Nadie respondió por los quebrantos. La sociedad absorbió, con sus propios medios y vicisitudes, los daños que causaron sin reparo alguno los protagonistas principales del conflicto magisterial, y particularmente de la jornada violenta del 25 de noviembre de 2006. Es decir, que todos dejaron en el olvido a una sociedad lastimada y agraviada por un conflicto que no legó a Oaxaca beneficios democráticos y que, aún con eso, también estuvo lejos de convertirse en la Primera Revolución del Siglo XXI, como tanto se habían ufanado.