahogan a Oaxaca. Desde hace décadas, Abraham Martínez Alavés ha sido un personaje determinante en la política universitaria, pero con el inicio del nuevo siglo encumbró su poder encumbrando a tres rectores consecutivamente. Martínez fue quien en 2004 marcó la ruta para que un deslucido candidato a Rector, proveniente de la escuela de contaduría, fuera rector. Ese personaje era Francisco Martínez Neri, quien a pesar de haber iniciado su campaña a la rectoría con 40 personas, en el camino se encontró con la coyuntura de la disputa por el poder universitario entre los viejos cacicazgos, pero sobre todo con la decisión de cortar el ascenso de Leticia Mendoza Toro, la viuda de otro líder universitario, Nahúm Carreño Vásquez, muerto una década atrás en la explanada de la rectoría, en Ciudad Universitaria.

Francisco Martínez Neri comenzó siendo un rector ninguneado por el poder de Abraham Martínez, hasta que intentó sacudírselo. No lo logró, gracias al control y a las parcelas que el ex Rector había creado al amparo del poder justamente para ungir a Neri. Ambos se distanciaron. Sólo que Martínez Alavés mantuvo los principales cotos de porrismo y votos (las escuelas preparatorias, que entonces eran muy numerosas, junto con algunas facultades grandes como la de Derecho), y por esa razón pudo imponer a Rafael Torres Valdés como rector, a pesar de haber luchado contra una alianza política en la que iban juntos el rector Martínez Neri, y los grupos —ahora divididos— del STEUABJO, con la ex rectora Mendoza Toro a la cabeza.

Durante todo ese tiempo, Abraham Martínez Alavés mantuvo dos posiciones clave para la política universitaria: a su hijo Abraham como director de redes y sistemas de la Universidad; y a Eduardo, como secretario Particular del Rector en turno. Con esos dos elementos mantenía buena parte del control que necesitaba. Con Eduardo tenía perfectamente controlada la política interna universitaria; y con Abraham mantenía a salvo el control y la permanencia de los grupos que, al margen de su desempeño académico, indefinidamente podían seguir siendo parte de la Universidad al mantenerles su registro y vigencia de derechos como alumnos. A la par de ello, esas dos vías de control —sumadas a una pléyade de funcionarios nombrados directamente por Alavés, como un rector de facto durante 12 años— le permitieron poner a un tercer rector. Martínez Alavés no tuvo empacho en enviar a Eduardo como candidato. Y ganó.

Esto ha significado la gloria y el infierno del clan Martínez Helmes, en la que Abraham Martínez Alavés ha fungido como un verdadero paterfamilias decidiendo la sucesión del poder en base a sus intereses. La gloria porque aún cuando el ex Rector ha sido una de las figuras de poder más determinantes en las últimas tres décadas en la UABJO, en los últimos doce años ha vivido su mejor época como cacique universitario.

Pero su infierno, porque ese mismo empecinamiento por el poder cortó la cadena natural de relevo en los liderazgos universitarios. Es eso, y no la suerte, lo que hoy en día ya no garantiza que Martínez Alavés gane, por cuarta ocasión consecutiva, la rectoría universitaria.

 

DEGRADACIÓN UNIVERSITARIA

Cuando Abraham Martínez Alavés decidió que su propio hijo fuera candidato a Rector, propios y extraños se ofuscaron con esa demostración de fuerza, que para él era natural: siendo Martínez Alavés dueño de la Universidad, lo predecible era que decidiera la sucesión del poder a través de una demostración de fuerza, liderazgo y control. Eso pasó con Eduardo Martínez, que a pesar de todos los cuestionamientos, es un personaje que sabe que la estabilidad de su poder está en el control interno del que él es cancerbero.

El problema es la sucesión. Abraham Martínez ya parece haberse decidido por el gris y cuestionado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Reynel Vásquez Zárate. Éste es un personaje surgido no de las filas políticas, sino de las incondicionalidades, de Abraham Martínez Alavés. Gracias a su control político, lo impuso como director de la Facultad de Derecho pasando por encima de varios liderazgos naturales.

Y según parece, está decidido a impulsarlo como su candidato a Rector. ¿Cuál es el problema? Que al igual que con Eduardo, a Reynel se le acusa de porro, de extensión de Abraham, y de obedecer ciegamente sus designios. ¿Cuál es la diferencia? Que Reynel no se apellida Martínez Helmes, y que aún cuando parece ser el espécimen mejor acabado de la cantera abrahamista, no es reconocido sino como un simple alfil del ex Rector, manejador de porros, y administrador de la Facultad de Derecho, pero que no tiene capacidad política alguna y que, en esencia, no es sino un ejecutor de la política universitaria que ha mantenido el poder en los últimos años.

¿Cuál es el escenario? Martínez Alavés va a utilizar su control universitario para preservar el poder. De eso no queda duda. El problema es que el liderazgo que impulsa está lejos de ser una figura capaz de sostener el poder que pretenden entregarle. Quizá tenga mejores cuadros, pero Abraham prefiere la incondicionalidad aunque ésta lo lleve a la ignominia. Así es el poder universitario. Aunque en la coyuntura de la sucesión gubernamental en la entidad, no haya nada escrito, ni escenario previsto, que le garantice seguir siendo el dueño de la UABJO por cuatro años más

 

SIN FUTURO

Hace dos años, el 17 de diciembre de 2013 aquí escribimos: “ninguno de ellos (los integrantes del grupo de Abraham Martínez) se ha puesto a pensar qué hará Eduardo Martínez Helmes en unos años, cuando luego de ser Rector no pueda regresar a la Secretaría Particular para seguir ejerciendo el poder que hasta ahora vigila y ejerce. ¿Qué hará su grupo político con él? ¿Y qué será él en realidad para el grupo que lo ha llevado hasta donde está?” Esa interrogante sigue vigente.

+ La evaluación, entre policías e irracionalidad, es un fracaso general

Evaluación Docente (12)

+ Sección 22 repudia a sus cuadros preparados; se queda con escoria


En las condiciones en que ocurrió la primera jornada de evaluación docente de este fin de semana, nadie puede decir que fue un triunfo o un hecho histórico. No puede decirlo la Sección 22, que a pesar de la trifulca que fue a armar a las inmediaciones de Ciudad Administrativa no pudo demostrar su vieja y conocida capacidad de convocatoria para una cuestión tan vital como el boicot al primer acto de implementación en Oaxaca de la reforma educativa; y tampoco puede decirlo el gobierno, que a pesar del enorme gasto y los esfuerzos realizados, sólo pudo aplicar la evaluación a seis de cada diez profesores convocados.

En efecto, este fin de semana ocurrió la primera evaluación docente que, a decir del propio gobierno estatal, sólo le fue aplicada a alrededor del 60 por ciento de la población magisterial convocada para ese efecto. Días antes el gobierno federal, a través de la SEP, había advertido que para resguardar la aplicación de la prueba a los docentes oaxaqueños habría una fuerza de alrededor de 10 mil efectivos, entre elementos estatales y federales. La CNTE reafirmó su decisión de emprender el boicot. Y el sábado las cosas ocurrieron tal y como se habían planeado. No obstante, hay que ver lo que está más allá de eso.

Pues por un lado, se confirmó la previsión de que la aplicación de la evaluación docente en Oaxaca sería una de las más costosas hasta ahora aplicadas, no únicamente por el monto económico que se utilizó en la organización propiamente del evento, sino por el enorme costo económico que implicó la movilización de fuerzas policiacas de los ámbitos estatal y federal, así como por el marcado ausentismo que hubo en la aplicación de la prueba. No existe una cifra totalmente consensada sobre el costo final de la prueba. Pero de las previsiones, puede inferirse que al sólo haberse aplicado al 60 por ciento de la población convocada, el costo por examen debió subir a casi el doble de las proyecciones realizadas.

Esto es una derrota, que aunque parcial, debe dejarle enseñanzas al gobierno estatal. Es evidente que esta era una evaluación que revestía un enorme grado de complejidad no únicamente por su organización, sino por la resistencia de la dirigencia magisterial a asumir su nueva realidad. En ese sentido, debe considerarse todo lo hasta ahora hecho para corregir fallas y ubicar la forma más precisa en la que podrá aplicar la evaluación. Pues si vemos este ejercicio como una cuestión periódica, en sus condiciones actuales no habrá presupuesto, ni capacidad institucional que soporte la realización de exámenes como los de este fin de semana.

Deben buscarse, entonces, mecanismos alternos para la aplicación de los mismos. Y sobre todo debe asumirse que el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca necesita realizar un trabajo más firme, y a ras de suelo, de concientización a los propios profesores sobre sus derechos y deberes laborales, y sobre la influencia que sigue teniendo —o que perdió— el sindicato respecto a su estabilidad laboral, y prestaciones. En el fondo, el IEEPO también debe estimular a quienes sí hicieron la prueba, ya que ellos constituyen la primera gran escisión de la Sección 22, a la que ahora deben promover para el cambio institucional de fondo que requiere la educación de Oaxaca.

LA 22, SIN RUMBO

En ese contexto, el secretario general de la sección 22 (que es cabeza de playa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), Rubén Núñez, anunció que la asamblea estatal del gremio decidirá las sanciones que alcanzarán aquellos profesores que “traicionaron” al movimiento y se presentaron el examen de servicio profesional docente.

Luego de concluir su jornada de protesta, indicó que el boicot de la disidencia magisterial fue un éxito, toda vez de que muy pocos de sus integrantes acudieron al llamado de los gobiernos federal y estatal. “Al examen fue gente del Ieepo, los espurios de la sección 59 y, obviamente, algunos compañeros de la 22 que de manera sorpresiva los trajeron; sin embargo, la mayoría de los notificados de la 22 marcharon con nosotros y no acudieron al llamado de las autoridades (…) vamos a valorar (las sanciones), nosotros no tenemos un recuento exacto”, dijo.

Esto significa mucho más de lo que parece. Pues finalmente, de cara a la evaluación, la Sección 22 decidió darle completamente la espalda, y repudiar, a sus cuadros preparados. Apuntábamos hace apenas unos días (Al Margen 23.11.2015) que en los últimos años el radicalismo de la Sección 22 los llevó a distanciarse de sus cuadros preparados. Es un error pensar, decíamos, que todos los que esencialmente coinciden con los planteamientos políticos de la CNTE, se resisten a la evaluación. Por naturaleza, el magisterio es un gremio plagado de pluralidad y diferencias.

Esto hace que así como existen trabajadores de la educación comprometidos con la lucha magisterial y dedicados de lleno a ella, también existan profesores que estando comprometidos con las causas de la CNTE también estén preocupados permanentemente por prepararse, por incrementar su nivel de formación, y por tener un mejor desempeño en su labor docente. Para muchos, esa búsqueda constante de preparación tiene como objetivo incrementar su salario y prestaciones. Y en ese contexto, no temen un proceso de evaluación, independientemente de su origen o de si esto pone o no en duda sus coincidencias ideológicas o políticas con su sindicato.

¿Qué ha hecho la 22? Todo, no para estimularlos, sino para alejarlos. En los últimos años, la tendencia marcada por el sindicato magisterial fue la de excluir a todos aquellos que no coincidieran a pie juntillas con sus parámetros de radicalidad y compromiso con la lucha política. Por eso hubo —como una verdadera tendencia— una marginación de quienes provenían del normalismo académico, o de quienes ascendieron salarialmente y en jerarquía a través de su desempeño. Los “favoritos” eran los que estaban inopinadamente en la lucha sindical, los que anticipadamente se oponían a los nuevos estándares o a cualquier cambio, y a los que demostraran más radicalidad. Y salvo excepciones, preparación y radicalidad eran condiciones excluyentes en las filas sindicales.

RADICALISMO CONFIRMADO

Aplicar sanciones a quienes fueron a la evaluación, significa dar la espalda a cualquier cuadro preparado. La Sección 22 está confirmando su vocación de quedarse con sus incondicionales. Aunque sean lo menos, y los más impresentables.

¿Qué tipo de diálogo pretende el gobierno federal con los maestros?

 

Aurelio Nuño M

+ Además de inaceptable, militarizar evaluación es una táctica errónea


Ayer el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, afirmó que el Gobierno Federal está listo para transitar por el camino que los maestros disidentes deseen: el diálogo o la firmeza en la aplicación de la ley. Esto, en el contexto de la aplicación de la primera evaluación a los profesores oaxaqueños, que será vigilada por alrededor de 10 elementos de corporaciones policiacas de los tres ámbitos de gobierno en la entidad. ¿Es en verdad una buena estrategia cerrar de esa forma el diálogo, amagar con la aplicación de la fuerza, y utilizar la intimidación como forma de aceptación de la reforma educativa?

En efecto, el secretario Nuño Mayer expresó ayer que la gran mayoría de los mentores están dispuestos al cambio, y apuntó que la resistencia se centra en los liderazgos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que no quieren el cambio. Hay dos caminos, dijo, y ellos tienen la opción de escoger por cualquiera de ellos: el de mantener escuelas sin clases y querer presionar a los maestros que sí se quieren evaluar. Si persisten en este camino se van a encontrar un gobierno muy firme en la aplicación de la ley. Pero existe otro camino, es el camino de que acepten la reforma educativa y caminemos juntos”, expresó.

¿De verdad está el gobierno federal en la posición de condicionar de esa manera el diálogo con la Coordinadora magisterial? Evidentemente, las posiciones de la CNTE no han sido precisamente amigables y de hecho pareciera que el gobierno está respondiéndole a las secciones sindicales radicales con la misma moneda de la política que ellos han ejercido durante años para presionar al Estado mexicano al diálogo. No obstante, es claro que ni el secretario Nuño Mayer, ni el gobierno federal, entienden que ellos no son un grupo de presión más, ni una organización que se dedica a la industria del chantaje, sino que son nada menos que el Estado mexicano ejerciendo sus potestades, pero en el marco de un estado democrático.

¿Qué significa esto? Que en una sociedad civilizada, como la que se supone que somos, el Estado no le puede responder de forma iracunda a un grupo de presión. Dicho de otro modo, no está en condiciones de aplicar una política como la demostrada por el Titular de la SEP porque eso significaría la institucionalización, la aceptación —y quizá hasta una “constitucionalización” fáctica, por la búsqueda de una forma legal para legitimar la fuerza— del “plata o plomo”, que es tan conocido entre las organizaciones que desarrollan actividades lucrativas y que tienen como elemento de coacción a la amenaza.

Evidentemente este tipo de cuestiones no pueden pasar inadvertidas, máxime cuando lo que está en juego es no sólo la evaluación educativa sino las demostraciones de que el Estado tiene los elementos —todos— para hacerle frente a este tipo de situaciones, pero de la forma más civilizada posible y no únicamente utilizando la política del sometimiento o la trifulca.

Esto demuestra la incapacidad y la ineptitud de las instancias federales encargadas de la gobernabilidad, y la urgencia por aplastar un movimiento con el que, les guste o no, tendrían que aprender a convivir aún en la subsistencia de las nuevas circunstancias impuestas a los trabajadores de la educación con la reforma educativa.

En ese sentido, preguntémonos: ¿en un Estado democrático deben o no existir las voces disidentes? ¿En un Estado democrático, el gobierno está o no obligado a convivir y tolerar a todas las expresiones, aún las más radicales?

Evidentemente, todo esto tiene límites. Pero bajo ninguna circunstancia podríamos negar el derecho de subsistencia a la CNTE equiparándola al extremismo o al terrorismo. Esas son las formas de lucha que cualquier Estado —democrático o no— combatiría. Pero fuera de ellas, se supone que el Estado debe buscar la forma —porque por eso es el Estado— de convivir, y no de aplastar, a los grupos organizados que no están de acuerdo con sus políticas, con su régimen o quizá sólo con el gobernante.

TÁCTICA IMPRÁCTICA

Lo apuntábamos hace apenas unos días, y hoy reiteramos esta duda genuina: ¿Qué va a pasar después de la evaluación de este fin de semana? Porque si algo queda claro, dijimos en nuestra entrega del 25 de noviembre pasado, es que no habrá posibilidad, ni una sola, de que cada evaluación que se realice en las entidades federativas “problemáticas” como Oaxaca o Michoacán, sea resguardada por miles de elementos policiacos, o amenazadas por profesores iracundos que se oponen a la implementación de la reforma educativa.   Evidentemente, tanto el Estado, como los profesores de la CNTE, deberán buscar sus respectivos cauces de entendimiento y lucha, para darle viabilidad de mediano plazo a sus derroteros, y para no anclarse a un escenario que en sí mismo no tiene futuro.

Evidentemente, el mismo Estado ha demostrado que su capacidad de movilización está siendo costosa no sólo en términos políticos, sino que también le está generando una fuerte presión al presupuesto federal destinado a la seguridad pública. ¿Qué revela todo esto? Que además de ser una táctica políticamente inviable la de militarizar las evaluaciones, e insistir en su llamado al “plata o plomo” frente a la CNTE, la SEP está optando por una estrategia que también es poco práctica, de muy corto alcance, y muy costosa para las arcas federales y para las mismas fuerzas federales que están haciendo una abierta labor de contención política y no las tareas de seguridad pública para las que fueron creadas.

Por esa razón resulta hasta machacón el cuestionamiento sobre la urgencia de ubicar rutas alternas a la de la presión actual que ejerce la SEP. Ésta, en el mejor de los casos, debe ser una política momentánea, únicamente utilizada como una especie de “botón de pánico” frente a las circunstancias. Al final, si el gobierno federal no establece los cauces necesarios para entablar un diálogo útil con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, dentro de muy poco tiempo su táctica actual se desfondará y terminará ocurriendo un efecto rebote, de consecuencias muy lamentables para la educación pública en nuestro país.

LOS MÁS CONTENTOS…

Son los empleados del gobierno estatal, que desde ayer tienen días de descanso obligatorio. Al menos los que laboran en Ciudad Administrativa, que toda la semana estuvo ya resguardada y confinada, y que —dicen— este fin de semana será un verdadero bunker.

¿Tres años antes, estamos preparados para tener aspirantes presidenciales?

Presidente Desconocido

+ Sucesión adelantada, producto de la ilegitimidad de quienes ejercen el poder


 

Una encuesta publicada por el periódico El Universal, de la Ciudad de México, marcó la pauta para la carrera de la sucesión presidencial que, como en los últimos lustros en México, está adelantada a su tiempo. Al margen de los nombres y las revelaciones que hace dicha encuesta sobre el panorama electoral, vale la pena preguntarnos cuál es la razón de este fenómeno de aceleración sucesoria, en un contexto en el que parecía que el PRI había vuelto con sus tradicionales formas de gobernar y transmitirse el poder.

En efecto, una encuesta nacional del periódico El Universal y la encuestadora Buendía & Laredo, levantada entre el 16 y 19 de noviembre, presentó el panorama electoral rumbo a las elecciones presidenciales de 2018. De acuerdo con la publicación, cuando se pidió a los encuestados, de manera espontánea, decir quién le gustaría que fuera el próximo Presidente de la República, ocho por ciento respondió que Andrés Manuel López Obrador y dos por ciento que el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas. No obstante, 7 de cada 10 entrevistados no supo quién le gustaría que fuera el elegido.

Según la encuesta, el priista mejor posicionado para la contienda presidencial de 2018 es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; mientras que en el PAN la esposa del ex presidente Felipe Calderón, Margarita Zavala Gómez del Campo, tiene una ventaja de más de 20 puntos respecto al actual presidente del CEN blanquiazul, Ricardo Anaya, y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle. Entre los miembros del Partido Acción Nacional, así como entre los independientes, la ex Primera Dama del país cuenta con el respaldo de 49% y 33%, respectivamente.

De todo esto, la mayoría de los escenarios muestra un empate entre el PAN, la alianza PRI-PVEM y Morena, mientras que el PRD y una eventual candidatura independiente de El Bronco se disputan la cuarta posición. Al enfocarnos en el careo con los abanderados mejor posicionados en las contiendas internas, el resultado es una contienda “a tercios”: El candidato de la alianza PRI-PVEM, Osorio Chong, 23%; Margarita Zavala del PAN, 22%; López Obrador de Morena, 20%, Mancera del PRD, 7%, y El Bronco, como candidato independiente, 5%. Sin embargo, es interesante que en esta contienda, los independientes prefieran a López Obrador (21%), seguido por Margarita Zavala (19%) y en tercer lugar Osorio Chong con 15%.

¿Qué nos dice todo esto? Que el 2018 está enfilado desde ahora, y que en este panorama es muy previsible una nueva alternancia de partidos en la Presidencia de la República. Sorprendentemente, parece que desde ahora la balanza se está inclinando nuevamente por la preferencia hacia los candidatos de los partidos políticos, pero también resalta que en esta contienda hay un ayuno casi total de posibles aspirantes independientes con verdaderas posibilidades de participar en la contienda.

Pero más allá de esta lucha de números, encuestas y partidos, lo que parece evidente —y prácticamente no se dice, y menos se analiza— es que el aderezo de la contienda presidencial será el hartazgo de un régimen que, más allá de los nombres, está agotado por la corrupción, la opacidad y la incapacidad de generar confianza a partir de la rendición de cuentas.

ALTERNANCIA, ¿HACIA DÓNDE?

Según la encuesta, la competencia entre el PRI, y los partidos de derecha e izquierda, respectivamente, va “a tercios”. Es decir, hay un empate entre las preferencias de Osorio Chong, López Obrador y Zavala. El punto fino en estos números —y que tiene mucho que ver con el enojo de la sociedad frente a la corrupción— es que mientras los números de Zavala y AMLO tienden irremediablemente a crecer, los de Osorio Chong continuarán cayendo conforme avance su desgaste natural como el servidor público encargado de la seguridad y la gobernabilidad del país.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta no está en lo que el lugar común apunta a denominar como “las calenturas tempraneras” sino más bien al agotamiento anticipado no sólo del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, sino de todo el modelo político por el que han tenido estabilidad los últimos mandatarios en nuestro país. Dicho modelo es aquel que en el pasado le intercambió a los mexicanos democracia por estabilidad, y que luego les dio democracia a cambio de la tolerancia a la corrupción. Hoy esa dinámica parece estar llegando a su fin, y por esa razón pareciera que la ciudadanía está tratando de construir un nuevo panorama en el que los cambios que pudiesen ocurrir sean más radicales que los decididos hasta ahora.

Ello se explica en sí mismo: el único posible candidato del partido en el poder está a merced del desgaste que puedan generarle las circunstancias, la corrupción o la incapacidad del gobierno para el que trabaja. Junto a él se encuentra el líder mesiánico, radical, que sin embargo se nutre todos los días del genuino cansancio de la ciudadanía. Y junto a él, casi hombro con hombro, se encuentra la ex Primera Dama, que da un fario de fortaleza y certidumbre que no lo habían dado otras mujeres que en el pasado reciente aspiraron a la Presidencia de la República.

Al final, así como en las recientes elecciones de Argentina no fueron los candidatos, sino el desastre económico y la corrupción y frivolidad, los que derrotaron definitivamente a la presidenta Cristina Fernández, en México parece que algo similar es lo que terminará definiendo el rumbo de Peña Nieto, que a pesar de todo se niega a promover el cambio democrático de fondo que está exigiendo el país, y que no tiene que ver con las reformas electorales sino con las demostraciones de combatir la corrupción, el conflicto de interés, y la impunidad, que hasta ahora han sido los únicos signos distintivos de su gobierno y a los cuales no opacan ni el manejo de la economía estable, y mucho menos las eclipsadas reformas electorales. Así de trágico es su panorama.

QUE LES PREGUNTEN…

Se ha vuelto práctica que unos tomen la voz de otros, sin antes preguntar, para indignarse, y con eso parecer muy comprometidos y muy rebeldes. Es el caso de los que se ofendieron por un comercial de un refresco filmado en la comunidad mixe de Totontepec. ¿Ya le preguntaron a los oriundos de ese municipio qué opinan de eso? Podemos coincidir con la crítica a Coca Cola. Pero los que no nacimos ahí, antes de todo deberíamos conocer y respetar la opinión que tengan los totontepecanos al respecto.

¿Todas las evaluaciones tendrán que ser vigiladas por 10 mil policías?

cnte

+ Gobierno debe abrir, paulatinamente, canales de diálogo con la CNTE


 

Una de las grandes aduanas en la implementación de la reforma educativa, ocurrirá este fin de semana cuando, en un episodio simbólico por diversas razones, se enfrenten el Estado mexicano y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, por la realización de la primera evaluación a los docentes oaxaqueños. Es importante el hecho que constituye la aplicación de los primeros exámenes. Pero lo es mucho más, la medición de fuerzas entre dos bloques que, en el mediano plazo, se verán obligados a buscar rutas alternas que el choque que están previendo para este fin de semana.

En efecto, ayer el titular de la Secretaría de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, aseguró que “serían agregados unos 10 mil elementos de la Policía Federal” a las autoridades policíacas actuales para garantizar el buen desempeño de la evaluación docente este fin de semana en Oaxaca. “La Policía Federal, dijo, empezará a llegar de manera numerosa a Oaxaca. Así como arribó la semana pasada a Michoacán, esta semana se verán los contingentes federales para poder garantizar la evaluación (…) estaríamos hablando de ocho mil a 10 mil policías federales adicionales de los que ya existen”, agregó el funcionario federal.

Horas más tarde, el gobernador Gabino Cué confirmó que unos 7 mil policías, entre federales y estatales, resguardarán la evaluación docente que se realizará este sábado y domingo, 28 y 29 de noviembre, en Ciudad Administrativa. Descartó que vayan a trasladar a los docentes en helicópteros como ocurrió en Michoacán porque en Oaxaca se aplicará otra logística. Dijo que la presencia policial será disuasoria, en un primer instante, pero ante la amenaza de boicot o de ‘lastimar’ el derecho de los docentes por parte de la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, la obligación de la autoridad es garantizar la integridad de quienes acudan a este proceso.

Y es que desde hace varias semanas, la Comisión Política de la Sección 22 lanzó la advertencia de que intentaría un boicot a la evaluación diagnostico de la SEP, que inicialmente se realizaría los días 14 y 15 de noviembre, pero que fue pospuesta para este fin de semana. Según la 22 “los maestros de Oaxaca tienen la indicación de no acudir al examen (…) Cuando todos los compañeros tengan un documento donde les indiquen el tipo de examen, la hora, la sede y el propósito, entonces se podrá hablar que es un proceso legal”, señalaban.

Hasta ayer, la Sección 22 no había retirado su amenaza de boicotear la evaluación, y en ese contexto se decidió resguardar, desde el lunes, las instalaciones de Ciudad Administrativa donde formalmente se llevará a cabo la evaluación; y ayer martes se hizo el anuncio formal del refuerzo de elementos federales para garantizar la seguridad de la evaluación. A simple vista no parece fácil poder prever la existencia de disturbios o violencia. Pero sí se infiere que si la Policía Federal está movilizando masivamente a sus efectivos, es porque ven latente la posibilidad de que esto ocurra.

¿Qué resguardarán? Físicamente, buscarán salvaguardar a las personas que acudan a realizar su evaluación. Pero políticamente —y esa es la parte sensible— lo que resguardarán es la supervivencia y la capacidad del Estado de aplicar la evaluación ejerciendo para ello su autoridad tanto frente a quienes evaluarán, como a quienes tratarán de impedirlo.  Por esa sencilla razón, lo que ocurra el fin de semana en las instalaciones de Ciudad Administrativa será definitorio para el futuro inmediato de toda la reforma educativa en el país —y quizá hasta sea un abono a la endeble legitimidad del presidente Enrique Peña Nieto—, frente a la CNTE que buscará por todos los medios la forma de impedir la consumación de esta significativa evaluación.

¿Y DESPUÉS?

Es lo que también vale la pena preguntarse. Porque si algo queda claro es que no habrá posibilidad, ni una sola, de que cada evaluación que se realice en las entidades federativas “problemáticas” como Oaxaca o Michoacán, sea resguardada por miles de elementos policiacos, o amenazadas por profesores iracundos que se oponen a la implementación de la reforma educativa.

Evidentemente, tanto el Estado, como los profesores de la CNTE, deberán buscar sus respectivos cauces de entendimiento y lucha, para darle viabilidad de mediano plazo a sus derroteros, y para no anclarse a un escenario que en sí mismo no tiene futuro.

¿De qué hablamos? De que los profesores de la Coordinadora deben asumir, con seriedad, que su lucha tiene mucho más de fondo que el solo rechazo a la evaluación. Deben ver, por ejemplo, qué futuro tienen como organización, cómo podrán mantener la base social que tuvieron hasta hace poco tiempo gracias al terror disciplinario que aplicaban sobre sus agremiados; deben reconocer que mientras más tiempo pierdan en estas luchas parciales, más espacio pierden en los espacios educativos de decisión, en los que hasta hace poco tiempo eran nada menos que los amos y señores.

Y por su parte, el Estado debe asumir que no puede vivir cuidando con policías los procesos de evaluación de la educación. De hecho, los términos “educación” y “policías” resultan ser excluyentes, y por esa razón debe buscar cuanto antes la forma de dejar que las evaluaciones docentes tengan como contexto el resguardo policiaco y militar.

Si coyunturalmente es necesario utilizar a la fuerza pública, en el corto plazo debe establecer los canales de diálogo necesarios para que ese resguardo militarizado deje de ser necesario, y debe entablar el diálogo suficiente con sus adversarios para que sus respectivas luchas continúen por otras vías. De no hacerlo, entonces se constataría no sólo la sordera del aparato federal, sino también su incapacidad de generar más escenarios que los de la aplicación de la fuerza.

Por todo eso, lo que pase el fin de semana en Oaxaca será definitorio, pero sólo para que la reforma educativa siga viva. Después vendrá el momento de demostrar —o de desmentir— que dicha reforma es viable en el mediano y largo plazo.

DORMIDOS

En la prensa de la capital del país apenas se dieron cuenta que Flavio Sosa dejó el PRD para irse a Morena. Ello quedó más que claro, al anunciarse el nombre de la nueva dirigente de ese partido en Oaxaca, Nancy Ortiz Cabrera. Más bien la duda es si con ese enroque subsiste la candidatura —que según ya estaba “segura”— de Salomón Jara a la gubernatura por Morena en 2016.

Comisión de la Verdad: que sus finalidades sean más que electorales

Comision de la verdad

+ Deben citar a los involucrados, pero sin anclas al calendario político


El fin de semana el presidente de la Comisión de la Verdad (CV), Alejandro Solalinde Guerra aseguró que dicho organismo citará al ex gobernador Ulises Ruiz a que rinda su testimonio sobre los hechos ocurridos en Oaxaca durante los años 2006 y 2007. Informó además que giró citatorios a otros ex funcionarios del periodo. Si consideramos el momento político del anuncio, y la fecha establecida para la entrega de las conclusiones de la memoria histórica que se supone que la CV está realizando, no hay más que concluir que los trabajos de dicha Comisión están perfectamente calculados en base al calendario político de la entidad.

En efecto, según una nota de Proceso, Solalinde Guerra destacó que los integrantes de la Comisión de la Verdad tomaron la decisión de llamar a declarar a Ruiz. “No importa que saque una biblioteca de libros, de todos modos lo vamos a llamar, porque es el principal presunto perpetrador (de la represión en Oaxaca), no cabe duda, pero además vamos a llamar a otras personas que están siendo señaladas”, resaltó. Este anuncio, ocurre en un contexto político inundado por la efervescencia electoral, en la que Ulises Ruiz insiste en ser uno de sus principales protagonistas.

Esta es una tragedia doble para Oaxaca: por un lado, la Comisión de la Verdad tiene una misión encomiable que, sin embargo, no está cumpliendo; por el otro, priva una especie de socarronería por parte de los ex funcionarios involucrados en la crisis social de 2006 y 2007, debido a que los resultados de la investigación no tienen ningún efecto vinculatorio, además de que saben que la propia CV está haciendo una investigación parcial, más cercana a la consigna política que a la rememoración de fondo del periodo, por lo que saben que también dicha investigación carga con cierto nivel de descrédito. Y finalmente porque saben que si la facultad de investigación de la Suprema Corte sobre violaciones graves a derechos fundamentales, y las investigaciones ministeriales, no fueron capaces de llevarlos ante los tribunales, esta investigación tampoco.

¿Por qué es trágico lo que está haciendo la CV? Básicamente, porque lo que hace es cumplir una consigna política de perseguir al régimen anterior a través de señalamientos y acusaciones, pero sin cumplir con el papel de fondo que debiera tener una Comisión de la Verdad. Si consideramos que organizaciones como Amnistía Internacional señalan que todas las víctimas de genocidio, de crímenes de lesa humanidad, de crímenes de guerra, de tortura, de ejecución extrajudicial y de desaparición forzada, tienen derecho a la verdad, entonces lo que la CV tendría que estar haciendo es cumplir con la búsqueda de la verdad y no cumplir con una consigna política.

Amnistía Internacional, dice además, que obtener la verdad sobre los crímenes es vital, primero, para que las víctimas directas conozcan toda la verdad sobre los crímenes de que han sido objeto, así como las razones que los motivaron, y para que se reconozca públicamente su sufrimiento. Además, dice, la verdad es necesaria para desmentir toda acusación falsa que haya podido formularse contra ellas durante la comisión del delito.

¿Verdaderamente está haciendo eso la Comisión de la Verdad en Oaxaca? No lo sabemos, porque la Comisión nunca estableció una ruta específica para su investigación; no ha demostrado estarla haciendo con base en criterios reconocidos para una investigación de esta magnitud, y porque más bien se la ha pasado señalando, acusando a priori a los responsables, y utilizando momentos y formas que lo que demuestran es un linchamiento político y no la intención de resarcir —al menos con la verdad— a todas las víctimas de aquellos episodios, fueren integrantes del movimiento popular o simples civiles que resultaron afectados por aquella crisis social.

ULISISMO, IMPUNE

Desde el momento en que se creó la Comisión de la Verdad, varias dependencias estatales, como la Procuraduría de Justicia, o los tribunales dependientes del Poder Judicial del Estado, debieron fijar una posición sobre la aceptación implícita de las deficiencias estructurales que les impidieron tener la estatura para conocer de los hechos relacionados con el conflicto magisterial, y llegar a conclusiones no sólo, declarativas sino incluso vinculatorias, para quienes resultaren responsables de violaciones graves a los derechos humanos y, por ende, de la comisión de delitos. Crear una Comisión de la Verdad trae aparejado el reconocimiento de la incapacidad de las instancias ordinarias de ofrecer certidumbre sobre qué ocurrió en un periodo específico. Este fue el caso.

Además, si el objetivo de la CV es conocer la verdad sobre las posibles violaciones a derechos humanos durante el conflicto de 2006, las organizaciones que impulsaron la creación de dicha Comisión —e incluso los mismos integrantes de la misma— debieran dejar constancia específica de su disposición a que, de verdad, se conozca toda la verdad. Es decir, a que esa Comisión se encargue de indagar todos los hechos que posiblemente atentaron contra la dignidad y derechos de las personas, y que no fuere sólo un tribunal creado ex profeso para enjuiciar al gobierno, porque eso sería conocer —en el mejor de los casos— una parte de la verdad, pero no toda.

Todo esto ha sido trágico, porque la CV parece más bien un montaje encaminado a enjuiciar mediáticamente a Ulises Ruiz —cosa que a él no le interesa, ni le afecta en lo más mínimo—, pero que en el fondo lo que hace es convalidar su impunidad frente a todos los hechos de los que se le acusa responsabilidad.

Aunque han pasado casi 10 años, las heridas del conflicto magisterial siguen abiertas, y sus agravios continúan vigentes. Y hacer todo esto sólo para empatar las conclusiones de la investigación con los tiempos electorales, sólo refleja que están desdeñando la verdadera justicia frente simples cálculos políticos. La responsabilidad de Ulises Ruiz debiera ser investigada a fondo y no ser utilizada como un mecanismo más del año electoral.

FIN ELECTORAL

“Seguramente —apuntamos aquí hace 12 meses (Al Margen 26.11.2014)— las conclusiones de la Comisión serán dadas a conocer en marzo de 2016… en un momento ideal para que esto sirva como un eficaz proyectil del gobierno y la coalición contra sus adversarios, en plenos tiempos electorales”. ¿Alguien sigue dudando que todo esto se va a cumplir a pie juntillas? Ver para creer.

La Sección 22, derrotada por no ofrecer alternativa a sus agremiados

Evaluación

+ Incita a no acudir a la evaluación, pero sin ofrecerles una ruta alterna


Es inminente la consolidación de la evaluación a los profesores oaxaqueños, y en ese contexto queda claro que la Sección 22 está pagando el costo de su irreflexividad, y de su incapacidad de generar un escenario de consenso no únicamente entre quienes están convencidos de su lucha, sino también entre quienes aceptando los postulados políticos del sindicato magisterial, también desean prepararse para tener mejores condiciones de trabajo. Carente de esa visión, la Sección 22 se está condenando sola.

En efecto, este fin de semana se llevó a cabo la jornada de orientación e información a los profesores oaxaqueños que en fechas próximas participarán en el primer proceso de evaluación implementado en Oaxaca. El sindicato magisterial había amagado abiertamente con emprender acciones de sabotaje tanto a las jornadas informativas, como a la realización de la evaluación docente.

Los gobiernos estatal y federal respondieron señalando que la aplicación de los exámenes a los docentes se realizará en las instalaciones de Ciudad Administrativa, y que utilizarán a la fuerza pública si es necesario, para garantizar que dicha jornada se realice. La respuesta de la 22, fue ya no hacia el gobierno, sino hacia sus propios agremiados, exigiéndoles que no se presentaran a las evaluaciones.

La escasa respuesta a ese llamado —porque la jornada de información ocurrió sin incidentes, y se prevé que un número importante de profesores acuda a la aplicación de los exámenes, para lo cual la SEP y el IEEPO están ofreciendo diversas facilidades— tiene su explicación no únicamente en el “miedo” de los evaluados a perder su empleo si no acuden a presentar su examen, sino en otras circunstancias que terminan siendo propias del sindicato magisterial. Vale la pena repasar algunas de ellas.

Primero, la Sección 22 no le ha ofrecido a sus agremiados una ruta alterna, viable, a la evaluación docente. Hasta ahora, el sindicato magisterial no ha logrado ubicar una ruta jurídica a través de la cual puedan evadir las responsabilidades de evaluación que les impuso la Ley General del Servicio Profesional Docente, y que esto no les genere la situación de vulnerabilidad para perder su empleo. Hasta ahora, han fracasado los amparos que han intentado y la CNTE no ha podido recobrar el diálogo con el gobierno federal como para poder explorar la posibilidad de prologar el periodo para el inicio de las evaluaciones. Es decir, que por radicales hoy no pueden ofrecer alternativas a los profesores para que rechacen la evaluación sin riesgos.

Segundo, en los últimos años el radicalismo de la Sección 22 los llevó a distanciarse de sus cuadros preparados. Es un error pensar, por ejemplo, que todos los que esencialmente coinciden con los planteamientos políticos de la CNTE, se resisten a la evaluación. Por naturaleza, el magisterio es un gremio plagado de pluralidad y diferencias.

Esto hace que así como existen trabajadores de la educación comprometidos con la lucha magisterial y dedicados de lleno a ella, también existan profesores que estando comprometidos con las causas de la CNTE también estén preocupados permanentemente por prepararse, por incrementar su nivel de formación, y por tener un mejor desempeño en su labor docente. Para muchos, esa búsqueda constante de preparación tiene como objetivo incrementar su salario y prestaciones. Y en ese contexto, no temen un proceso de evaluación, independientemente de su origen o de si esto pone o no en duda sus coincidencias ideológicas o políticas con su sindicato.

¿Qué ha hecho la 22? Todo, no para estimularlos, sino para alejarlos. En los últimos años, la tendencia marcada por el sindicato magisterial fue la de excluir a todos aquellos que no coincidieran a pie juntillas con sus parámetros de radicalidad y compromiso con la lucha política.

Por eso hubo —como una verdadera tendencia— una marginación de quienes provenían del normalismo académico, o de quienes ascendieron salarialmente y en jerarquía a través de su desempeño. Los “favoritos” eran los que estaban inopinadamente en la lucha sindical, los que anticipadamente se oponían a los nuevos estándares o a cualquier cambio, y a los que demostraran más radicalidad. Y salvo excepciones, preparación y radicalidad eran condiciones excluyentes en las filas sindicales.

¿QUÉ SIGUE?

Los llamados de la Sección 22 a movilizaciones siguen teniendo eco, pero cada vez más escaso. Muchos de los que participaban lo hacían por mantener la salud de su hoja de participación sindical, que era indispensable de presentar para realizar casi cualquier tipo de trámite ante la autoridad educativa. Toda esa parte quedó sin efectos, y ahora sólo ocurre la participación por coincidencias políticas o por adoctrinamiento. Hasta ahora, la 22 no ha conseguido una sola forma de mantener la atracción de los agremiados hacia su lucha, y por eso el llamado a la no evaluación se nota deslucido y con escasa convocatoria.

Es evidente que no han terminado de entender que su movilización masiva estaba basada en la disciplina coaccionada, pero que esto se acabó. No puede haber esa misma disciplina cuando ya no existen las condiciones por las que antes se profesaba ese temor a no acudir a las movilizaciones y llamados del sindicato magisterial. Además, es menos probable que esa disciplina y esa convocatoria continúen como la Sección 22 quisiera para continuar oponiéndose, cuando lo único que le ofrecen a los agremiados es un salto al vacío, cuando lo convocan a no hacer caso al llamado a la evaluación.

Finalmente el sindicato magisterial debe asumir su nueva realidad y buscar formas adecuadas de defender sus intereses, pero sin tomar a sus agremiados como kamikazes. Hay muchos más factores en juego que la sola lealtad a una lucha que hoy no sólo no les ofrece alternativas, sino que se ha evidenciado como una lucha con formas torpes y poco eficaces de defensa, ante la embestida que largamente les anunció el Estado, y que hoy les está aplicando tal y como hace tres años anunció que lo haría.

“APOYOS”

A nadie debería sorprenderle que hoy la 22 denuncie los “apoyos” que ofrece el Estado para los profesores que realizarán su evaluación. Esto consiste, dicen, en una suma de dinero para transporte y alimentación. Algo que la 22 nunca dio a nadie que participara incluso en sus movilizaciones. Por eso eran tan famosas las “cuotas” que se daban por escuela, o por sector, para apoyar “la lucha”. Menudo contraste.