Molestia, característica de aspirantes priistas

+ Hablar de ruptura: ¿por qué ahora sí ocurre?

 

En los últimos días, dos de los aspirantes a la gubernatura por el Partido Revolucionario Institucional, han hecho posicionamientos sobre el proceso que, hasta ahora fácticamente, se sigue dentro del tricolor para designar a su abanderado. En ese sentido, es importante descifrar y comprender los mensajes y las advertencias que, cada uno en su tono, han lanzado en los últimos días tanto el senador Adolfo Toledo Infanzón, como el presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, José Antonio Hernández Fraguas.

Ambos personajes han concedido sendas entrevistas a publicaciones de la capital de la República que, sin embargo, no se caracterizan por ser las de mayor circulación ni influencia en la política local o de la Ciudad de México. Eso, por tanto, coloca sus declaraciones en el marco justo no de la información, sino del “recadeo” que ocurre entre las principales fuerzas priistas desde hace algunas semanas.

En sus declaraciones, publicadas ayer en El Sol de México, el edil Hernández Fraguas establece su posición en esta carrera por la gubernatura. Asegura que el senador Gabino Cué no logrará conjuntar todos los elementos a su favor para lograr la Coalición opositora y convertirse en su abanderado; y enumera lo que, según él, son las principales virtudes y desaciertos de los otros aspirantes a la gubernatura por el priismo.

Sin embargo, eso no parece ser lo verdaderamente importante de su mensaje. La advertencia del edil Hernández sobre la tolerancia y disciplina priista en este proceso interno, es sustantiva. A saber: “(En la oposición) le están apostando al rompimiento del PRI, y si no hay condiciones de equidad, sí se puede dar una fractura y entonces pudiera darse una alianza con alguno de los aspirantes (priístas) que pudiera sentirse muy lastimado (porque) no tiene la oposición suficientes balas propias.”

La claridad del Munícipe citadino debería ser alarmante para quienes le apuestan a la “institucionalidad” a toda prueba de los priistas que participan en este proceso interno. Es la primera vez en todo el trecho que llevan recorrido, que uno de ellos habla abiertamente de una ruptura, si se continúa sin privilegiar la exigencia común de que la competencia interna se conduzca con equidad para todos los que participan.

Hoy en día, es bien sabido que el más irreverente de todos los aspirantes a la gubernatura por el tricolor, es el edil Hernández Fraguas. Y aunque al principio se notaba más bien como una actitud de cierta soberbia o intolerancia, parece ir quedando claro que, ante las circunstancias, es una actitud no sólo comprensible sino que, quizá, hasta relativamente “adecuada” para el avasallamiento del que unos están tratando de hacer objeto a los otros, dentro de las filas del priismo.

Así, si hoy uno de los participantes ya habla sin disimulos de las posibilidades de rompimiento, todos los demás —y quienes tienen en sus manos la decisión— deben entender que las disparidades del proceso interno (justificadas en los intentos por “hacer crecer” y posicionar electoralmente a todos los aspirantes, para fortalecer con esto a su partido) están generando más enconos que sustento real para el priismo. Los rasgos de enojo y molestia comienzan a ser perceptibles a simple vista. Y el enfado y las contrariedades nunca son buenos consejeros.

LLAMADO A DISCIPLINA

Hace seis días, el periódico El Financiero, también de la Ciudad de México, dio cuenta de las consideraciones del senador Adolfo Toledo Infanzón respecto al proceso sucesorio de Oaxaca, en el que él participa. No obstante el haber externado un posicionamiento mucho más mesurado, el Legislador federal no distó mucho en sus declaraciones a las del Edil de la Verde Antequera. Veamos por qué.

En las declaraciones hechas al diario mencionado, aseguró que sólo unido el PRI podrá lograr el triunfo tanto en la gubernatura, como la mayoría en el Congreso del Estado y las Presidencias Municipales. Para eso, el senador Toledo estableció que para lograr ese objetivo “sólo depende de que los órganos de dirección de ese instituto político y de que quienes, en su calidad de priistas y que al mismo tiempo tienen cargos en la administración pública estatal, se comporten con actitudes prudentes y sin ‘falsas cargadas’” (…) “Puntualiza que en el proceso de selección del abanderado del tricolor tampoco deben crearse ‘espejismos’ o expectativas para tratar de apoyar a algún precandidato, ya que —advierte— ‘mantener la prudencia y la paciencia permitirá al partido conservar este bastión histórico’”.

El senador Toledo no habla de rupturas, pero sí las previene. ¿Por qué hablar, por un lado, de los espejismos y las falsas cargadas; y por el otro exigir que quienes tienen cargos públicos se abstengan de participar del proceso? Obvio, porque los señuelos lanzados desde uno de los frentes de la competencia interna, provocó justamente que personas ligadas al servicio público se ligaran a precampañas proselitistas, que se generaran los primeros intentos de apoyar “en cascada” a uno de los aspirantes, y generar la perspectiva de que, con ello, había ya una determinación oficial sobre quién sería el Candidato a Gobernador por el PRI.

Así, parece evidente que las señales no son de sosiego ni de prudencia. Lo que más bien se deja ver, es que el forcejeo entre los posibles abanderados está subiendo rápidamente de nivel, y que si el Jefe Político de los priistas en el Estado (es decir, el Gobernador) no encuentra pronto una vía de despresurización y homogeneización de este proceso, pronto las cosas podrían salirse de control.

Finalmente la responsabilidad de todo esto no se encuentra únicamente en el aspirante que está siendo el mayor beneficiario de los intentos de cargada, el apoyo económico y de logística, sino en quienes en el intento por fortalecerlo y posicionarlo a un nivel más o menos similar al de quienes tienen las mejores expectativas (justamente Hernández Fraguas y Toledo Infanzón), quebrantaron las reglas que ellos mismos habían fijado. Ahora, los riesgos de rupturas parecen estarse aparejando a los intentos de cargada. Si las reglas no se replantean y ahora sí se respetan, cualquier cosa podrá suceder.

COLUMNA EN LÍNEA

Desde hace un par de meses, esta columna cuenta con un espacio en el que usted, apreciable lector, puede opinar, disentir y debatir libremente. Nuestro blog se encuentra en la dirección https://almargenoaxaca.wordpress.com; la tecnología nos ofrece múltiples opciones. Lo invitamos a visitarlo. Es gratuito y libre de todo lucro económico.

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Guerra de guerrillas: ¿Ahora por crimen organizado?

+ México: 2009 fue el más violento… y lo que nos falta

 

Durante toda la última semana del agonizante 2009, hubo una doble tendencia en el tipo de información que manejaron los medios de comunicación en el país, respecto a la guerra contra el crimen: por un lado, establecieron que por las acciones policiacas y militares contra la criminalidad, el año que terminaba era el más violento de la década; y vaticinaron, según reportes extranjeros, que en 2010 podría acentuarse un cambio de estrategia en las acciones de defensa y ataque por parte del crimen organizado. Se vaticina una ola de terrorismo y de guerra de guerrillas. ¿Por qué?

En el primero de los aspectos, las propias cifras oficiales dejan ver el tamaño de la violencia que se ejerce alrededor de la criminalidad. Según el periódico El Universal, de la Ciudad de México, en 2009 se contabilizaron 7 mil 724 muertes relacionadas con enfrentamientos entre criminales y fuerzas federales, y en disputas entre los propios grupos delincuenciales antagónicos. En el recuento, el diario citadino apuntaba que “en 2005 se contabilizaron mil 573 muertos; en 2006 sumaron 2 mil 221; al siguiente año fueron 2 mil 673 homicidios, y 2008 cerró con 5 mil 630”. Esto es, que la violencia criminal se ha ejercido a ritmos sostenidos de crecimiento en los últimos años.

Toda esa violencia tiene una explicación: en cuatro años, ni la autoridad ha podido imponerse sobre los grupos criminales que existen en el país; pero que, tampoco, en sus pugnas internas, ninguna de las organizaciones delincuenciales ha podido imponerse sobre las demás; por eso, esta guerra genera enfrentamientos y ajustes de cuentas que sólo en 2009 generaron más de 21 muertes violentas por día, en alguna de las distintas regiones y entidades de la República mexicana.

En todo esto, es imposible subestimar el poder de fuego y la capacidad económica que, hoy día, continúan teniendo todos los grupos criminales del país. Durante los últimos años, el gobierno federal —a través de la Policía Federal, y las fuerzas castrenses y navales— han enfrentado a la criminalidad sólo en el ámbito de la acción policiaca y las disputas territoriales. El grado de violencia que se ha ejercido entre todos los involucrados, deja ver feroces intentos —mutuos— de desmoralización.

En todo esto, las cifras oficiales dejan ver que de 2005 a la fecha, en la sumatoria de ejecutados el crimen organizado ha tenido alrededor de 20 mil bajas, y que éste se sigue reabasteciendo de elementos humanos y capacidad de fuego, gracias al enorme potencial económico que continúa ostentando. Sin embargo, todos saben que sostener indefinidamente una guerra de esa naturaleza, tendría altos costos. Por eso hoy se habla de la búsqueda de “variaciones” en los frentes de guerra de los grupos criminales.

Esas variaciones, evidentemente, tienen que ver con la “sustitución” del enfrentamiento directo, por la emboscada, el terrorismo y la manipulación social para incrementar la reprobación ciudadanas a toda acción anticrimen emprendida por el Estado. Ahí es, justamente, donde se inscriben las “nuevas estrategias” que en los últimos han venido reportando los medios informativos del país.

 

CAMBIO DE ESTRATEGIA

En una definición sencilla, citada en Wikipedia, la guerra de guerrillas “es una táctica militar de conflictos armados, que consiste en hostigar al enemigo en su propio terreno con destacamentos irregulares y mediante ataques rápidos y sorpresivos, voladuras de instalaciones, puentes y caminos o secuestros de armas y provisiones”. Es justamente lo que en otros tiempos utilizaron los grupos políticos que optaron por la vía armada, para tratar de conseguir los cambios democráticos que exigían. En buena medida fue de esas estrategias que éstos fueron motejados como “guerrilla” o “guerrilleros”.

Sin embargo, es evidente que si el objetivo es hostigar y menguar a las fuerzas del Estado, una estrategia de esa naturaleza bien podría ser utilizada por otros grupos que, teniendo propósitos distintos al de las organizaciones clandestinas de finalidades políticas, adoptaran formas de lucha armada relacionadas con la guerra de guerrillas. Esa, por tanto, podría ser la nueva estrategia de los grupos criminales. Y la más clara muestra de todo ello, son las emboscadas y ataques sorpresivos con armas de alto poder, en los que recientemente han causado docenas de bajas a las fuerzas federales.

Junto a ello, los grupos criminales bien podrían estar optando por las estrategias relacionadas con formas de terrorismo. Eso era previsible desde antes de los eventos trágicos ocurridos en Morelia, Michoacán, la noche del 15 de septiembre de 2008, en los que emisarios de la criminalidad lanzaron tres granadas de fragmentación en contra de la población que se había congregado en la Plaza Melchor Ocampo para escuchar el tradicional Grito de Independencia. El saldo final de ese ataque, fue de 8 civiles muertos y más de 140 heridos.

Esos ataques fueron perpetrados para atemorizar a la población y para intimidar al gobierno. Fue una reacción “natural” del crimen organizado, ante el incremento de la violencia y el acoso gubernamental en su contra; pero además, todo eso constituye intentos claros por parte de la criminalidad, de hacer ver a la población que el Estado ha fallado en su tarea de protegerlos y erradicar la violencia, así como de combatir eficazmente a los criminales. Es decir, que todo esto es un intento clarísimo de desmoralización, para que la sociedad deje de respaldar la lucha anticrimen y, al contrario, asuma una posición de rechazo y condena por sus fracasos e ineficacia.

Todo esto es lo que podríamos ver en este año. El peligro inminente de todo esto, es que esas nuevas formas de violencia implicarían, ahora sí, de modo importante, a la población civil. Siendo realistas, este podría ser el riesgo más alto para este 2010, incluso por encima de cualquier levantamiento armado relacionado con sublevaciones o revoluciones.

 

EN FAMILIA

Cuando a finales del mes pasado fue anunciada la designación de Ricardo Ruiz Zaragoza como nuevo Consejero Jurídico del gobierno estatal, se establecieron como sus principales datos curriculares que éste es abogado por la UNAM, y que ha desempeñado varios cargos en la PGR y el Instituto de la Defensoría Pública Federal. Pero más allá de su experiencia profesional, éste es yerno del abogado Jorge Franco Jiménez. ¿Para su designación fue determinante la trayectoria o el parentesco? Es pregunta.

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Otro año de problemas: la crisis es permanente

+ Ciudadanía: urge fomentar más sociedad civil

 

Cuando termina el año, llega el momento de hacer los recuentos. Al revisar los archivos y las publicaciones, podemos darnos cuenta que desde hace bastantes años, todos han sido calificados como “críticos”, “fatalistas”, “caóticos” y demás. Es decir, que no sólo 2009 fue un año fatídico —pues igual, o peores, fueron los anteriores—, sino que toda la década podría haberlo sido. Incluso, este año que termina, bien podría ser nada menos que la continuación de la llamada “generación de la crisis”. Urge, por tanto, que como ciudadanos comencemos a comprender nuestro papel en este caos recurrente y casi permanente.

2009 fue un año cargado de crisis y problemas. Desde el año previo —2008— podíamos prever que la crisis económica que entonces nos enseñaba su feo rostro, era apenas el comienzo de un periodo mayor de incertidumbre, que se dejaría ver en toda su magnitud durante este año que culmina. Desde hace más de doce meses, apuntamos que los problemas financieros reales no se verían únicamente en el momento en que la economía estadounidense —e irremediablemente la mexicana— parecía estar a punto de colapsar, sino que esto tendría efectos extensivos hacia todos los meses siguientes.

Pudimos ver que eso fue lo que pasó: a finales de 2008 el gobierno federal echó a andar un plan anticrisis que, se suponía, ayudaría a paliar los efectos de la crisis internacional. En Oaxaca —como en las 32 entidades de la República— se adoptaron sendos planes del mismo tipo para que los gobiernos estatales hicieran lo propio estimulando a la economía y el empleo.

Hoy, al finalizar el año, los silenciosos resultados de esos programas, pueden verse simplemente en el fracaso y el disimulo. Ningún gobierno —ni el federal ni los estatales, incluido Oaxaca— hizo un balance de cuáles habían sido los resultados de sus programas anticrisis. Esto porque el gobierno federal falló en su labor de sostener el empleo y la economía en medio de una crisis mal manejada y mal comprendida; y porque los gobiernos estatales —como el de nuestro estado— aprovecharon la crisis para adoptar nuevos impuestos —como el del reemplacamiento vehicular— y nuevos programas de inversión sobre los que nadie supo cuál fue su destino, ejecución y resultado. Mucho de eso, al final, más bien resultó ser de acciones coyunturales y de mera simulación.

Luego, México se enfrentó a un problema de salud pública que, desde un principio, muchos se negaron a comprender. Ese problema se llamaba Influenza porcina —luego denominada Tipo A o Humana. El pánico general por la enfermedad se propaló, y rápidamente las precauciones extremas, y las medidas sanitarias, también se convirtieron en pérdidas económicas para una sociedad que durante una semana dejó de funcionar casi por completo.

Se supone, en la explicación oficial, que el problema de la influenza vino a degenerar todos los buenos resultados que se esperaban de los programas anticíclicos emprendidos por el gobierno federal. Lo cierto, de todo esto, es que de todos modos nuestra economía se encontraba en un estado de debilidad importante, y que todos esos fueron factores que únicamente se sumaron a una crisis que de por sí habría sido desastrosa, como lo es, para la mayoría de los mexicanos.

 

SOCIEDAD CIVIL

Sin embargo, pareciera que de todo esto es responsable el gobierno. Se le culpa de las violaciones a los derechos humanos, del mal manejo de la economía, de la inmovilidad política, de la falta de acuerdos, de la corrupción, de la impunidad, del cambio climático y demás. Es decir, que para el buen mexicano, el gobierno tiene la culpa de todo, y la sociedad es la víctima eterna que resiente todos los efectos de su mal gobierno, pero nunca puede ni debe hacer algo para contribuir en la búsqueda de remedios a los grandes males del país.

Se acusa al partidismo, al yunque, a la derecha, a la izquierda, al PRI, al PAN, a Andrés Manuel López Obrador; a Estados Unidos, la Influenza, y así, seguido de un largísimo “etcétera”. En realidad, todos somos responsables. Y es así porque México es un país que tiene muy poca sociedad civil. Sí. Tiene muy poca de esa población organizada, a la que muchos tachan incluso de ser algo inexistente o un mal chiste que no contribuye en nada a mejorar al país.

Tendría que haber más personas, grupos, asociaciones u organizaciones, con o sin nombre, que —como lo hemos señalado en diversas ocasiones— pudieran tener la capacidad de organizarse y actuar razonadamente frente a los problemas del Estado. Si los entes de gobierno no tienen la posibilidad de interactuar verdaderamente con la sociedad, y ésta no tiene la capacidad de hacerle ver a los gobernantes todos o algunos de los errores que cometen, entonces es evidente que no hay posibilidades de entender globalmente los problemas nacionales, y hacer planteamientos serios para resolverlos.

Debe haber una conciencia clara de cuáles son los problemas nacionales, y la claridad meridana para dilucidar cuáles deben ser las soluciones y los planteamientos de fondo. Mientras la sociedad y el gobierno se asuman como dos entes, o bloques, que en nada pueden interactuar ni correlacionarse, todos seguiremos dando vueltas alrededor de los mismos problemas, planteando las mismas soluciones bipolares e inoperantes que hasta el momento, y viendo con desánimo que los problemas no se resuelven. Debemos terminar, entre todos, con este círculo vicioso que nos llevará a nada bueno.

Sin duda, esa es nuestra propuesta de reflexión social para el año que termina, y el nuevo que comenzará a partir de mañana. No podemos exigirnos ser un mejor país, si quienes integramos la sociedad, más allá de los partidos, los gobiernos y los grupos aparentemente “de poder”, únicamente levantamos los hombros ante los problemas y optamos por el camino fácil de las lamentaciones y la victimización. ¿Cómo hemos contribuido al mejor país que queremos? Deberíamos comenzar a hacerlo. Deberíamos comenzar a poner a prueba el sistema, para ver que desde la sociedad sí se puede hacer más de lo que normalmente se hace.

FELIZ AÑO 2010

Deseamos que a nadie gane la desesperanza, y veamos este 2010 como el inicio de un nuevo ciclo que abrirá retos y oportunidades. Agradecemos, como cada año, a nuestros queridos lectores siguieron la aventura diaria de este espacio. A todos, sin distingos, les enviamos un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos de salud, paz y trabajo para la avalancha que nos espera en el año que inicia. Nos leemos el próximo lunes. ¡Felicidades!

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Alza en combustibles: golpe que comercio aprovecha

+ Felonía de comerciantes, reetiquetar deliberadamente 

 

Hace apenas un par de días, se dio a conocer que por los recientes incrementos al precio del litro de gasolina Magna y del diesel, los servicios de transporte público de Oaxaca analizaban la posibilidad de incrementar sus tarifas de pasaje en autobús urbano, taxis y fletes para el 2010.

Casi al mismo tiempo, comenzaron a sentirse algunos efectos aparentemente proporcionales e inherentes al llamado “gasolinazo”: en los comercios y mercados comenzó la reetiquetación de productos, el incremento de precios y la improvisación de excusas para la justificación de los mismos. ¿Hasta qué punto son justificables esas acciones, y hasta dónde los comerciantes y prestadores de servicios se valen de esos incrementos para asestar golpes arteros a los bolsillos del consumidor final?

En primer término, tendríamos que analizar cómo un incremento al costo de los combustibles, únicamente impacta al consumidor, pero no a todos los intermediarios que se encuentran entre Petróleos Mexicanos y el usuario final de los combustibles. Nadie sabe, por ejemplo, qué porcentaje del costo del combustible se queda en manos de los dueños de las gasolineras; a cuánto ascienden los ingresos diarios de los concesionarios del transporte públicos; y cuánto de todo ese monto de dinero se convierte en ganancias puras que nunca se ven trastocadas por los incrementos, y que más bien son trasladadas, íntegras, al costo de los productos que pagan los consumidores.

El asunto es sencillo pero prácticamente imposible de descifrar. Nadie sabe en realidad cómo funciona, ni qué tipo de relación tiene Pemex con los franquicitarios de las estaciones de servicio donde se expenden los combustibles. Es decir, sólo ellos —y nadie más— sabe a qué costo le expende la paraestatal los combustibles a las gasolineras para que éstas las vendan a los consumidores. Se puede prever, sin embargo, que si actualmente un litro de gasolina Magna le cuesta al automovilista $7.80; un litro de diesel $8.16 y un litro de Magna Premium UBA $9.57, todos los intermediarios están teniendo ya una ganancia que nadie sabe a cuánto asciende.

Sería ilógico, y hasta ridículo, suponer que las estaciones de servicio (es decir, las gasolineras) adquirieran a Pemex el combustible al mismo precio que el que lo expenden a los consumidores finales. Sería ridículo suponer que dichas estaciones fueran simples prestadores de servicios sin fines de lucro, o que las gasolineras son un mal negocio para quien invierte en ellas. Al contrario. Ésos son siempre negocios prósperos independientemente de las crisis o el alza de precios. Sólo que nadie sabe qué existe alrededor de ellas. (Y a esto habría que agregarle todo lo relativo a los robos hormiga que realizan, manipulando las máquinas expendedoras para que vendan litros de combustibles, de menos de mil mililitros).

Algo similar ocurre con los concesionarios del transporte público. ¿Alguien se ha preguntado por qué si los dueños de las unidades siempre dicen que el suyo es un mal negocio, en el que pierden con cada incremento al costo de los combustibles, a los insumos, a las refacciones, salarios y demás, siguen habiendo tantos autobuses y automóviles de alquiler para transporte de pasajeros, circulando todos los días por las calles de la ciudad, y todo el estado?

Obvio: porque el transporte público, así tan golpeado y degradado como dicen que está, continúa siendo un gran negocio para todos los involucrados. Los dueños de las unidades piden todos los días cuentas discrecionales a los conductores; éstos tienen que cubrir diario “la cuenta” del concesionario, el costo del combustible, parte de las refacciones e insumos de la unidad, y aparte obtener ellos su ganancia.

Todo esto ocurría, exactamente igual, cuando el costo del pasaje en los autobuses de transporte urbano era de tres pesos con cincuenta centavos, que ahora que es 27 por ciento más caro —es decir, que vale $4.50— que hasta entonces.

Todo esto nos lleva a una conclusión: que los incrementos les afectan, pero que el negocio continúa siendo igualmente próspero. Al final, los lastimados somos los usuarios finales, que irremediablemente tenemos la necesidad de utilizar el transporte, o de comprar gasolina, sin más opciones que sosteniendo las ganancias y la prosperidad, sin ningún tipo de sacrificio, de todos los involucrados en la prestación de esos servicios.

 

REETIQUETACIÓN

Durante todo 2008 hubo incrementos sostenidos a los precios de los combustibles. En menos de un año, el costo de la gasolina se elevó en más de un peso con cincuenta centavos por litro; y ese elevamiento sólo se detuvo cuando el gobierno federal decretó, a principios de 2009, un congelamiento de precios para apoyar a la economía de los mexicanos. Pero, ¿se recuerda qué ocurrió cuando en septiembre de 2007 se aprobaron los primeros incrementos a la gasolina, que serían aplicables hasta el primer día del año siguiente?

Lo que ocurrió fue una sucia maniobra de miles de comerciantes, que aprovecharon el efecto mediático del primer “gasolinazo” importante a los mexicanos, para ellos elevar sus ganancias. En efecto, aunque el anuncio del incremento al precio de los combustibles se hizo en septiembre de 2007, poco se aclaró que éstos entrarían en vigor hasta el 1 de enero de 2008. Es decir, cuanto entrara en vigor el paquete económico de la federación de ese año.

Pero entonces, todo esto fue aprovechado por muchos comerciantes para incrementar sus precios desde septiembre, argumentando un alza a los combustibles que todavía no ocurría. Muchos mexicanos, convencidos por el “gasolinazo”, aceptaron sin chistar esos incrementos, que al no tener oposición se fueron multiplicando y generalizando en casi todo el comercio. Tuvo que intervenir el gobierno federal para aclarar el momento de los incrementos y frenar la voracidad de quienes ya habían aprovechado la ocasión para reetiquetar.

De todo esto habrá que estar pendientes. Es cierto que este nuevo “gasolinazo” incrementará la inflación. Pero sería bueno no dejarnos llevar por la voracidad y la manipulación que unos cuantos hacen de las situaciones para obtener mayores ganancias.

 

¿NO QUE NO?

Lo apuntado en este espacio desde el lunes, ayer sucedió. Hablamos de la primera reunión formal de los aspirantes a la gubernatura por los partidos de oposición. No faltó uno solo de los que mencionamos. Y aunque pocos nos creyeron, también estuvo presente Irma Piñeiro Arias, representando a Nueva Alianza. Pronto abundaremos.

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Matrimonios entre homosexuales: ¿Una regresión?

+ Iglesia: el deber (incompleto) de sostener su moral

 

Prácticamente a todos los niveles de la jerarquía social conservadora y diversos grupos ligados al catolicismo, se han escuchado palabras de condena a la aprobación de los llamados “matrimonios gays”, en la capital del país.

Esta que actualmente se escribe, es exactamente la misma historia que se acuñó hace dos años cuando, también en el Distrito Federal, se reformaron diversas normas legales, para permitir la práctica de los abortos dentro de las primeras 12 semanas de la gestación. Más allá del estruendo y los escandalizados, de los dogmas y los atavismos, con ello podemos corroborar nuestra pertenencia a una sociedad mucho más conservadora, bipolar e incluso de doble moral, de lo que imaginamos.

En primer término, habría que distinguir cuáles son las implicaciones estrictamente jurídicas que trae aparejadas la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. En los códigos civiles “normales” —como el de Oaxaca—, se establece que el matrimonio es “un contrato civil celebrado entre un solo hombre y una sola mujer, que se unen para perpetuar la especie y proporcionarse ayuda mutua en la vida”. La reforma ocurrida en el Distrito Federal, eliminó del concepto lo relativo al hombre y la mujer, y lo que tiene que ver con la procreación.

Eso fue lo que desató la aversión de la Iglesia Católica y de diversos grupos conservadores. La eliminación del requisito del hombre y la mujer, abrió la puerta para el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo. Las razones de esa apertura, evidentemente, tienen mucho más que ver con conceptos relacionados con lo que se conoce como “seguridad jurídica”, que con lo puramente relacionado con la familia y la procreación.

¿Por qué? Porque homosexuales han existido desde que la humanidad se reconoce como tal. Del mismo modo, desde siempre ha habido parejas del mismo sexo que conviven en la misma casa y comparten los mismos bienes, deberes, derechos y espacios. Y desde siempre ha habido un problema no religioso ni moral ni ético, sino estrictamente legal, por la inseguridad jurídica en que conviven dichas personas.

La inseguridad jurídica sobreviene, por ejemplo, cuando una de las personas depende económicamente de la otra; cuando al fallecer uno de ellos, el otro se ve imposibilitado para apersonarse en un posible juicio sucesorio intestamentario; o cuando se pudieran derivar responsabilidades económicas de uno hacia el otro. Esto es exactamente lo mismo que ocurriría con una pareja de hombre y mujer; sólo que en este caso, la pareja sería de personas del mismo sexo y no como “tradicionalmente” ocurre.

Así, todo esto debemos considerarlo y verlo no como una aberración, o como algo que no debería ocurrir. Todo se basa en que esta no debería ser una discusión moral o religiosa que diera pie a la homofobia o los ataques. Independientemente de que la neguemos o aceptemos, o nos escandalicemos, la realidad es una sola. Y ésta indica que más allá de las “desviaciones morales”, las personas tienen problemas de tipo legal relacionadas con su estado civil y patrimonial, independientemente de sus preferencias sexuales.

 

DEFENSA CONSERVADORA

Seguramente, al consolidarse la reforma que permitirá los matrimonios entre personas del mismo sexo, la Iglesia Católica y sus representaciones políticas conservadoras, buscarán la manera de apersonarse en Acciones de Inconstitucionalidad, para tratar de que la Suprema Corte invalide la disposición de la ALDF.

No debería de extrañarnos que, como consecuencia del fracaso de ese recurso de defensa constitucional, dentro de no mucho tiempo las Legislaturas de los estados comenzaran a modificar sus constituciones locales, para impedir que esa disposición se reprodujera en el interior de la República, afianzando en el concepto del matrimonio, la ideal de que éste sólo puede celebrarse entre un solo hombre y una sola mujer. Reiterando: ocurriría algo muy parecido a la guerra política silenciosa, que hoy se vive entre quienes están a favor de los abortos, y quienes dicen estar “a favor de la vida”.

Lo cierto es que nada sería suficiente para terminar con dicha tendencia, como nada ha sido suficiente para “revertir” las preferencias homosexuales de millones de hombres y mujeres que en casi todas las épocas de la humanidad, han sido señalados, segregados y condenados; y que ni con “curas” médicas, psicológicas, psiquiátricas o violentas, han podido ser “reformados” y “reintegrados” a la vida “normal”. Esto nunca ha podido ocurrir, ni ocurrirá, porque la homosexualidad no es una enfermedad o una degeneración; y porque la “normalidad” de las personas, no depende exclusivamente de si a un hombre le gustan las mujeres o sus semejantes, o si una mujer se encuentra en esa misma circunstancia.

En realidad, es el conservadurismo y las resistencias de ciertos núcleos de la sociedad, los que han bloqueado y satanizado estos intentos por plantear esquemas parecidos a los tradicionales. Con una medida así, la familia ni se reforzaría ni se destruiría, porque las parejas homosexuales han existido siempre independientemente de que estén reconocidas o no por la ley; y la legalización de ese tipo de matrimonios, ni invitará al heterosexual a cambiar sus preferencias, como tampoco generará avalanchas de homosexuales haciendo filas para casarse.

Al contrario: habrá de reconocerse una situación de hecho que no tiene sustento alguno en la ley. Es hasta cierto punto comprensible la postura de la Iglesia Católica, porque es quien se ha erigido como el más grande contenedor de la moral en México. Sin embargo, la satanización y la descalificación rayan en la intolerancia y en la manipulación, que sí afectan a la convivencia pacífica entre las personas.

 

ILEGALIDAD Y NEGOCIOS

Al final, negarse a la realidad es tanto como seguirle haciendo el juego a quienes hacen negocios cobijados por la ilegalidad: en el DF, con la aprobación del aborto, se le terminó el negocio a los llamados “espanta cigüeñas”; ¿Cuántas adopciones ilegales, por ejemplo, ocurren entre quienes tienen el legítimo deseo de ser padres pero están impedidos naturalmente para la procreación? Ese millonario y abominable negocio —que ocurre a diario, se acepte o no— también se acabaría con una regulación estricta. Como podemos ver, esto nada tiene que ver con moral o religión. Es un asunto de legalidad, de seguridad y de orden, que por atavismos morales prefiere evadirse, haciendo el favor a quienes viven de las lagunas que prevalecen en algunas las leyes.

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Alianza PRD-PT-PC con el PAN, casi un hecho

+ Diferencias quedarán atrás; ganó pragmatismo

Quienes apostaban porque no podría conformarse la alianza entre los más importantes partidos de oposición en Oaxaca, se equivocaron. Contra todos los augurios, y frente a todos los cuestionamientos partidistas, ideológicos y hasta de práctica política, a partir de hoy comienza la cuenta regresiva para que, dentro de unos 15 días, se oficialice la alianza entre los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, Convergencia, PT y quizá Nueva Alianza, para ir juntos a los comicios estatales del próximo mes de julio.

En efecto, prácticamente desde que se conocieron los resultados electorales de los recientes comicios federales, se pudo prever la integración de una alianza de partidos en entidades clave como Oaxaca. Hace más de cinco meses —a principios de julio pasado—, apuntamos en este espacio que la derrota panista y de los llamados “partidos de izquierda” en el proceso electoral, con el consiguiente triunfo del Revolucionario Institucional, irremediablemente los llevaría a conformar alianzas que lo mismo sirvieran para garantizar su representación como fuerzas políticas reales, que para intentar frenar el avasallamiento priista que ya se había materializado en la Cámara baja y que se habría de repetir en la mayoría de los 11 comicios estatales de 2010.

Incluso apuntamos que, ante los resultados, el presidente Felipe Calderón sería capaz de aliarse hasta con sus otrora enemigos para enfrentar a los tricolores. Más de uno dijo, o pensó, que nuestras previsiones eran erróneas. Fue en el mes de septiembre, hace más de tres meses, cuando las dirigencias nacionales del PAN y PRD por primera vez aceptaron públicamente la posibilidad de aliarse para comicios como los de Oaxaca. De inmediato, la fracción del PRI oaxaqueño en la Cámara de Diputados federal, salió a condenar esa previsión partidista, y a descalificar la unión de fuerzas de izquierda y derecha para una causa electoral.

El efecto mediático de esa condena fue inusitadamente expansivo. La descalificación de la llamada “prensa nacional” —y ni se diga de la local— a la alianza opositora, y el eco que le dieron al posicionamiento priista, tenía dos razones igualmente poderosas: dentro de Oaxaca, por las líneas que se dictan desde el poder para descalificar a sus adversarios utilizando los efectos mediáticos.

Pero fuera de Oaxaca, porque desde el Estado de México hubo una maniobra realizada a través de ciertos sectores importantes de la prensa para desacreditar esa alianza opositora, que se haría en 2010 en nuestro estado, pero en 2011 se reeditaría para la renovación de la gubernatura mexiquense. Es decir, que en esa jugada a dos bandas, el gobernador Enrique Peña Nieto buscó “curarse en salud” apoyando al PRI de Oaxaca.

Ante la condena —a la que luego se sumó Cuauhtémoc Cárdenas, asegurando que la alianza PRD-PAN era como “el agua y el aceite”—, Acción Nacional reculó, los perredistas volvieron a sus posiciones tradicionales, y comprendieron que no era aún el tiempo para hacer pública su alianza irremediable. Incluso, ante su silencio se generó cierta percepción de que la unión de partidos no se lograría, y que los panistas buscarían ir coaligados con Nueva Alianza.

Sin embargo, tal parece que los planes no cambiaron. El silencio tanto del PAN como del PRD y las demás fuerzas, fue para evitar descalificaciones anticipadas. A pesar de que desde febrero de 2008 se giraron instrucciones presidenciales al panismo oaxaqueño para apoyar al senador Gabino Cué —de lo cual dimos también cuenta puntual en este espacio—, muchos se negaron a aceptar eso como una realidad y, al contrario, éste fue sometido, desde la oposición y el oficialismo— a duros cuestionamientos por sus innegables ambiciones de poder. El objetivo era descarrilar su pretensión por la gubernatura.

Hoy, tanto la candidatura de Cué, como la alianza opositora con el PAN incluido, son dos hechos inminentes. Las señales de todo esto, fueron claras desde siempre. Sólo decían lo contrario quienes se negaban a ver la realidad.

ALIANZA, VA

Hoy comenzará formalmente el proceso por oficializar la alianza opositora. En un hotel ubicado en el norte de la capital oaxaqueña, se reunirán los dirigentes estatales del PAN, PRD y Convergencia, Carlos Moreno Alcántara, Amador Jara y Mario Mendoza, respectivamente, para afinar detalles de lo que podría ser el primer acto conjunto de la alianza entre los partidos de izquierda y el panismo, rumbo a los comicios estatales de 2010 en Oaxaca.

¿En qué consistiría ese primer acto político? En que, tentativamente, mañana martes se presentarían por primera vez, juntos, los posibles aspirantes a la gubernatura por todas las fuerzas que integrarán la alianza. Hoy lunes, los dirigentes partidistas establecerían las reglas para ese encuentro, al que asistirían por Acción Nacional, Pablo Arnaud Carreño, Gerardo García Henestroza y Huberto Aldaz; por el PRD, Carlos Altamirano y Othón Cuevas; y por el PT y Convergencia, Gabino Cué Monteagudo. Esa sería la primera señal clara, de que todas esas fuerzas políticas están trabajando en un proyecto electoral conjunto.

Una vez ocurrido esto, las dirigencias estatales del PRD, PT y Convergencia acudirían a la Ciudad de México a oficializar su unión ante la organización Diálogo para la Reconstrucción de México —la nueva versión del antiguo Frente Amplio Progresista— que aglutina al lopezobradorismo a través de Manuel Camacho Solís. Y antes del 15 de enero, habría ya una manifestación expresa del dirigente nacional panista, César Nava Vásquez, sobre la adhesión de Acción Nacional a la coalición opositora de Oaxaca.

Sólo yendo juntos, los partidos de oposición en Oaxaca tienen posibilidades reales de disputar la gubernatura y los espacios del poder público al priismo. Habrá que ver qué reglas fijan para elegir a sus abanderados; y luego, ellos esperarán que no surja de sus filas un “porro” que quebrante las normas, exhiba las debilidades de su democracia, y pretenda imponerse a través de un albazo. Humberto López Lena Cruz, por ejemplo, podría decirles muy bien cómo se hace eso.

FELICIDADES

Había faltado oportunidad para expresar a todos nuestros apreciables lectores, los deseos de paz, salud y trabajo, que el autor de este espacio tiene hacia ustedes. Esperamos, sinceramente, que la navidad haya sido un momento de reflexión y generosidad, que sea extensivo a todo el 2010 que está por llegar. Les enviamos, a todos, un abrazo fuerte, y nuestro agradecimiento a quienes tuvieron algún detalle con motivo de este fin de año. A todos, nuestros mejores deseos.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com